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30 años del adiós de Carlos Muñoz al Oviedo

Sobre la efeméride de la despedida del histórico delantero azul

¿Qué fue de Carlos Muñoz?

¿Qué fue de Carlos Muñoz?

En junio de 1996, la marcha de Carlos Muñoz al fútbol mexicano, con 34 años, no solo significó la despedida de uno de los mejores delanteros de la historia del Real Oviedo; para muchos —entre los que me incluyo— supuso el adiós al gran ídolo de nuestra juventud. Su fichaje por el Puebla por 3 temporadas ponía un punto final a una gloriosa etapa en el conjunto carbayón. Atrás dejaba una impresionante estela de 133 goles, una cifra que, por aquel entonces, solo superaban mitos de la talla de Lángara, Herrerita y Galán.

A pesar de que aún le restaba un año de contrato en la capital asturiana, la tentadora e importante oferta del balompié azteca le hizo decantarse por el Puebla. Firmó por una temporada con opción a dos más, quedando la primera de estas prórrogas a criterio del propio jugador. Acompañado por su representante y amigo, Manuel Lafuente, el ariete azul voló hacia México para ser presentado el 15 de junio de 1996 sobre el césped del Estadio Cuauhtémoc.

La historia de amor entre Carlos y el Oviedo había comenzado en la temporada 1987-88, cuando llegó cedido del Barcelona. En aquel primer año, el del ansiado ascenso a Primera, el delantero firmó 26 goles que le coronaron como "Pichichi" de la categoría. Aunque la campaña siguiente regresó a la disciplina azulgrana y fue traspasado al Atlético de Madrid, el destino volvió a vestirlo de azul en la temporada 1989-90.

Desde su regreso, Carlos fue el máximo realizador en cada temporada, con la única excepción de la última, la de su despedida, en la que fue superado por Oli por un gol. Su techo llegó en la campaña 1993-94 cuando alcanzó los 20 tantos en Primera. Su paso por la selección española, aunque breve —disputó solo 6 encuentros—, estuvo tocado por la varita de la brillantez. Desde su debut en Gijón frente a Brasil, en septiembre de 1990, anotó 6 goles: un tanto por partido que dejó grabado su nombre con uno de los mejores promedios goleadores en la historia de la Roja.

Tras su presentación en México, Carlos regresó a Oviedo para vivir unos días de intensas emociones. El primero de los homenajes llegó el jueves 26 de junio, en una cita popular organizada por el club y la peña que llevaba su nombre en el restaurante La Campana de Pruvia, hotel habitual de concentración. Las invitaciones, a un precio de 2.500 pesetas, se agotaron al instante. Aquellos pases no solo daban acceso al restaurante; incluían también una entrada para el partido entre el Oviedo B y el Colmenar, donde el filial se jugaba el ascenso a Segunda B. Sería allí, en el viejo Tartiere —el escenario donde tanto nos hizo disfrutar—, donde realizaría el saque de honor para despedirse definitivamente de su afición.

A la cita de La Campana acudieron más de 200 comensales. A pesar de las vacaciones veraniegas, sus compañeros de vestuario no quisieron dejarlo solo: estuvieron Oli y Berto; exjugadores como Viti y Luis Manuel; el segundo entrenador, Tensi; además de Toni, Marigil, Juan Manuel y directivos. Tras la cena y los obsequios, Carlos, emocionado, rompió a llorar con unas palabras al oviedismo: "Oviedo será siempre mi casa. Soy un hombre de pocas palabras y nunca creí que esta etapa nueva de mi vida iba a llegar y tener que decir adiós a Oviedo, tanto como ciudad como por la cantidad de amigos que tengo en ella. Pensé que iba a dejar mi profesión en el Oviedo, pero surgió esta oferta en México y no pude rechazarla". Al día siguiente del emotivo acto llegó el reconocimiento institucional. El Alcalde Gabino de Lorenzo recibió a Carlos en su despacho. El jugador acudió acompañado por su mujer, su hija y Lafuente. El regidor le hizo entrega de varios obsequios como muestra de gratitud por parte de la ciudad.

El broche de oro lo puso el fútbol base, como si la cantera quisiera sumarse al homenaje. Carlos saltó por última vez al césped para realizar el saque de honor del encuentro entre el Oviedo B y el Colmenar. El partido concluyó con una victoria azul 2-0, certificando el ascenso del filial carbayón, dirigido por Adolfo Pulgar, a Segunda B. Fue el cierre perfecto: el ídolo se marchaba, pero el futuro del club permanecía asegurado en el mismo césped donde él se hizo eterno.

A punto estuvo de volver a vestirse de corto. Cerca de los 40 años, y tras cerrar su aventura mexicana, Carlos se entrenaba con el Oviedo bajo la dirección de Antic. La lesión de Losada abrió una ventana de esperanza; el club buscaba un delantero veterano que pudiera ayudar en el tramo final y él estaba dispuesto. Sin embargo, el serbio se decantó finalmente por la opción de Collymore. Aquella decisión obligó a Carlos a colgar las botas con la espina clavada de no haber podido ayudar a su club.

En 2022, veintiséis años después de aquel emotivo saque de honor, Carlos regresó oficialmente a casa. Lo hizo para asumir un cargo institucional de representación en el club y en la Fundación.

Hoy, tres décadas después de aquel vuelo a México, el eco de sus goles sigue resonando en el Carlos Tartiere.

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