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Calero, corazón e intensidad: así es el nuevo entrenador del Real Oviedo en los entrenamientos

La capacidad de trabajo del entrenador del Oviedo marca una pretemporada con una idea muy clara: entrenar con la misma pasión con la que se compite

Calero, por delante de sus jugadores, en El Requexón.    | FERNANDO RODRÍGUEZ

Calero, por delante de sus jugadores, en El Requexón. | FERNANDO RODRÍGUEZ

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Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Son las diez de la mañana en El Requexón y el termómetro ya roza los treinta grados. A nadie en la plantilla del Oviedo parece importarle demasiado. Desde que Julián Calero cogió las riendas del equipo, cada sesión se vive con una energía que no se veía en la ciudad deportiva desde hace tiempo. El técnico madrileño no para de hablar. Corrige, anima, insiste. Está encima de cada pase, de cada control, de cada desmarque, como si el resultado de la Liga se decidiera en julio.

Lo primero que se nota en un entrenamiento de Calero es el volumen. Grita, pero no para amedrentar a nadie: quiere a sus jugadores enchufados, presentes al cien por cien, sin un segundo de desconexión. No se le escapa ningún detalle, y cuando algo no le convence lo dice ahí mismo, en voz alta, para que el mensaje cale.

Esa exigencia tiene un punto emocional que el vestuario ya ha empezado a interiorizar. "¡Hay que sentir las jugadas, con corazón!", gritaba ayer mismo en El Requexón. No hace falta más para entender sus entrenamientos: no basta con hacer bien un ejercicio, hay que vivirlo con la intensidad de un partido de verdad. Calero pide a sus futbolistas que visualicen la jugada antes de ejecutarla, que la sientan como si se estuviesen jugando tres puntos, aunque sea un lunes cualquiera de pretemporada.

El cambio también se nota en la carga de trabajo. Desde su llegada, el Oviedo entrena dos veces al día, un formato con el que Calero y su preparador físico, Roberto Ovejero, quieren dejar el equipo a punto para una temporada en la que el club aspira a algo grande. Las sesiones de Almada duraban más, pero solo había una al día. "Exigencia" es la palabra que más ha repetido el técnico en sus primeros días, y el mensaje ha calado rápido en un vestuario que ya empieza a acostumbrarse a un ritmo distinto. Calero no olvida el otro lado de la moneda: también ha pedido a los suyos que disfruten de cada entrenamiento y de cada día, consciente de que el esfuerzo rinde más cuando el futbolista está contento y se cree que puede ser mejor.

Ese equilibrio entre exigencia y cercanía tiene mucho que ver con su propia historia. Calero se formó como futbolista en categorías modestas mientras compaginaba el fútbol con su trabajo como policía municipal, una etapa que marcó su forma de entender el esfuerzo. Antes de sentarse en un banquillo como primer entrenador fue segundo de Julen Lopetegui en el Oporto y de Fernando Hierro, tanto en el propio Oviedo como en la selección española durante el Mundial de 2018. Después llegaron sus propios proyectos: el ascenso a Segunda con el Burgos, la permanencia con el Cartagena y el ascenso a Primera con el Levante la pasada primavera.

Con este arranque, Calero busca dejar un mensaje claro para la afición: el equipo va a competir desde el primer entrenamiento. La insistencia en que los jugadores "sientan" y "visualicen" cada jugada busca instalar una mentalidad ganadora desde julio, para que cuando lleguen los partidos que de verdad importan, esa intensidad sea una costumbre.

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