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El Museo de la Sidra de Asturias, la gran casa de la bebida regional

El espacio expositivo y cultural, ubicado en Nava, dirigido por Juan Stové, cumple 30 años en la defensa y difusión de la cultura sidrera asturiana, reconocida Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco

Museo de la Sidra, en Nava

Museo de la Sidra, en Nava / LNE

R. S.

En el corazón de Nava, epicentro simbólico de una tradición profundamente arraigada, el Museo de la Sidra de Asturias afronta 2026 como un año clave. Se cumplen tres décadas desde su apertura (1996–2026), y lo hace en un momento de crecimiento y redefinición que busca consolidarlo como la gran Casa de la Cultura Sidrera Asturiana. Más allá de la efeméride, el museo se encuentra inmerso en una etapa de renovación estratégica que aspira a reforzar su papel como referente cultural de toda la región.

El eje central de este nuevo impulso es la defensa y difusión de la Cultura Sidrera Asturiana, entendida como un patrimonio singular, diferenciado y reconocido internacionalmente. No se trata de hablar de cultura sidrera en términos generales, sino de reivindicar la especificidad asturiana, la única que cuenta con el aval de la UNESCO. Este reconocimiento implica una responsabilidad: preservar, investigar y transmitir una tradición que abarca no solo la producción de sidra, sino también rituales, lenguaje, gastronomía y formas de sociabilidad.

En cifras, el museo refleja una evolución positiva. Con alrededor de 24.000 visitantes anuales y un crecimiento sostenido del 20% desde 2023, el interés por este espacio no deja de aumentar. Este auge responde tanto al atractivo turístico como a la creciente conciencia sobre el valor del patrimonio cultural. Sin embargo, el reto no es solo atraer más público, sino enriquecer su experiencia. Por ello, se plantea una transformación de los contenidos y espacios hacia propuestas más artísticas, inmersivas y emblemáticas, capaces de conectar emocionalmente con el visitante.

Al frente de este proceso se sitúa Juan Stové, director desde 2023. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Castilla-La Mancha y con una trayectoria de 30 años en el ámbito de museos y exposiciones, Stové aporta una visión contemporánea que combina sensibilidad artística y conocimiento técnico. Su objetivo es claro: convertir el museo en un organismo vivo, donde la cultura sidrera no solo se exponga, sino que se experimente y se sienta. El museo depende de la Fundación de la Sidra, una entidad que agrupa a 13 patronos entre instituciones públicas y privadas. En ella participan diversas consejerías del Principado, ayuntamientos como los de Gijón, Oviedo, Villaviciosa o la propia Nava, así como entidades como Caja Rural de Asturias, Otea o ASA. Esta estructura refleja el carácter colectivo del proyecto y refuerza la idea de que el museo trasciende el ámbito local para convertirse en un símbolo de toda Asturias.

Uno de los grandes objetivos estratégicos es precisamente potenciar ese carácter regional. El museo quiere proyectarse más allá de sus instalaciones físicas, estableciendo acuerdos de colaboración con entidades clave como el Consejo Regulador DOP Sidra de Asturias, el Real Grupo de Cultura Covadonga, el Club Natación Santa Olaya o la Escuela de Hostelería de Gijón. También se contemplan alianzas con colectivos como la Asociación de Apicultores de Asturias o ARCA, generando un tejido de համագործ cooperación que permita integrar la cultura sidrera en múltiples ámbitos de la sociedad.

El equipo humano del museo, compuesto por Delmi, Paula, Nacho y Claudia, es otro de sus pilares fundamentales. Su labor diaria no solo garantiza el funcionamiento del centro, sino que impulsa nuevas iniciativas orientadas a diversificar la oferta cultural. Entre ellas destacan cursos y talleres que permiten al público adentrarse en aspectos concretos de esta tradición: desde la poda de los manzanos hasta el escanciado, pasando por catas, maridajes o celebraciones como los amagüestos.

Dimensión educativa

La dimensión educativa ocupa un lugar prioritario en esta nueva etapa. El museo busca intensificar la relación con colegios e institutos de toda Asturias, desarrollando actividades específicas adaptadas a los currículos escolares. El objetivo es que las nuevas generaciones no solo conozcan la cultura sidrera, sino que la integren como parte de su identidad. En este sentido, la colaboración con colectivos como FASCAS permitirá ampliar el alcance de estas propuestas y generar experiencias compartidas.

Asimismo, el museo se plantea como un espacio abierto y versátil, capaz de acoger eventos culturales, sociales y empresariales. Esta apertura no solo diversifica su actividad, sino que contribuye a reforzar su papel como punto de encuentro dentro de la vida cultural asturiana. La implicación de los patronos y colaboradores será clave para desarrollar acciones también fuera del propio museo, extendiendo su influencia a otros territorios.

En paralelo, la Asociación de Amigos del Museo de la Sidra desempeña un papel relevante en la profundización de la vertiente gastronómica. A través de cursos sensoriales, catas y espichas, se exploran nuevas formas de acercarse a la sidra, poniendo en valor su riqueza organoléptica y su capacidad para generar experiencias colectivas. La modernización del museo también pasa por la incorporación de herramientas digitales. En este contexto, la app “Sicera”, evolución de “Sidrera”, se perfila como una plataforma de referencia tanto para profesionales como para el público general. Su objetivo es centralizar información, facilitar la difusión de actividades y convertirse en un recurso útil para quienes desean explorar la cultura sidrera en profundidad.

Otro de los aspectos clave en esta nueva etapa es la adaptación de los horarios de apertura a la demanda real del público. La eliminación del cierre al mediodía responde a la necesidad de ofrecer mayor flexibilidad, especialmente en un contexto turístico en crecimiento. Esta medida, aparentemente sencilla, refleja una voluntad clara de situar al visitante en el centro de la estrategia. En definitiva, el Museo de la Sidra de Asturias encara su 30 aniversario con una visión ambiciosa y coherente. Más que un espacio expositivo, aspira a ser un motor cultural capaz de dinamizar el territorio, fortalecer la identidad asturiana y proyectar al mundo una tradición única. En un equilibrio constante entre pasado y futuro, el museo se reafirma como guardián y, al mismo tiempo, impulsor de una cultura que sigue viva, evolucionando sin perder sus raíces.

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