Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Blanco Leschuk, el exoviedista que huyó de la guerra: "Vi el humo de los primeros misiles sobre Teherán y entendí que la cosa iba en serio"

"Estuve encerrado dos días en mi casa de Irán; por las noches se escuchaban explosiones muy fuertes y no podías descansar: dormía dos o tres horas", cuenta el argentino, que vive en Oviedo después de salir de Irán

Gustavo Blanco Leschuk, en el Campo San Francisco. | G. B.

Gustavo Blanco Leschuk, en el Campo San Francisco. | G. B.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Nacho Azparren

Nacho Azparren

Oviedo

Delantero argentino espigado, 1,91 metros, con buen manejo del balón y juego de espaldas. Fue el máximo goleador del Oviedo, 7 dianas, en la temporada 2020/21, con Ziganda a los mandos. Gustavo Blanco Leschuk (Mendoza, Argentina, 1991) está de vuelta a Oviedo, donde residen sus hermanos, tras una experiencia enriquecedora pero con un final abrupto en la liga de Irán. Tuvo que salir del país cuando Estados Unidos empezó a bombardear. Desde la capital del Principado relata su experiencia y su año como azul.

¿Cómo ha sido su regreso a Oviedo?

Muy especial. Mis hermanos, Marcelo e Iván, viven aquí. Vinieron después de que yo les hablara de Oviedo, de lo bien que se vive. Probaron y les gustó mucho la ciudad. Después de todo lo sucedido, volver fue como encontrar calma otra vez.

¿Cómo sale de Irán?

Fue todo muy rápido. Teníamos partido fuera de casa e íbamos a tomar el vuelo de vuelta cuando cayeron tres misiles cerca del aeropuerto. Desde lejos vimos el humo. Ahí ya nos asustamos de verdad.

Se asustaría.

Fue un momento tenso. Dentro del aeropuerto un compañero me señaló hacia arriba, por una cristalera, y se veía humo sobre Teherán. Eran los primeros misiles. Ahí entendimos que la cosa iba en serio. Suspendieron el vuelo y estuvimos esperando un autobús más de una hora. Todo estaba colapsado. Durante el regreso ya empezamos a enterarnos de lo que pasaba.

¿Alguien se lo esperaba?

Mis compañeros iraníes siempre me decían que esto podía pasar, porque llevaban muchos años escuchando amenazas, pero nunca terminaba ocurriendo nada. Esta vez fue distinto.

Llega a su hogar y, ¿qué pasa?

Son horas muy difíciles. Cortaron internet y ahí ya no sabíamos nada. Cuando cayó el primer misil avisé rápido a mi familia de que, si dejaban de saber de mí, estuvieran tranquilos. Después tardé varios días en volver a hablar con ellos. Firmamos un papel para poder salir del país por la guerra y durante dos días estuvimos encerrados en casa. Por las noches se escuchaban explosiones muy fuertes. Caían misiles y no podías descansar. Dormía dos o tres horas como mucho. No podía hacer otra cosa. Solo aguantar.

¿Cómo salió del país?

Hicimos un viaje de 27 horas en minibús junto a dos brasileños: el entrenador de porteros y otro compañero. Fuimos hacia el norte, cerca de Turquía. Parábamos para comer y poco más. Pudimos cruzar la frontera sin problemas, pero los iraníes no podían salir. Desde Turquía tomé un avión a España y vine directo a Madrid y luego a Oviedo.

¿Sigue en contacto con gente allí?

Sí, aunque es complicado. Internet funciona a veces y otras no. Me responden cuando pueden y, por suerte, están todos bien.

¿Qué se lleva de esa experiencia?

La contradicción entre lo que uno imagina y lo que luego encuentra. Yo en Irán me sentí muy bien. Antes de ir tenía otra imagen, pero la realidad fue distinta. La gente es muy futbolera y el país me recordó mucho a Turquía. Viví muy cómodo allí hasta que explotó todo.

De vuelta en Oviedo, ¿qué recuerdos le asaltan?

Preciosos. Me encanta esta ciudad. En lo deportivo me quedó la espina de no haber podido jugar un play-off. Teníamos buen equipo, pero no pudimos llegar. Aun así, fue un club especial para mí. Cuando vi el ascenso me emocioné muchísimo. Lo seguí desde Irán y me puse muy contento porque el Oviedo se merece estar en Primera. Tiene afición, historia y es un club grande.

¿Mantiene contacto con alguien del Oviedo?

El otro día fui a un restaurante y me encontré con Lucas. Creo que es el único que sigue de aquella época. Ojalá continúe porque tiene sangre del Oviedo.

¿Cómo vivió el descenso?

Me dio mucha pena. Creo que faltó un poco de suerte. Vi varios partidos y había jugadores muy buenos, como Fede Viñas. El equipo mereció más en muchos encuentros, pero en Primera los detalles te castigan muchísimo. Ahora toca aprender de los errores y entender qué faltó para mantenerse.

¿Y ahora?

Estoy en edad de jugar, en forma, entrenándome en solitario porque quiero seguir compitiendo al máximo nivel. Volver a España sería maravilloso, siempre me he encontrado muy bien aquí, en Málaga, en Oviedo y en Éibar.

¿Le gustaría volver la temporada que viene como visitante al Tartiere?

Claro. Me encantaría volver, sería una experiencia muy bonita. Y si el Oviedo necesita un delantero… yo me ofrezco, claro (risas).

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents