Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

La opinión de Xuan Fernández sobre la retirada de Cazorla: "Santi, el hobbit de Fonciello"

La leyenda, que regresó como un Mago, solo puede ser honrada con una vuelta rápida a Primera División

Cazorla, con Nico.

Cazorla, con Nico. / LNE

La leyenda de Santi Cazorla guarda muchas similitudes con la maravillosa trilogía de El Señor de los Anillos, los fantásticos libros escritos por Tolkien y llevados a la gran pantalla de forma magistral por Peter Jackson. Tolkien habla de grandes batallas, lugares mágicos, el mal y el bien, y siempre pone en el espejo a los hobbits, unas criaturas pequeñas, acogedoras, amantes de la tranquilidad, que no quieren líos y que viven sin meterse con nadie en la verde Comarca, una especie de Asturias en un más allá.

Cazorla es el hobbit de Fonciello (Llanera), igual de bajito y sonriente que los medianos de Tolkien, obligado a irse de su comarca para cumplir un sueño y convertirse de ese modo en uno de los jugadores más legendarios de toda la historia del fútbol español; por lo menos, a la altura de los más grandes y, sin duda alguna, en la misma mesa que los tan aclamados Xavi o Iniesta.

El "8" se fue de casa joven, siendo prácticamente un niño. Del Oviedo le echaron en juveniles por bajito, en una de esas decisiones estrambóticas de las que nadie se hace cargo. Después regresó, previo paso por el Astur, y cruzó el Negrón en el prolegómeno de una de las etapas más oscuras de la historia del Oviedo. Tardaría 20 años en regresar. Peldaño a peldaño, Cazorla lo fue todo: Recreativo, Villarreal, Málaga, Arsenal... Con un talento desbordante, se convirtió en leyenda y referente en cada uno de los equipos donde jugó. Ni siquiera le tumbó un calvario de lesiones que hubiese acabado con cualquiera. Del hobbit se pasó al mago. Y así regresó al Oviedo, en un tórrido agosto de 2023, para alegría de una ciudad, de una región, de un país.

Hablar ahora de esto y aquello de Cazorla es fácil, pero es de justicia apuntar que no todo el mundo vio clara aquella operación. Sí la vieron Martín Peláez, arquitecto de aquel fichaje, y, sobre todo, Jesús Martínez, que es un mitómano. Los dudosos hablaban de la edad, de un jugador de vuelta, y por la ciudad se escuchaba aquella pregunta tan absurda y repetida: "¿Por qué no volvió antes?".

Como Gandalf, un mago nunca llega tarde. Ni pronto: llega exactamente cuando se lo propone. Santi se propuso volver, pero no para ser un jarrón chino ni un elemento decorativo. Si alguien tenía dudas, pronto volaron. Con problemas físicos en su primera temporada, la del final triste en Cornellà, en la segunda se salió y elevó el nivel de un grupo que tocó la gloria. El gesto del "8", levantando las manos y animando a la grada tras meter aquel penalti contra el Mirandés, es el de mayor épica y simbolismo que ha visto el nuevo Carlos Tartiere en toda su historia.

Santi decidió seguir un año más y las cosas no salieron como se esperaba. Ese es el lunar: que el mito haya decidido parar tras un año para el olvido en la historia azul. El adiós del "8", entendible en lo deportivo, es una gran pérdida que, además, puede dejar al Oviedo sin ningún asturiano. Se pierde un líder y un referente del oviedismo para toda España, porque desde fuera se unía al Oviedo con Cazorla.

Probablemente la mirada ya no será la misma. El club ha sido honesto con la situación y él mismo ha podido decidir su destino. Falta ahora una despedida a la altura, pero no solo eso. Solo hay una forma de honrar al hobbit de Llanera: regresar por la vía rápida a Primera División. Porque los hobbits nunca buscan estatuas ni homenajes; solo quieren volver a casa y encontrar su Comarca en paz. La mejor forma de despedir a Santi Cazorla será devolver al Oviedo al lugar al que siempre perteneció.

Tracking Pixel Contents