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El modelo no se toca: las claves de la última rueda de prensa de Jesús Martínez, dueño del Real Oviedo

Jesús Martínez, dueño del Oviedo, deja claro que el Grupo Pachuca no cambiará su modo de trabajo tras el descenso a Segunda: el último "sí" lo seguirá dando él pase lo que pase

Martín Peláez y Manolo Paredes, frente a la pantalla en la que Jesús Martínez compareció ante los medios

Martín Peláez y Manolo Paredes, frente a la pantalla en la que Jesús Martínez compareció ante los medios / Luisma Murias

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Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Oviedo

Jesús Martínez rompió el pasado miércoles su silencio para defender, una vez más, el modelo de gestión con el que el Grupo Pachuca dirige el Oviedo. Un modelo que ha fracasado esta temporada, pero que en las dos anteriores fue un ejemplo de gestión. Ni más, ni menos. "Llevo 33 años trabajando así, es mi pasión y mi fortaleza. Somos los más ganadores de la historia de México", afirmó el propietario azul desde México, reivindicando su filosofía. El problema es que ese modelo, que durante dos temporadas supuso dos play-off y un ascenso a Primera, ha terminado esta campaña con el Oviedo de nuevo en Segunda División apenas un año después de la histórica gesta.

Para entender el discurso de Martínez conviene mirar atrás. Cuando el Grupo Pachuca se hizo en el verano de 2022 con el 51 por ciento de las acciones del club –con el Grupo Carso a la cabeza por aquel entonces–, la entidad llevaba 21 años sin pisar Primera División. El conglomerado mexicano llegó con una receta exitosa: la misma que aplicó en el Pachuca, que adquirió en 1995 en Segunda y convirtió en uno de los grandes de México, y la que repitió con el Club León. Orden administrativo (a lo que Martínez le dio mucha importancia en su comparecencia, asegurando que el Oviedo tendrá, por primera vez en las últimas décadas, los números en verde), base de jugadores, infraestructura y proyecto a largo plazo.

En el Oviedo, costó arrancar. La primera temporada fue dura, pero en las dos siguientes, la fórmula funcionó. En el curso 2022/23, el equipo solventó la permanencia pese a coquetear con el descenso. En el curso 2023/24 llegó la inversión seria, con fichajes como Colombatto o Alemão negociados directamente por Jesús Martínez, y el equipo se quedó a las puertas del ascenso al caer en la final del play-off ante el Espanyol. Y en 2024/25 se alcanzó la gloria: el club, ya con Paunovic en el banquillo, devolvió al Oviedo a Primera División 24 años después. El modelo Pachuca, que había logrado en tres años lo que los capitales anteriores no consiguieron en dos décadas, se presentaba como un éxito incontestable.

Los errores reconocidos por Jesús Martínez tras el fracaso del Oviedo

La temporada 2025/26, sin embargo, ha sido la cara opuesta. Y el propio Martínez lo reconoció el miércoles, asumiendo errores que afectan directamente a su manera de gestionar. El primero, el de la planificación deportiva. "Hay que fichar tres o cuatro Viñas o Escandell, no traer quince. Hay que buscar más calidad", admitió. "Fueron demasiados fichajes, nos valía con menos". Una autocrítica que choca con la filosofía de inversión que él mismo había defendido y que, esta vez, se tradujo en una plantilla amplia pero sin el nivel suficiente para competir en Primera.

El segundo gran error reconocido tiene que ver con uno de los pilares de su modelo: el control absoluto sobre las decisiones. Martínez fue claro al señalar que su sistema se basa en que él tenga "el último sí". Y eso no va a cambiar. "Por eso doy la cara", dijo. Sin embargo, el Oviedo ha hecho cambios en su estructura interna. Quiere contratar un nuevo director deportivo. Fue ahí donde entró Cata, de Osasuna, que finalmente dejó al Oviedo en la estacada. Su entorno asegura que no tiene nada que ver con el proyecto azul, pero el DD que termine recalando en El Requexón tiene que saber que Jesús Martínez siempre dará el visto bueno final. Eso no cambiará.

La hoja de ruta azul

Cero autocrítica al modelo de fondo: Martínez reconoce fallos de ejecución, nunca de sistema.

La continuidad como respuesta al malestar: el descenso no altera los planes; el Grupo Pachuca, sigue al frente con el objetivo de devolver al club a Primera.

El espejo mexicano como hoja de ruta: el dueño azul recurrió al precedente del Pachuca, que descendió y resurgió hasta ser el más ganador de México.

Y lo dice precisamente porque admitió que en esta ocasión delegó en exceso en los técnicos. Señaló a Paunovic en los fichajes ("algunos jugadores fueron cosa suya") y reconoció que el regreso de Carrión al banquillo fue una "malísima decisión" de la que se hace responsable. Pero el mercado de invierno, ese de los Borbas, Thiago y Fonseca, fue íntegramente diseñado en México. Cabe recordar que fue precisamente el modelo Pachuca el que llevó al Oviedo a Primera, mientras que cuando se delegaron decisiones, la cosa no fue bien. Y es por ello que Martínez quiere continuar a su estilo. Porque siente que cuando traicionó su idea, la cosa no fue bien.

La defensa de la infraestructura y la sostenibilidad económica

Sin embargo, a pesar del descenso, Martínez insistió en defender los fundamentos del modelo, especialmente la apuesta por la infraestructura como base para competir. "Si no desarrollas una infraestructura es difícil pelear con los grandes, como pasó en México. Si no lo hacemos, como hizo el Celta, el Villarreal, la Real o el Athletic, será más difícil sostenernos en Primera. En Pachuca ascendimos y luego descendimos. Luego, conseguimos regresar y ya no nos marchamos", argumentó. También reivindicó la sostenibilidad económica como prioridad: recordó que el club "estaba en quiebra, a punto de desaparecer" cuando llegó Carso, defendió la decisión de no invertir en el mercado de invierno para no comprometer las cuentas y aseguró que el Oviedo estará "por primera vez en 25 años en números positivos".

Sobre la cantera, otro de los supuestos pilares del modelo, el propietario también marcó el camino: "Hay que invertir en la cantera para que salga un nuevo Santi Cazorla". Una declaración que contrasta con la realidad de la temporada, en la que el primer equipo apenas contó con dos jugadores formados en casa, el propio Cazorla y Lucas Ahijado, pese a que la apuesta por los jóvenes talentos siempre fue uno de los argumentos centrales del discurso del conglomerado tuzo.

El reto, ahora, es repetir en Asturias ese ciclo de caída y resurrección que el Grupo Pachuca ya vivió en México. Con un modelo que, tras dos temporadas de ejemplo y una de fracaso, queda en entredicho y obligado a demostrar que el éxito de los primeros años no fue una excepción, sino una base sobre la que reconstruir el regreso a Primera.

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