Entre la bronca a Mbappé y la ovación a Cazorla, otra derrota del Oviedo (2-0)

Hubo bronca sonora a Mbappé -habrá que ver las consecuencias-, recordatorio a Vinicius de que lo suyo no mejora y amagos -sofocados por la seguridad- de protesta contra Florentino. Pero también hubo espacio para un gesto que debe recordarse: el del improvisado homenaje a Santi Cazorla. El momento más amable de este Madrid-Oviedo sin chicha en lo deportivo y con sonido de viento. Santi es fútbol y el Bernabéu así lo reconoció. No parece casualidad que ahora que se pone en tela de juicio la profesionalidad de Mbappé, surja una emotiva ovación a alguien que ha honrado tanto la pelota. Fue ese par de minutos lo único a lo que agarrarse en una noche sosa, que deja otra derrota en el casillero azul (2-0) por los chispazos de Gonzalo y Bellingham. Una más en la lista.
Al espectáculo de luces y sonido de la previa -al volumen adecuado para apagar cualquier sonido crítico- le siguió un partido de ritmo pausado y anodino. Como un amistoso de pretemporada, pero quitándole la gracia de ver a los nuevos cromos. En los locales, nada salvo algo de Gonzalo y Brahim. En los azules, Thiago y Reina con aire fresco y Viñas demostrando una vez más que la actitud no se negocia. No perjudicaba al Oviedo la velocidad a la que se rodaban las cosas en el Bernabéu.
Las ocasiones llegaron más por la relajación de ambos, que afectó también a los sistemas defensivos, que por jugadas realmente elaboradas. A falta de fútbol preciosista sí hubo al menos acciones en las áreas.
Aarón empezó a ganarse el jornal pronto, ante un disparo abajo de Mastantuono y Asencio acudió raudo a tapar una internada de Reina en el área blanca. Estuvo casi tan rápido el zaguero como el personal de seguridad al tapar la pancarta de “Florentino, culpable”, que se extendió antes de lanzarse el córner azul. Efímera protesta para coronar la semana del presidente.
De vuelta al verde, hubo un poco de todo. Un Oviedo bien plantado que jugó suelto. En parte, porque el rival no exigía. En parte, porque el descenso también ha liberado al grupo y el miedo al error ahora pesa menos. Inició siempre a ras de suelo el equipo de Almada aunque encontró más problemas para progresar. Fue un fino Thiago el que logró explorar más vías. En los blancos, las arrancadas de orgullo de Brahim rompían la monotonía y los tímidos silbidos a Vinicius.
En cuanto a las llegadas, se rondó a Courtois, pero sin exigirle. Como un centro de Vidal sin ariete rematador. O un intento de Chaira bloqueado por Alaba. La más clara llegó a los 38, en una gran jugada que nació en la izquierda, Thiago como ideólogo, y que acabó con una definición sencilla a las nubes de Nacho Vidal tras tocar Chaira y Viñas. Reclamó penalti el Oviedo en el desenlace de la jugada, pero ni el gesticulante De Burgos ni su pinganillo le dieron razón a los azules.
Cuando el primer acto parecía agonizar, llegó el golpe en contra. Nada nuevo si se observa la temporada. La perdió Chaira en su costado y todo el equipo estaba mal parado. Gonzalo recibió en el área y en un pestañeo controló y definió al rincón. No necesita mucho más el Madrid para mandarte a la lona. Incluso en esta versión sin cafeína.
Intentó dar un paso al frente tras el paso por vestuarios y el Madrid tiró de más velocidad. Viñas pisó área enemiga sin encontrar la salida al laberinto y Mastantuono se filtró entre los azules pero sin saber definir.
Llegó entonces el momento ya comentado, con Cazorla bajo el foco, y superado el gesto se retomó el hilo con el Madrid más afilado y Aarón evitando el segundo ante Carreras. Respondió el Oviedo con una clarísima: Vidal no encontró premio en su cita cara a cara con Courtois.
Entró el choque en el tradicional carrusel de cambios que al menos esta vez no rompió el ritmo, ya que apenas existía. Sí se vivió un momento que puede tener consecuencias para el futuro. Entró Mbappé al campo y el público expresó una sentencia que se veía de aquí a Cerdeña.
Bellingham se coló entre la monotonía y los silbidos, que no cesaron, a Mbappé con un golazo, el que mandaba al Oviedo otra vez al suelo. Recortó con pasos de bailarín en la frontal y definió abajo, imposible para Aarón.
Le quedó a los azules algún ataque de orgullo, ya con los canteranos Lucas y Agudín sobre el campo. Al menos logró el Oviedo, pobre recompensa, probar los guantes de Courtois en un zurdazo de Hassan, que salió a contar su propia película.
El final llegó con un Bernabéu a medio gas, solo atento a pitar a su estrella y con Cazorla al menos disfrutando de lo que más le gusta, el fútbol, en un escenario de postín, aunque sea de aquella manera. En un año tan desilusionante, al menos nos queda Santi. Ahora, que Almada entienda que es lo único que nos queda en esta semana y media.
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