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1052 días para cumplir un sueño de niño: el repaso a las tres temporadas de Santi Cazorla en el Oviedo

El Mago de Fonciello abandona el club azul tras tres temporadas en las que consiguió su gran objetivo de jugar en Primera vestido de azul carbayón, convirtiéndose en un icono

El repaso a las tres temporadas de Santi Cazorla en el Oviedo

El repaso a las tres temporadas de Santi Cazorla en el Oviedo / LNE

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Javi Viso

Javi Viso

Oviedo

Toda historia tiene un punto final, y la de Santi Cazorla con el fútbol terminó ayer. Aquel pequeño que jugaba en el campo de Fonciello junto a su hermano y sus amigos cumplió su gran sueño: convertirse en futbolista profesional, y llegó mucho más lejos de lo que cualquiera hubiese pensado. Para el "little magician", el apodo cariñoso con el que le bautizaron en Inglaterra, el final fue en su casa, en Oviedo, donde alcanzó su mayor hito como jugador, al menos en lo sentimental, con ese ascenso a Primera División. 1052 días de puro amor a unos colores que pusieron el colofón a una carrera en la que, además de ganar títulos, se llevó algo mucho más importante de todos: el reconocimiento de todos los campos de España.

Tras muchos veranos siendo el rumor de cada día y el anhelo de todos los oviedistas, Cazorla fue anunciado por sorpresa el 16 de agosto de 2023. Una noticia de impacto que dio la vuelta al mundo y que volvió a poner al Oviedo en el foco. Las principales cabeceras internacionales se hicieron eco del fichaje. No es habitual que un doble campeón de Europa termine en Segunda División, pero el mago de Fonciello bajó al barro por el equipo de su vida con un único objetivo que acabaría consiguiendo: devolver a los suyos a la élite dos décadas después.

Lo más llamativo no fue su fichaje, sino las condiciones en las que se produjo. Cazorla había tomado la decisión de regresar a casa por amor, y esa afirmación iba en serio. Él mismo propuso al club cobrar el salario mínimo que marca la Segunda División (alrededor de los 90.000 euros), cedió todos sus derechos de imagen y también incluyó en su contrato que el 10% de los ingresos por la venta de sus camisetas se dedicase íntegramente para invertir en la cantera oviedista.

Su vuelta produjo una gran ilusión en la parroquia oviedista, que hacía muchos años que no veía un futbolista de su calidad en sus filas, y las camisetas con el 8 y el nombre de Cazorla a la espalda comenzaron a verse a diario por todo el Principado. En apenas dos meses ya se habían vendido más de 2.000 zamarras con su nombre, el club multiplicó exponencialmente sus ingresos y logró batir su techo histórico en la venta de merchandising. Un ejemplo es que, en su primer semestre en la entidad, se habían vendido el doble de camisetas serigrafiadas de Santi (2.600) que en toda la temporada anterior (1.200).

Un primer capítulo amargo

El Mago llegó a la capital del Principado con 39 años y hubo que tener paciencia con él. En aquella época era Álvaro Cervera el entrenador, aunque nunca llegaría a debutar con el ecuatoguineano. "Hasta que no veamos el ritmo que tiene no puedo decir cuál será su aportación, pero la calidad que tiene no la va a perder nunca, tenga 38 o 45 años", admitía el técnico con cierto recelo.

Lo positivo para Santi es que Cervera, cuyo estilo distaba mucho de sus virtudes en el juego, no duró mucho en el convento. Su sucesor fue Luis Carrión, un enamorado del ‘8’ desde el inicio. El técnico catalán le cuidó desde el primer día. "Uno de los motivos, quizá no el más importante, pero si uno de ellos, a la hora de decidir irme al Oviedo es que Santi esté aquí. Nos puede dar mucho, es diferencial", reconocía. Y no engañó a nadie. En su primer partido en el banquillo, frente al Valladolid, Cazorla entró en la recta final con un Tartiere entregado entre vítores y aplausos. Aquel 24 de septiembre de 2023 debutó como azul en el minuto 89, cuando el marcador aún reflejaba un 0-0, aunque finalmente sufrió su primera derrota como azul en el descuento.

A partir de esa fecha, en la que el Oviedo ocupaba los puestos de descenso, el club fue creciendo exponencialmente y Cazorla fue entrando más en juego. Tenía protagonismo en las segundas partes mientras, poco a poco, iba sintiéndose más cómodo físicamente. Hubo que esperar un mes más para su primera titularidad con el cuadro carbayón, el 29 de octubre contra el Alcorcón, en una plácida victoria (2-0) en la que disputó más de una hora como titular.

Una pequeña lesión le frenaría unas semanas, pero Cazorla volvería más fuerte. En enero dio su primera asistencia, colaborando en el triunfo del Oviedo ante el Leganés (1-0) y su participación fue creciendo, siendo titular en muchos encuentros de la segunda vuelta y cuidándose mucho para su primera gran batalla. Cazorla forzó y se infiltró para, al menos, poder llegar a la final del play-off y disputó la última media hora en aquella fatídica tarde en Cornellá. Un primer capítulo amargo, pero que sentaría las bases de todo lo que vendría después.

Su consagración en leyenda

Una vez digerida la decepción del no ascenso, y con caras nuevas en el equipo y en el banquillo (Javi Calleja, excompañero suyo en el Villarreal, lideraba la nave), las cosas fueron distintas para Cazorla desde el inicio. El centrocampista pudo realizar pretemporada, aunque apenas pisó el césped de El Requexón en todo el verano. Los servicios médicos del Oviedo le cuidaron al detalle y Santi sorprendió disputando media hora en Riazor, ayudando al equipo a acabar con el gafe de los debuts en el fútbol profesional (0-1).

El ‘8’ enlazó numerosas titularidades consecutivas y reconocía públicamente que se encontraba mucho mejor en el apartado físico que la temporada anterior, una situación que todo el oviedismo celebró. Hubo que esperar hasta diciembre para ver su primer gol como azul, aunque en aquel mediodía en A Malata el Oviedo jugó de blanco y naranja. Desde los once metros, Cazorla se estrenó de azul para abrir una goleada ante el Racing de Ferrol (1-5).

Llegó de nuevo la recta final de temporada y esta vez sí fue clave, pero ya lo venía siendo desde mucho antes. Además de ser cabeza de cartel en cualquier iniciativa del Oviedo (camisetas, patrocinios, eventos), Cazorla también fue el apagafuegos de muchas de las múltiples crisis que vivieron los azules. Tras cualquier resultado doloroso o momento delicado, como la salida de Calleja, ahí estaba el capitán para poner la cara y tratar de calmar las aguas.

No hay mejor forma para hacerlo que desde el verde, y eso hizo Cazorla, un buen aliado de Paunovic. Los cracks aparecen en los momentos más complicados y el de Fonciello no defraudó. Primero, dándole el pase a la final del play-off con aquella magistral falta ejecutada ante el Almería que ningún oviedista olvidará. Y, después, iniciando una remontada contra el Mirandés que ya forma parte de los libros de historia en los cien años azules.

El sueño cumplido

Tras lograr su gran cometido, Cazorla se pensó mucho su continuidad. Jugar en Primera a los 41 años no es una tarea sencilla. Perder el bonito sabor de boca que había logrado también. Pero él, tal y como proclamó, había vuelto para jugar con su club en Primera. El destino y los romanticismos del fútbol dieron como casualidad un debut en la élite con el Oviedo en su antigua casa, La Cerámica, donde tan buenos momentos había vivido con el Villarreal, y se llevó la primera de todas las grandes ovaciones de las que disfrutó en los mejores campos del país.

Ya ocurría en Segunda. Cada vez que salía a calentar, aplausos. Cada vez que entraba a un campo, lo mismo. No por recurrente dejaba de ser impresionante, sobre todo en plazas donde ni grandes estrellas del fútbol las habían recibido. Camp Nou, Santiago Bernabéu… No había aficionado al que no le guste este deporte que no se pusiese en pie para reconocer la gran trayectoria y el carisma que desprendía El Mago.

No solo en el mundo se reconocía su figura. A lo largo de estos tres años, además del cariño de la gente, Cazorla también tuvo que ponerse de gala en numerosas ocasiones para recibir galardones, reconocimientos y todo tipo de premios. El más significativo desde el punto de vista institucional llegó el 29 de julio de 2025, cuando el Ayuntamiento de Oviedo aprobó por unanimidad nombrarle Hijo Adoptivo de la ciudad, la mayor distinción civil que puede otorgar el consistorio ovetense, y el hecho de que la votación fuera unánime refleja el consenso que genera Cazorla más allá de cualquier color político. Anteriormente también había dado el chupinazo en las fiestas de San Mateo de 2023 y, en apenas un mes, será el pregonero en el Descenso Internacional del Sella. Todo esto entre innumerables galardones en su Llanera natal y dentro del oviedismo.

Su última temporada, la del centenario y el ansiado regreso a la élite, no fue sencilla. Los últimos meses no fueron los esperados para ninguna de las partes, con mucho más sufrimiento del que hubiesen querido y con un Cazorla relegado inexplicablemente al banquillo en muchos tramos por Almada, que en cada comparecencia insistía en decir que todo era normal alrededor de su figura. Ni sus propios compañeros entendieron su escaso protagonismo (tampoco una grada que mostró su disconformidad en cada encuentro), pero da igual. Santi se fue sin una despedida como se merecía del Tartiere (se frenó el tifo organizado por su posible continuidad) y disputó una última hora en Mallorca para retirarse. Ahí, de nuevo por las casualidades del destino, volvió a terminar el ciclo del Oviedo en Primera, y también el del propio Cazorla, aunque su legado quedará vigente para la posterioridad. 1052 días de pura pasión que sirvieron para cumplir un sueño.

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