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Canteli, alcalde de Oviedo, lamenta la marcha del Real Oviedo a Siero: "Va en contra de todos los ovetenses"

El alcalde siente que el club se haya ido a La Belga, asegura que la decisión «no le gustó a nadie» y deja entrever una relación con el club cada vez más fría

Canteli y Peláez

Canteli y Peláez / Irma Collín

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Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Oviedo

El alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, se pronunció ayer sobre la decisión del Oviedo de levantar su nueva ciudad deportiva en La Belga (Siero), un día después de conocerse que el club firmará el próximo 15 de mayo la escritura pública de los terrenos por un importe cercano a los dos millones de euros, tal y como adelantó ayer LA NUEVA ESPAÑA. El primer edil ovetense no ha ocultado su malestar por la pérdida del complejo deportivo para la capital del Principado.

«Que el club haya decidido abandonar Oviedo es una decisión que fue tomada en contra del alcalde y de todos los ovetenses. A mí no me gustó esa decisión y creo que no le gustó a nadie. Es una empresa privada, no es pública, tiene libertad de hacer lo que quiera, pero los de Oviedo hacemos otra lectura», aseguró Canteli, dejando clara su disconformidad con un proyecto que, en su origen, debía haberse desarrollado en el propio concejo de Oviedo, tal y como quería el propio Grupo Pachuca.

Las palabras del alcalde llegan en un momento clave del proceso. La firma de la escritura el próximo viernes supondrá el último gran trámite antes del inicio efectivo de las obras en Siero, después de meses de avances administrativos. La Comisión de Urbanismo y Ordenación Territorial de Asturias (CUOTA) dio luz verde en febrero al plan especial de la primera fase del complejo y el Ayuntamiento de Siero ha ido concediendo las licencias necesarias, incluida esta misma semana la de instalación de la línea subterránea de alta tensión.

Para entender la lectura del alcalde, conviene recordar el camino recorrido. Cuando el Grupo Pachuca aterrizó en el Real Oviedo, una de sus prioridades fue levantar una ciudad deportiva moderna que acogiera tanto al primer equipo como a la cantera. La primera opción fue Latores, en el municipio de Oviedo. El proyecto se presentó públicamente con el respaldo del Ayuntamiento, e incluso Jesús Martínez, presidente del Grupo Pachuca, viajó a la capital asturiana para escenificar el compromiso. Llegaron a poner la primera piedra. Sin embargo, los plazos urbanísticos previstos para su desarrollo se revelaron demasiado largos para los intereses del club, que buscaba una solución a corto-medio plazo. Latores quedó descartada.

Tras aquel primer revés, la dirección azul viró hacia La Manjoya, también dentro del concejo de Oviedo. El club llegó a perfilar un proyecto sobre unos 70.000 metros cuadrados, con un diseño más modesto y plazos razonables. Pero las catas previas al desarrollo del suelo detectaron un problema grave: el terreno estaba contaminado por cenizas de pirita, un residuo tóxico procedente de la antigua Fábrica de Explosivos. El hallazgo provocó la paralización inmediata del plan.

Aun así, el club intentó recomponer relaciones con el Ayuntamiento de Oviedo. Lo hizo solicitando formalmente dos nuevas ubicaciones: La Pixarra, mediante compra, y El Asturcón, mediante concesión demanial por 50 años. Ambas propuestas fueron analizadas técnicamente por el Consistorio, pero el veredicto fue claro: ambas eran inviables desde el punto de vista jurídico y urbanístico. Fue, en la práctica, el cierre definitivo de la vía ovetense.

Fue entonces cuando apareció Cepi. En paralelo a las últimas maniobras con el Ayuntamiento de Oviedo, el club llevaba semanas trabajando en silencio en otra alternativa: La Belga, una finca de 370.000 metros cuadrados situada en el concejo de Siero, entre La Fresneda y Soto de Llanera. El alcalde sierense, Ángel García «Cepi», que ya había mostrado interés años atrás durante la etapa del Grupo Carso, fue clave en la operación.

La propuesta convenció rápidamente al club por tres razones de peso: la superficie (los 300.000 metros cuadrados que adquirirá ahora el Oviedo casi cuadriplican los previstos en La Manjoya), el precio (por debajo de 2 millones de euros, menos de la mitad de lo que se iba a pagar en Oviedo) y las condiciones del terreno (llano, limpio, accesible y sin problemas medioambientales). La operación se cerró tras una serie de reuniones discretas en Madrid, una cumbre decisiva en el antepalco del Tartiere y la firma final en el Ayuntamiento de Siero.

Canteli, en su intervención de este viernes, ha querido dejar claro que respeta la decisión empresarial del club, al tratarse de una entidad privada con libertad para elegir dónde realizar sus inversiones. Pero también ha querido subrayar que, desde Oviedo, esa decisión no gusta. La capital del Principado, después de varios intentos fallidos, ha visto cómo uno de los grandes proyectos vinculados al club cruza la frontera del municipio y se asienta en el concejo vecino.

El malestar mutuo no se limita, además, a la cuestión de la ciudad deportiva. La relación entre el club y el alcalde no atraviesa precisamente su mejor momento. El propio Martín Peláez, presidente del Oviedo, lo dejó entrever días atrás en una entrevista en RPA, en la que aseguró que le sorprendió la decisión de Canteli de no asistir a la ceremonia en la que Peláez fue elegido Ovetense del Año. «Me hubiese hecho mucha ilusión que Alfredo me hubiese entregado el premio, como hace cada año, y así se lo hice saber», afirmó el dirigente azul, dejando constancia de que la sintonía institucional entre ambas partes está lejos de ser la deseada.

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