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El Oviedo se pone coraza y triunfa: victoria efectiva en Albacete (0-1)

Calero pone en liza la versión más práctica y conquista el primer triunfo del curso

Pablo Sáenz acertó tras una gran acción de Isfan

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Enviado especial a Albacete

En una larga sesión táctica esta semana en El Requexón, Julián Calero lanzó al viento una curiosa reflexión. “¡Hay que tener paciencia sin balón!”, proclamó, antes de explicar su llamativa tesis: “Siempre se dice que hay que tener paciencia con balón, pero yo os digo también sin él”. Lo que venía a explicar el técnico a sus pupilos es que hay que prepararse para correr hacia atrás, a juntarse y esperar tu momento. Y el partido del Belmonte tuvo bastante de esa receta machacada por el parleño. El 0-1 en la versión más efectiva de este Oviedo le quita un lastre a este equipo en un inicio más atropellado de lo que todos pensaban.

Albacete
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0 1
Real Oviedo
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0-1, min. 42: Pablo Sáenz.

Alineación Albacete

Mariño (1); Gámez (1), Sánchez (1), Lluís L. (2), Neva (1); Lorenzo (1), Pacheco (1), Ortuño (1), Corpas (1); Munir (s. c.), Soberón (1).

CAMBIOS

Albarracín (1) por Munir, min. 18. Medina (1) por Pepe S. y Rubio (1) por Soberón, min. 58. Inglés (1) por Lorenzo y Bernabeu (1) por Pacheco, min. 78.

Alineación Real Oviedo

Aarón (2); Aisar (2), Costas (2), Carlos D. (2), Juan Cruz (1), Samu Rguez. (1); Sáenz (3), Villahermosa (2), Youness (1), Jacobo (1); Isfan (2).

CAMBIOS

Aldasoro (1) por Jacobo y Mingo (1) por Isfan, min. 65. Nacho Vidal (1) por Isfan y Enzo Pérez (1) por Sáenz, min. 78. Diego M. (1) por Villahermosa, min. 88.


Eder Mallo (Castellano leonés). Amarillas a los locales Lluís López, Medina y Rubio y a los visitantes Youness, Samu R y Carlos D.

Carlos Belmonte: 10.587 espectadores, según datos oficiales.

Porque fue este un Oviedo distinto al visto en las dos primeras jornadas. Menos protagonista del balón, más adaptado al escenario. Efectivo, sí; que quizás el éxito del plan se resuma en eso, en que acertó la que tuvo. Algo que en los dos primeros envites no hizo. Pero abre también un interesante debate para el que solo Calero tiene soluciones: ¿más pelota o más coraza?

Las bajas empujaron a Calero a cambiar de forma radical su equipo. Incluso de dibujo. O quizás las intenciones del técnico eran esas ya de primeras. Es caso es que el Oviedo saltó al césped del Belmonte con una defensa de 5 que se convertía en 4 con la pelota. Un 5-4-1 para defender, ordenado, aunque sin meter los traseros en el área. Un 4-2-3-1 con Samu de improvisado extremo en ataque.

La primera mitad pasó por tantas fases, tantos micro partidos, que resulta complicado descifrar cuál era la intención de los azules. No parecía un sistema especialmente defensivo de primeras, pero el Alba fue convirtiendo el sistema en coraza defensiva.

Por partes. Salió animado el Oviedo, tratando de dañar por los costados, muy activo Aisar de primeras, tirando de esa punta de velocidad marca de la casa. La defensa manchega no lo tenía sencillo con Jacobo, sin sitio fijo. De sus botas llegaron las dos primeras acciones de peligro, sin daños para los manchegos. Le sigue faltando algo de chispa al ex del Córdoba pero al menos se le vio más cómodo, menos encorsetado.

Pasados los 20 minutos, sin escenas de peligro en el área azul, apareció Aarón, a chut de Corpas, para confirmar que siempre está de guardia. Hasta en los días que parecen tranquilos aparece con soluciones. Sobrevivió a esa el Oviedo pero algo afectó a su autoestima, o la del rival, porque el guion cambió por completo.

Le tocó aguantar a los de Calero, no sufrir pero sí correr tras la pelota. Venía preparado para ello y no se vio a Aarón. La más clara local en ese tramo fue una contra que Aisar neutralizó con una recuperación notable.

Entró el choque entonces en otra fase diferente, de ida y vuelta. La más abierta en lo que iba de partidos. Abrió las hostilidades Carlos Domínguez con un cabezazo desviado en un córner bien ejecutado (¡por fin!) por Jacobo. Respondió Pepe Sánchez de igual forma: esa estuvo cerca. A los 43, el premio carbayón. Fue una acción brillante de Isfan, sacó a bailar a su marcador, movió la cintura con naturalidad y dejó a Pablo Sáenz el último paso. El zurdo certificó la ley del ex con un zurdazo a la red.

Quedaba poco para el final, pero el tanto enojó al Albacete, que se lanzó hasta el descanso, inquietando hasta en dos ocasiones, pero ni Albarracín ni Soberón dañaron la meta azul.

Tras el receso, evitó el Oviedo de primeras meterse muy atrás ante el temor de que el partido se le podía hacer eterno. No salió mal el equipo de Calero, con un par de llegadas más como declaración de intenciones que como un peligro real. Lo malo es que duró muy poco ese primer arrebato.

A partir del 60 el balón fue exclusivo del Alba. Al Oviedo le tocaba el rol de contragoleador. Pero estaba demasiado pasivo. Quizás fuera una cuestión física y por eso Calero optó por meter piernas. Entraron Aldasoro y Mingo pero siguió mandando el Alba. Los azules habían aceptado su rol de ahí al final. Tocaba resistir y, si se podía, dar algún zarpazo a la contra.

La parte más positiva del asunto es que no se veían los guantes de Aarón. Defendió por acumulación el Oviedo, más cerca de lo que seguramente pretendía de su área, pero siempre con orden, equilibrado. Los cambios habían proporcionado nuevos gregarios (se unieron también Nacho Vidal y Enzo Pérez) y el equipo parecía resistir los intentos con más ansia que fútbol de los locales. Pero todo quedaba abierto.

Y pasó lo que viene pasando en los últimos dos años. Que apareció Aarón. Fue una jugada difícil de explicar pues a los de Calero les pillaron en una contra mientras presionaba muy arriba. Rubio se citó con el meta azul, algo escorado, y Aarón tapó con el cuerpo para certificar la primera alegría del curso.

Resistieron los azules en un ejercicio más práctico que vistoso, de esos de los que abundan en Segunda para cosechar su primer premio de 3 puntos y refrendar, necesario esto, el trabajo diario de El Requexón. Con este triunfo como base, el equipo tiene que mejorar mucho. Puede y debe hacerlo.

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