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Quien perdona, lo paga: el Oviedo inicia el curso con empate de sabor amargo (0-0)

Los azules fueron mucho mejores en una primera mitad con muchas llegadas, pero se desinflaron tras el descanso

Un rebote en Reina, sobre la línea, evitó el gol azul y Aarón salvó un punto sobre el 90

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Nacho Azparren

Nacho Azparren

Un Oviedo de dos caras, lastrado por la mala fortuna y la escasez de pólvora primero y salvado por Aarón después, cerró su primer capítulo del regreso con un empate sin goles en lo que es un adelanto de lo que le espera esta temporada. Bienvenidos a Segunda. Con Cazorla de maestro de ceremonias, haciendo el saque de honor, y el equipo gustándose durante 45 minutos de ritmo y buen juego, la cosa se chafó tras el descanso, en parte porque el Granada fue a más. El punto sirve para saber por dónde tiene que ir el Oviedo (esa primera mitad) y para recordar que en Segunda hay que enchufar las que tienes porque nunca sabes si van a volver.

Real Oviedo
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0 0
Granada
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Alineación Real Oviedo

Aarón (2); Vidal (1), Costas (1), Dani Calvo (2), Samu R. (2); Youness (1), Reina (2); Pablo Sáenz (1), Villahermosa (2), Jacobo (1); Chris Ramos (1).

CAMBIOS

Aisar (1) por Vidal y Cruz (1) por Samu, min. 63. Isfan (1) por Sáenz, min. 70. Mingo (1) por Jacobo y Enzo (1) por Youness, min. 81.

Alineación Granada

Lizoain (2); Sergio López (1), Lama (2), Bourama (1), Diallo (2); Alemañ (1), Alcaraz (1), Gumbau (1); Rodelas (2), Chinaza (1), Arnaiz (1).

CAMBIOS

Marqués (1) por Alemañ y Pascual (1) por Chinaza, min. 57. Emeka (1) por Rodelas y Naasei (1) por Sergio L., min. 69. Kader (1) por Arnáiz, min. 78.


Manuel Á. Pérez (comité madrileño). Amarillas a los locales Youness e Isfan y a los visitantes Chinaza, Sergio López,

Carlos Tartiere: 21.595 espectadores, según datos oficiales.

Salió fuerte el Granada, mordiendo arriba, pero aceptó con gusto el reto el Oviedo, que también aceleró de primeras. Quiso Calero jugar el cuerpo a cuerpo con Pacheta. Los primeros minutos mostraron una notable versión azul, dominador, con mucha movilidad de los hombres de la medular. Toco y me voy. Mucho más activo el equipo de lo que uno puede esperar a estas alturas del curso, cuando las piernas aún pesan toneladas de la carga machacona de la pretemporada.

El primer “uy” del año en el Tartiere llegó en un centro de Vidal que Jacobo trató de alcanzar con un escorzo. El segundo, casi de inmediato, fue más acentuado: centro de Reina y testarazo de Costas cerca de la escuadra, mientras Lizoain, meta nazarí, soplaba paralizado para ayudar a que no encontrara gol.

Fue un muy buen Oviedo de primeras, ante el que el Granada no pudo hacer nada más que replegar, frenado su ímpetu inicial de ir arriba, y esperar que parase la tormenta. Y bajó la intensidad local, algo lógico, pero siguieron llegando los de Calero al área rival. Lograron, al menos, incordiar a un Lizoain convertido en apagafuegos.

Su mejor intervención, antes de la media hora, cuando Ramos ganó la carrera y algo escorado resolvió la situación con un latigazo arriba, al que el meta nazarí respondió con una manopla firme. Se divertía el Tartiere, premiaba el público el esfuerzo de los suyos, pero sobre todo agradecía el buen rato de fútbol. Se echaba de menos.

Hasta el descanso, más de lo mismo. Monólogo de los de Calero. Chinaza puso el paréntesis con un disparo muy desviado, pero las últimas fueron locales. La más clara del primer acto, a los 37. Y fue un jugadón de otra categoría. Como si fuera un guiño al homenajeado Cazorla. Una acción iniciada en la izquierda, transportado el balón con precisión a la derecha, y con llegada en tromba al área. Centró Vidal, despejó sin acierto Lizoain y Villahermosa impactó con el interior en un remate que se iba a la red. La mala fortuna se cruzó en el camino del primer gol de la temporada poniendo el rostro de Reina justo en el hueco hacia donde se dirigía el esférico. Un balonazo que chafó el primer pequeño éxtasis del Tartiere.

Chris Ramos, sin ángulo, volvió a inquietar a la defensa andaluza, que vivió el primer acto en un constante estado de alerta, antes de que el árbitro mandara a los equipos a los vestuarios y Pacheta resoplara aliviado en la banda. Los suyos habían salido indemnes al pimpampum azul.

Salió con otra actitud el cuadro visitante, como si fuera consciente de que el destino le había concedido una vida extra. Y lo quiso aprovechar, presentándose ante Aarón por vez primera. Alemañ tiró sin malicia y Rodelas sembró el pánico en una conducción que murió en el cuerpo de Costas. Sin rasguños para el Oviedo, pero con la certeza de que el partido había cambiado.

Le costó mucho más las cosas al equipo de Calero. En parte porque el Granada iba ganando en confianza con el paso de los minutos, en parte porque el cansancio empezaba a aparecer.

Trató de avivar la llama Calero con los cambios. Primero, en los laterales; luego con Isfan, que para presentarse en sociedad lo intentó con un zurdazo que salió alto.

El tramo final hizo que el Oviedo se lanzara más aún hacia adelante. Con más fe que juego fluido, hay que decir. De hecho, no hubo jugada que reseñar en ataque en un final sin brío de los de Calero. La más clara fue del Granada, en realidad. Y dejó una nueva postal para uno de los pocos héroes del curso pasado. Aisar cedió hacia atrás, con la mala fortuna de que la pelota tocó en Costas y quedó mansa a la llegada de Marqués. Pero Aarón salió con decisión a tapar cualquier hueco y evitó, rondando el minuto 90, un comienzo aciago para el Oviedo.

Con una gran primera parte, aunque sin pólvora, y una segunda en la que el Granada pareció más cómodo, el Oviedo firmó un empate que no colma sus expectativas, pero que al menos señala un camino, el de la primera mitad. Ahora tiene que sumarse la pólvora, que la hay.

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