Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Santi Cazorla: de las lesiones a la gloria, la emotiva despedida del futbolista

El Mago de Fonciello cuelga las botas tras una exitosa carrera con 865 partidos disputados y 13 títulos con seis clubes diferentes y la selección, además del ascenso a Primera con el Oviedo 24 años después

EN IMÁGENES: Oviedo despierta con Cazorla en todos sus rincones

EN IMÁGENES: Oviedo despierta con Cazorla en todos sus rincones / Mario Canteli

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Javi Viso

Javi Viso

Oviedo

Toda historia, por muy bonita que sea, tiene un final, y la de Santi Cazorla llegó el pasado 2 de julio. Con 865 partidos disputados en la élite, trece títulos con seis clubes diferentes y la selección, además de un ascenso a Primera con el equipo que le vio crecer. Aquel joven que peloteaba junto a su hermano y amigos en Fonciello cumplió su gran sueño: convertirse en futbolista profesional. Para el Mago el final fue en su casa, en Oviedo, donde alcanzó su mayor hito como jugador, al menos en lo sentimental, con esa vuelta a Primera. Además de ganar títulos, se llevó algo mucho más importante: el reconocimiento de todos los rincones de España.

Los primeros pasos de Cazorla en el fútbol se dieron en Fonciello, donde creció con un balón siempre como compañero. Desde muy pequeño llamaba la atención por unas condiciones poco habituales: dominaba las dos piernas con naturalidad y ponía el balón donde quería. Covadonga, Astur y Oviedo fueron los que le vieron dar sus primeros pasos, aunque pronto tuvo que buscar un futuro lejos de casa y puso rumbo al Villarreal. Fue allí donde comenzó a despuntar como uno de los futbolistas más prometedores de su generación. Más tarde también dejó huella en el Málaga antes de emprender una aventura en el Arsenal, donde alcanzó una enorme dimensión internacional.

En todos esos equipos hubo un denominador común: Cazorla hacía mejores a quienes le rodeaban. No necesitaba imponerse desde el físico para dominar los partidos. Lo hacía a través de la inteligencia, de la precisión en el pase, de su facilidad para encontrar espacios y de una técnica exquisita que le permitía jugar con naturalidad tanto con la pierna derecha como con la izquierda. Esa capacidad para decidir siempre la mejor opción le convirtió en un futbolista admirado por aficionados y rivales. También su personalidad: un hombre risueño, amable y humilde que era imposible que cayese mal a nadie.

Su etapa en Inglaterra terminó de consolidar esa imagen. En el Arsenal recibió el apodo de "Little Magician" y conquistó a una afición que todavía recuerda algunas de sus actuaciones más memorables, entre ellas el decisivo lanzamiento de falta en la final de la FA Cup de 2014 que inició una remontada histórica.

También encontró su sitio en la mejor selección española de todos los tiempos. Compartió vestuario con una generación irrepetible y, pese a la enorme competencia, consiguió hacerse un hueco durante años. Las Eurocopas conquistadas en 2008 y 2012 y sus 81 internacionalidades reflejan la importancia que alcanzó dentro de un equipo que dominó el fútbol mundial.

Poco después llegaría el episodio más duro de su carrera. Una grave lesión en el tobillo, agravada por una infección, le obligó a atravesar un larguísimo proceso de recuperación. Las numerosas operaciones, las dudas y los meses alejados de los terrenos de juego pusieron en riesgo su continuidad como futbolista. Los médicos, incluso le decían que podía darse por contento si caminaba. Sin embargo, lejos de aceptar un final prematuro, decidió luchar hasta conseguir regresar. En el Villarreal volvió a ser diferencial y volvió a ir convocado con la selección. Más adelante prolongó su carrera en el Al-Sadd catarí, aunque siempre permaneció una cuenta pendiente. Desde que abandonó El Requexón siendo un adolescente, nunca había escondido que su deseo era regresar algún día al Real Oviedo.

Ese momento llegó en agosto de 2023. Su vuelta tuvo un enorme impacto en todos los ámbitos. No era habitual que un doble campeón de Europa decidiera jugar en Segunda División, pero Cazorla lo hizo por amor. El centrocampista aceptó cobrar el salario mínimo de la categoría, cedió sus derechos de imagen e incluyó en su contrato que parte de los ingresos obtenidos por la venta de sus camisetas se destinaran a la cantera azul.

En su primera campaña rozó el ascenso. Cazorla adquirió todavía más protagonismo y apareció cuando más lo necesitaba el equipo. Primero, con un inolvidable lanzamiento de falta que clasificó al Oviedo para la final del play-off frente al Almería. Después, siendo una de las figuras de la histórica remontada ante el Mirandés que devolvió al club a Primera 24 años después.

Con ese ascenso cumplió el sueño que había perseguido durante toda su vida: vestir la camiseta del equipo de su infancia en la máxima categoría del fútbol español. Su última temporada no resultó sencilla y perdió protagonismo durante muchos tramos del campeonato, pero nada pudo empañar el legado construido durante aquellos tres años. Más allá de los goles o las asistencias, Cazorla devolvió al oviedismo la ilusión, proyectó la imagen del club por todo el mundo y cerró el círculo de una carrera extraordinaria.

El niño que un día tuvo que marcharse porque el Oviedo ya no podía retenerle acabó regresando para devolverlo a la élite. Pocas historias encuentran un final tan coherente. Porque Santi Cazorla ganó títulos, superó lesiones que parecían insalvables y dejó huella en algunos de los escenarios más importantes del fútbol europeo, pero probablemente su mayor victoria fue terminar donde siempre quiso estar: en casa.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents