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La preciosa historia de Chris Ramos, el objetivo del Real Oviedo: el nieto que se convirtió en hermano

El Oviedo ultima la cesión del ariete, forjado por una trayectoria de sacrificio y pérdidas

Chris Ramos, con el Cádiz. | @CHRISRAMOS11

Chris Ramos, con el Cádiz. | @CHRISRAMOS11

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Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Oviedo

Cada vez que Chris Ramos (Cádiz, 1997) marca un gol, busca a alguien. Durante años fue su abuelo, en la grada. Después fue en el cielo. Ahora, casi siempre, son las manos: junta los dedos y dibuja una "M". La inicial de Marco, un niño de Cádiz al que conoció mientras el pequeño superaba un cáncer. El gesto viajó con él desde el Nuevo Mirandilla hasta Río de Janeiro, donde hasta ahora ha defendido la camiseta de Botafogo, y puede que pronto se vea también en el Carlos Tartiere.

Marco Brun, en el centro de la imagen, con una pancarta en Cádiz.

Marco Brun, en el centro de la imagen, con una pancarta en Cádiz.

El Oviedo prepara su plantilla para la vuelta a Segunda y ha puesto el ojo en Chris Ramos para liderar su ataque, tal y como informó en exclusiva LA NUEVA ESPAÑA el pasado sábado. Jesús Martínez, dueño de la entidad azul, siempre tuvo predilección por el ariete andaluz. La diferencia es que ya no pertenece al Cádiz. Botafogo ejecutó su opción de compra, 4 millones de euros, y la vía por la que el Oviedo se hará con los servicios de Ramos será a través de una cesión hasta final de temporada.

Christopher Ramos de la Flor nació en Cádiz en enero de 1997 y creció en La Laguna, a cinco minutos a pie del estadio cadista, aquel en el que el Oviedo logró regresar al fútbol profesional en 2015. Su padre, estadounidense, jugó al baloncesto en España sin llegar a profesional; Chris nunca tuvo relación con él, y de ahí solo heredó el apellido. Lo crió su madre junto a sus abuelos maternos. Quien ocupó el lugar de aquel padre ausente fue su abuelo Pedro, capataz de la Semana Santa gaditana, el hombre que lo llevaba a entrenar. La primera vez que Chris marcó un gol relevante, ya en el San Fernando, buscó su cara entre el público.

Antes tuvo que salir de Cádiz: pasó por varias canteras locales sin asentarse y acabó cruzando el mar hasta Menorca, al Mercadal. En el San Fernando cobraba unos 150 euros al mes, pero eligió quedarse donde sentía que confiaban en él. Marcó cuatro goles en trece partidos y bastó para que el Valladolid se fijara en él. El salto fue vertiginoso: debutó como profesional en enero de 2018 y meses después subía a Primera. Vinieron los préstamos (Sevilla Atlético, Badajoz) y finalmente el Lugo, donde encontró continuidad.

Fue en Galicia donde recuperó las mejores sensaciones: 16 goles en Segunda División en tres temporadas jugando, habitualmente, como extremo. Fue entonces, a sus 25 años, cuando firmó con el Cádiz por cerca de 1,5 millones de euros, el equipo de su tierra, en el mercado de invierno de la temporada 2022/23 para debutar en Primera División. Con el conjunto cadista metió 5 goles en la máxima categoría y 10 en Segunda División al curso siguiente. En la presentación con el cuadro cadista, Chris vio a su abuelo entre el público, lo abrazó y le dijo: "Ya estoy en casa, abuelo". Era el cierre perfecto, pero la vida le guardaba un golpe.

Pedro murió en octubre de aquel año. Seis días después, Chris marcó ante el Sevilla, rompió a llorar y señaló al cielo. Contaría luego que sintió que su abuelo lo había ayudado a empujar aquel balón. Un mes después de esa pérdida le llegó la historia de un niño de Cádiz al que acababan de diagnosticar un linfoma linfoblástico. Se llama Marco Brun y tiene 10 años. Meses después se conocieron en persona, coincidiendo con el Día Internacional del Cáncer Infantil, y empezó a visitarlo en su casa, donde jugaban al FIFA y a juegos de mesa. "No es que seamos como hermanos. Es que somos hermanos", dijo Marco..

Desde entonces, Chris dibuja una M tras cada gol. Sostiene que fue su propio abuelo quien puso a Marco en su camino, justo cuando más necesitaba a alguien a quien cuidar. "Chris es parte de mi medicina", dijo Marco. En agosto de 2025, se fue a Botafogo cedido con obligación de compra ligada a minutos de juego, cumplida ya en su segundo partido, tras marcar dos goles en el debut. Desde Río siguió dibujando la M, a miles de kilómetros de Cádiz, y mantuvo el contacto casi diario con Marco. Pero el arranque de 2026 fue duro: sufrió una dura lesión y sumó cuatro meses sin jugar.

Sin embargo, la vida suele devolver todo lo malo. En Cádiz, mientras tanto, Marco cumplía el milagro: el chaval hizo sonar la "campana de los sueños" en el hospital, el gesto que marca el final del tratamiento oncológico infantil. Y ahora le llega la oportunidad de Oviedo. Ramos tiene 29 años y sigue siendo, dicen quienes lo conocen, el mismo futbolista tímido que necesita sentirse valorado. Trabaja con psicólogos para gestionar la presión y evita las redes sociales. Es un delantero de gran despliegue físico que destaca por su potencia, velocidad al espacio y capacidad para atacar la profundidad pese a su envergadura. Con cerca de 1,90 metros de altura, combina un notable juego aéreo con una zancada larga que le permite ganar metros con facilidad y convertirse en una amenaza constante al contragolpe. Es un atacante generoso en el esfuerzo, presiona con intensidad la salida del rival, cae con frecuencia a las bandas para abrir espacios y no duda en participar en el trabajo defensivo. Aunque su principal virtud es el juego vertical, con los años ha mejorado su capacidad para asociarse y jugar de espaldas, convirtiéndose en un delantero cada vez más completo. Es por ello que la llegada de Ramos podría suponer el fichaje de mayor envergadura en el mercado estival de los azules. Y quien sabe si el ariete andaluz no vendrá con Marco de la mano.

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