Cazorla se lleva la ovación del Bernabéu en el día de la mayor bronca a Mbappé y los ligeros pitos a Florentino Pérez
Unos 2.000 aficionados tiñen Madrid de azul para apoyar al Oviedo en uno de los partidos más esperados de la temporada

La afición del Oviedo en el Bernabéu. | MIKI LÓPEZ

La previa del Real Madrid-Oviedo, partido que se disputó ayer en el Santiago Bernabéu, dejó en la capital una de las estampas más vistosas del oviedismo en lo que va de temporada a pesar de ser de jueves. Y eso que el contexto no acompañaba: el equipo azul llegaba a Madrid ya descendido matemáticamente a Segunda División y con los ánimos lejos de aquellos que se vivieron en los partidos importantes de los meses anteriores. Pese a ello, el carbayón no falta a la cita y, como en cada visita a un campo grande, Madrid se tiñó de azul desde primera hora.
La diáspora asturiana en la capital es masiva, y la previa fue una de las más concurridas de la temporada. Influyen dos factores. Por un lado, la importancia de jugar contra uno de los equipos más grandes de la historia del fútbol, como es el Real Madrid. Por otro, la enorme cantidad de asturianos que viven en la capital del país por motivos laborales, de estudios o de cualquier otra índole, y que cada vez que el Oviedo se planta en Madrid responden masivamente. Desde el mediodía, los bares de los aledaños del Santiago Bernabéu estuvieron totalmente teñidos de azul.
La Asociación de Peñas del Real Oviedo (Aparo) fletó seis autobuses llenos desde Asturias hasta Madrid para acompañar al equipo en esta visita al Bernabéu. A esos seguidores se sumaron los cientos de aficionados oviedistas que ya residen en la capital, lo que disparó la presencia carbayona en los alrededores del estadio. Pese a que en lo deportivo el partido no tenía nada en juego para los azules, la ilusión por vivir el encuentro estaba intacta.
Santiago De Con Melendi, Hugo Corte Paniceres y Christian Noval Rimada son tres de los oviedistas que se acercaban a los aledaños del Bernabéu. Sabían que es muy complicado ganar al Real Madrid, pero llegaban con ilusión. "Es el mejor momento para ganarles. El año que viene volveremos", aseguraban, antes de posar para LA NUEVA ESPAÑA en una imagen en la que casi les atropella un taxi. En la capital, las cosas funcionan de otra manera.
En el bar Irish, el punto de quedada azul organizado por la Aparo para esta previa, Víctor Suárez, David Balsera, Álvaro Suárez, Tomás Ramón y José Ramón Alonso compartían cerveza, comentarios y predicciones. Su análisis era claro: "Se gana. Después de todo lo que rodea al Madrid estos días, hay que ganarles", afirmaron, en referencia al ambiente convulso que rodea al club blanco en las últimas semanas.
Pero cuando se acercó la hora, las hordas azules se fueron moviendo para el estadio de Chamartín. Entraron antes para ver de cerca uno de los estadios más modernos del mundo. Nadie se lo quería perder. Muchos de ellos, no habían estado tras la millonaria reforma. La polémica rueda de prensa de Florentino Pérez y la pelea entre Tchouameni y Valverde prometían un ambiente hostil por parte de la grada blanca. Y eso nadie se lo quería perder. Pero al final, no fue para tanto.
Entraba la plantilla azul al Bernabéu y el propio presidente blanco saludó uno a uno a los integrantes del Oviedo. Cuando entró Cazorla, Pérez se paró para saludarlo personalmente y darle un fuerte abrazo. Cabe recordar que el llanerense estuvo a punto de fichar por el conjunto blanco. Ayer, como en cada campo que pisa, fue tremendamente ovacionado por la grada local.
Una vez comenzó el encuentro, la grada azul silenció al fondo de animación madridista. Cerca de 2.000 aficionados carbayones no pararon de animar durante todo el encuentro. De hecho, rescataron el famoso "Yo solo sé, que a Primera vamos a volver", que tanto se cantó en Segunda División. La seguridad tuvo que retirar un par de pancartas contra Florentino Pérez y se escuchó algún ligero pito, pero poca cosa. El presidente protagonizó además un encontronazo con un aficionado, que le reprochó alguna cosa desde la grada, pero que terminó en un saludo cordial, bajo la atenta mirada de Martín Peláez, presidente azul; y de Manolo Paredes, vicepresidente. Sin embargo, Mbappé sí que fue sonoramente pitado por todo el estadio. El Madrid ya no se jugaba nada, y muchas localidades quedaron desiertas. A excepción del fondo azul, a reventar y con mucha ilusión por volver.
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