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Pelayo Botas García-Barrero

El análisis de Pelayo Botas García-Barrero: Ganar hoy, jugar mañana

Sobre la primera victoria del Oviedo del curso

Isfan celebra la victoria del Oviedo en Albacete.

Isfan celebra la victoria del Oviedo en Albacete. / Carlos Gil-Roig

El Real Oviedo regresó de Albacete con lo más importante que existe en el fútbol: los tres puntos. El 0-1 del Carlos Belmonte, con gol de Pablo Sáenz, supone además la primera victoria de la temporada y seguramente servirá para liberar al equipo de cierta ansiedad después de un inicio en el que los resultados no habían acompañado. Ganar fuera de casa siempre tiene mérito y más cuando necesitas hacerlo. Eso es indiscutible. Pero una cosa no debe impedir analizar la otra.

Calero sorprendió modificando el dibujo y apostando por una estructura de tres centrales, dos carrileros y un único delantero. Una decisión perfectamente válida y que puede aportar muchas soluciones durante la temporada. El problema no estuvo tanto en el sistema como en la interpretación que hizo el Oviedo del mismo. Durante demasiados minutos vimos un equipo muy hundido, con poca capacidad para tener el balón y demasiado pendiente de defender cerca de su propia portería. Ante un Albacete que, sobre el papel, debería estar varios escalones por debajo en cuanto a aspiraciones y potencial de plantilla, fue el equipo manchego quien llevó durante muchas fases el peso del encuentro. Defender con cinco atrás no significa necesariamente defender bajo. Esa es una diferencia importante. Con tres centrales puedes ser un equipo agresivo, presionar hacia delante y utilizar a los carrileros para saltar sobre los laterales rivales. Pero para hacerlo necesitas que todo el bloque tenga muy claro quién salta, cuándo salta y qué jugador ocupa el espacio que deja el compañero.

Y ahí vi uno de los principales problemas del Oviedo. Especialmente cuando el Albacete llegaba a zona de tres cuartos, daba la sensación de que existían dudas sobre quién debía abandonar la línea para ir a presionar al poseedor. Esa indecisión provocaba que el equipo fuese retrocediendo metros casi de manera natural. Uno no salía porque esperaba al compañero, el compañero tampoco porque tenía otra referencia y, cuando queríamos darnos cuenta, los once estaban prácticamente defendiendo alrededor del área de Aarón. Y vivir tan cerca de tu portería durante tantos minutos siempre tiene un precio.

Afortunadamente, Aarón volvió a aparecer cuando más se le necesitaba y sostuvo al equipo en los últimos minutos. Tener un portero capaz de ganarte puntos es un lujo, pero el objetivo debe ser necesitarlo cada vez menos. También hay que contextualizar el partido. Las lesiones condicionaron las posibilidades de Calero y el propio técnico reconoció posteriormente que el sistema estuvo en parte determinado por los jugadores disponibles. Eso explica algunas decisiones, aunque no elimina la sensación de que el Oviedo todavía tiene mucho margen para crecer. Me quedo con los tres puntos, con la portería a cero y con la capacidad del equipo para sufrir y competir. Pero este Oviedo tiene plantilla y argumentos para aspirar a algo más que sobrevivir a los partidos.

Ganar era necesario. Ahora toca crecer. Empezando por el domingo a las 16:15 en el Carlos Tartiere, tarde de muchos reencuentros.

¡Hala Oviedo!

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