Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Más de lo mismo

Sobre el empate del Oviedo ante el Getafe

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Pelayo Botas García-Barrero

El Carlos Tartiere volvió a vivir una de esas tardes extrañas en las que el fútbol parece avanzar hacia un final inevitable mientras la grada se resiste a aceptarlo. El empate sin goles entre el Oviedo y el Getafe dejó exactamente la sensación que reflejaba el marcador: un resultado que no satisface absolutamente a nadie. Ni a un Getafe gris y atenazado, ni a un Oviedo a la desesperada.

Y lo peor para el oviedismo es que el partido volvió a parecerse demasiado a tantos otros de esta temporada. Más de lo mismo. Un equipo competitivo, ordenado por momentos, capaz de mantenerse vivo... pero condenado por pequeños detalles, decisiones adversas, errores puntuales y una sensación permanente de que todo lo que puede salir mal acaba saliendo mal. El Oviedo volvió a competir. Nadie podrá decir que este equipo se deja ir o baja los brazos. Pero competir en Primera no basta. Hace falta contundencia en las áreas, personalidad en los momentos clave y, sobre todo, capacidad para manejar emocionalmente los partidos que este equipo jamás ha encontrado. El empate a cero resume la temporada: mucho esfuerzo, muy poco premio. Y, cómo no, volvió a aparecer el VAR. Ese invitado permanente que en Oviedo ya se mira con resignación más que con esperanza. Las dos expulsiones terminaron condicionando el encuentro y aumentando aún más la sensación de agravio constante. No se trata ya de buscar excusas al descenso, porque el Oviedo desciende por muchas razones acumuladas durante meses, pero sí es imposible ignorar que en cada acción dudosa la moneda cae del mismo lado. En una liga tan igualada, esos detalles terminan pesando toneladas. Y el oviedismo siente desde hace tiempo que jamás encontró una decisión que le cambiara un partido a favor, que le regalara una alegría inesperada o que le compensara mínimamente tantos golpes recibidos. Al contrario. Cada revisión se convierte en una nueva losa emocional.

Tácticamente, el partido dejó poco. Mucho miedo a perder, pocas ideas y demasiada tensión. El Getafe entendió que el empate no era malo. El Oviedo quiso más por necesidad que por convicción, pero volvió a faltarle claridad arriba. El equipo llega hasta zonas de peligro, pero casi nunca da la sensación de tener colmillo para decidir partidos de máxima exigencia.

Y ahora toca asumir la realidad. Duele decirlo porque el Tartiere ha vuelto a responder de manera espectacular todo el año. Aun así, el oviedismo tiene una obligación hasta el último día: mantener la dignidad competitiva y disfrutar, como se pueda, de las últimas tardes de Primera División. Porque costó muchísimo volver aquí y nadie sabe cuánto tardará el próximo regreso. Pero, al mismo tiempo, el club debe empezar ya a construir el futuro. Sin sentimentalismos. Sin repetir errores. Planificar bien la próxima temporada en Segunda será muchísimo más importante que lamentarse eternamente por esta. Porque la categoría no perdona improvisaciones, y el Oviedo ya sabe demasiado bien lo difícil que resulta volver a levantarse.

¡Hala Oviedo! n

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents