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Las tres bellezas del ser humano

Una lectura de las relaciones interpersonales

De los tres componentes que cabe destacar del ser humano, a saber: la belleza física, la del trato y la belleza interior, ¿cuál es para el lector la que mayor valoración se le debe otorgar? Sin duda alguna, para nosotros, la última, la de la belleza interior, ya que es la que de verdad merece la pena valorar y tener en cuenta a la hora de hacer una amistad.

En efecto, la verdadera belleza está en el interior. Alguna vez hemos escuchado que la belleza empieza desde el interior. Hay quien no lo cree, pero esta frase es totalmente cierta, y es obligado añadir que de nada sirve que una persona sea muy hermosa físicamente si interiormente es tóxica y muy negativa. Y aunque la primera apariencia suele ser engañosa, no dudemos que el exterior siempre es un reflejo interior. Por eso cuando conocemos por primera vez a una persona, si está prevista fomentar la amistad en el tiempo, nuestra capacidad de observación primero ha de fijarse en la belleza interior y luego en la del trato. Claro que si esta ya de antemano nos permite valorar su carácter hosco, poco agradecido, no contribuirá, en absoluto, a cultivar y prolongar la relación para que se fragüe una sólida amistad. Eso es claro, no sé si les pasará eso a todos los lectores, pero a nosotros nos suele ocurrir. Quizá, para alcanzar esta concepción que tiene como fin la amistad, no se comienza a valorar hasta superada la mayoría de edad, a la par que debe ir acompañada de una sólida capacidad de observación.

Son bastantes las personas que cuentan con una especie de don especial para confundir a los demás en una apreciación aceptable del comportamiento de quien tiene capacidad para engañar con su primera impresión y le prejuzguen prematuramente a la hora de valorar la impresión causada.

Dicho todo lo cual, la amistad es la relación afectiva entre dos o más personas, es una de las relaciones interpersonales más comunes que la mayoría de las personas tienen en la vida. Tiene presencia en distintas etapas de la vida y en diferentes grados de importancia y trascendencia, relación afecto, simpatía y confianza que se establecen entre personas que no son familia.

Digamos, por último, que estos problemas de valoración interior de las personas no se pueden medir en los seres anacoretas o misántropos, porque ellos no dan la oportunidad de conocer su interioridad. Y es que concretamente la misantropía es una actitud social y psicológica caracterizada por la aversión general al género humano, es decir, suelen ser ariscos, asociales e inaccesibles.

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