Análisis de un fracaso, capítulo 1: Una plantilla con carencias y unos fichajes poco acertados en el Oviedo
Unas incorporaciones sin nivel y una plantilla inferior, claves en el devenir de una temporada de decepción azul
Los 29 puntos sumados, el mejor resumen de la campaña de los azules

Salomón Rondón, Brandon Domingues y Alberto Reina durante su primer día en El Requexón / Fernando Rodríguez

Cuando el 21 de junio de 2025 el oviedismo descorchó el champán, nadie se esperaba que la fiesta fuera tan efímera. Ni un año le ha durado al Real Oviedo la alegría pues tras una temporada para el olvido, el equipo ha regresado a Segunda. Una vez finalizado el curso, LA NUEVA ESPAÑA inicia una serie de análisis de los diferentes motivos que han llevado al Oviedo al descenso. Para el primer capítulo, la incapacidad de club y propiedad en formar una plantilla competitiva, con fallos evidentes en los fichajes.
El Oviedo debutó en Villarreal, a mediados de agosto, con los ecos del ascenso todavía rebotando en las paredes del Carlos Tartiere, que se había estremecido poco antes en una noche para el recuerdo ante el Mirandés, pero también con los primeros síntomas de inquietud por una plantilla a medio cocinar. Aquella noche, Paunovic alineó a Aarón; Vidal, Calvo, Luengo, Rahim; Reina, Sibo; Hassan, Ilic, Chaira; y Rondón. Nueve de esos once futbolistas competían en Segunda apenas unos meses antes. Lo que parecía una circunstancia pasajera, una anomalía propia de un mercado aún abierto, acabó convirtiéndose en una fotografía recurrente toda la temporada.
La dirección deportiva y Pachuca, desde México, ficharon mal y tarde, y el Oviedo arrastró ese lastre hasta el precipicio. Un colista con 29 puntos admite muchas explicaciones, pero pocas tan contundentes como la confección de una plantilla corta de talento, desequilibrio y soluciones. Ahí está el origen principal del fracaso. Nadie lo duda a estas alturas.
Conviene repasar el mercado de verano, cuando Lleida y Suárez —director general y deportivo— manejaban el timón, aunque con Paunovic participando activamente en las decisiones, especialmente cuando el cierre del mercado se acercaba y varias operaciones se habían caído. Llegaron Moldovan, Eric Bailly, David Carmo, Javi López, Dendoncker, Ovie Ejaria, Albero Reina, Brekalo, Brandon Domingues, Luka Ilic, Salomón Rondón y Álex Forés. Una lista larga para un rendimiento corto. Solo Reina —y Javi López en la segunda vuelta— lograron escapar del gris generalizado.
El mercado de invierno apareció como una oportunidad para corregir errores, pero tampoco cambió el rumbo. Llegaron Thiago Fernández, Nico Fonseca y Thiago Borbas. Solo el primero mejoró claramente el nivel competitivo del equipo. Y hubo un detalle todavía más desconcertante: el club dejó sin gastar dos millones de euros del límite salarial. Dinero inmóvil mientras el equipo languidecía. Una decisión difícil de explicar, sobre todo porque esa cantidad no computará en futuras ventanas.
El fallo en la política de fichajes resulta especialmente llamativo porque el Oviedo compitió durante casi todo el curso apoyado en la columna vertebral del ascenso, con Reina como única incorporación verdaderamente útil llegada también desde Segunda. Basta revisar los ocho jugadores con más minutos: Aarón, Reina, Viñas, Chaira, Vidal, Colombatto, Costas y Hassan. Todos venían del viaje en ascensor desde Segunda. El salto de categoría apenas encontró refuerzos reales. Por Luka Ilic se apostaron dos millones de euros y la operación terminó siendo un suspenso sin matices. No se le vio. Por Carmo se realizó un importante esfuerzo salarial y acabó quedando retratado en demasiadas fotografías de goles encajados.
La elección de los fichajes terminó subrayando las costuras de un proyecto al que la Primera División sometió a un examen demasiado exigente. La venta de Alemão para apostar por un Rondón ya lejos de sus mejores guerras fue una decisión del máximo accionista, Jesús Martínez, que marcó una dirección equivocada, sin que desde Asturias nadie lograra corregir el rumbo. El verano en el que se habló de Jovic, Maksimovic o Lomónaco acabó dejando como imagen simbólica la proyección de la silueta de Brandon Domingues en la fachada del Campoamor. Un futbolista que nunca llegó a debutar en Liga. Puro marketing sin base futbolística. Una metáfora demasiado precisa del primer gran motivo del fracaso azul en el año de su centenario.
No fue el único. También hubo errores graves en el banquillo y en la gestión social del club. Pero se analizará en los siguientes capítulos.
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