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Las razones del fracaso, capítulo 3: El divorcio del centenario y la fractura entre entidad y afición del Real Oviedo

La fractura social entre la afición del Oviedo y el club deja una herida pendiente de coser para que se vuelva a respirar el buen ambiente de anteriores cursos

Ascenso del Oviedo

Ascenso del Oviedo / Miki López

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Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Oviedo

El Oviedo ha terminado la temporada 2025/26 con dos grandes derrotas. La deportiva, evidente, con el descenso a Segunda División. Y otra, igual de importante: la fractura social entre una parte de la afición y la gestión de la entidad azul, en pleno año del Centenario. La primera se arreglará, antes o después, con un ascenso. La segunda, puede que también. Aunque muchas de las quejas no tienen nada que ver con lo deportivo.

La grieta no nace de un único episodio. Es la acumulación de varios. El golpe emocional empieza por el contraste: 24 años esperando volver a Primera y, una vez allí, regresar a Segunda en el peor curso posible, el del Centenario. A partir de ahí, todo lo demás fue actuando como combustible: tres entrenadores en una temporada, una planificación deportiva criticada, fichajes que no rindieron y una dirección deportiva debilitada, especialmente en el mercado de invierno. Para una parte de la grada, los cambios dejaron de parecer de reacción y empezaron a parecer improvisación, en una temporada en la que nadie esperaba ganarlo todo, pero sí ser un equipo que compitiese algo más de lo que lo hizo.

Pero el malestar deportivo, con ser grave, no explica todo. Lo que sostiene la fractura es la sensación, repetida en pancartas, comunicados y conversaciones, de que la gestión extradeportiva no estuvo a la altura de la importancia del momento. La Aparo recogió ese sentir con un comunicado en el que 59 peñas no comulgaron la gestión del Grupo Pachuca durante el último curso. Y en las gradas del Tartiere también se palpó un clima de malestar: pancartas con mensajes como "Grupo Pachuca, más fútbol, menos negocio" se vieron por distintos puntos de la ciudad durante los últimos meses.

A esa percepción contribuyeron decisiones concretas, no todas mal intencionadas, pero sí difíciles de digerir en este contexto. Las subidas de los abonos, la no presencia del club en actos sobre el centenario o la polémica por la cancelación del choque liguero ante el Rayo en Vallecas. Cuestiones que quizás, en otro escenario, podrían haberse asumido sin tanta tensión. En un curso con descenso, centenario y problemas de comunicación, se convirtieron en la pólvora que prendió la mecha.

Tampoco ayudó el tono institucional. Jesús Martínez, en octubre, tras el cese de Paunovic, envió un mensaje en el que pecó de impaciente. Creyó que el equipo estaba para competir por otra cosa que no fuese el descenso de categoría. A pesar de ello, en su comparecencia del pasado miércoles, defendió que su modelo no se toca. "Llevo 33 años trabajando con el mismo sistema y voy a seguir decidiendo yo". Una frase que desde dentro puede leerse con coherencia, ya que se trata de un modelo que en México y en el propio Oviedo ha dado alegrías y ascensos. Desde cierta parte de la afición, en cambio, se ha interpretado como que la entidad no ha recapacitado tras el batacazo a pesar de que Martínez reconoció errores y de que fue precisamente cuando se traicionó ese modelo cuando comenzaron a llegar los malos resultados.

Lo más significativo, en cualquier caso, es el matiz que diferencia esta fractura de otras crisis pasadas. El oviedismo no abandonó al equipo, aunque bien es cierto que nunca lo hizo. Nunca. Pero esta temporada llenó el Tartiere, agotó entradas en pocas horas en plena pelea por la permanencia y la gran mayoría creyó hasta el final. Y si la propiedad vuelve al cauce de las anteriores temporadas, esa fractura volverá poco a poco a soldarse.

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