Entrevista | Raquel Alonso Álvarez Profesora titular de Historia del Arte y Musicología de la Universidad de Oviedo
“Espero que este milenario marque la recuperación del esplendor de Cornellana, es algo que llevaba doliendo muchos años”
"Una parte del monasterio tiene que estar al servicio de la comunidad, y tener una función social. Pero también es importante que pueda intervenir la iniciativa privada"

Raquel Alonso Díaz
Ángela Rodríguez
A través de las vidas y el poderío, en el más amplio sentido de la palabra, de las nobles Cristina y Enderquina, la experta Raquel Alonso Álvarez ofrecerá, esta tarde, una radiografía del Monasterio de San Salvador de Cornellana. Entre el 1024 de su fundación y el “giro europeísta” de 1122. Profesora titular del Departamento de Historia del Arte y Musicología de la Universidad de Oviedo confía en la completa restauración del cenobio salense. (“De esta va”). Y apuesta por la compatibilidad de futuros usos sociales y alguna iniciativa privada.
-De Cristina a Enderquina… ¿Por qué las eligió a ellas para adentrarse en la historia del monasterio?
-Buscaba un hilo conductor para la historia del edificio románico, desde su establecimiento. Ya casi todo el mundo sabe que Cristina es la fundadora, en 1024, del primer monasterio de Cornellana que tenemos documentado. Y Enderquina es la condesa, casada con Suero Bermúdez. Él pertenecía a la familia de Cristina, era descendiente, y son los que recuperan el patrimonio monástico, lo reorganizan y lo donan a la congregación borgoñona de Cluny. En 1122. Quise hacer una especie de salto entre 1024 y 1122, ese giro europeísta que hace posible la donación.
-¿Era común, en la época, que las mujeres de su clase fundaran este tipo de monumentos?
-Las mujeres en la Edad Media Europea, durante el primer periodo, desempeñan un papel importante, siempre dentro de los límites. Porque las mujeres no desempeñamos un papel realmente importante casi hasta hace cuatro días. En la Alta Edad Media europea desempeñan un papel importante en la conservación del linaje. No es infrecuente que estén al frente de instituciones o acciones que tienen como objetivo preservar la memoria de sus familias, aristocráticas o regias, que funcionan además como un elemento propagandístico y una plataforma de poder.
-¿Cuándo se diluye ese poder?
-Las mujeres, en Europa, empiezan a perder capacidad de maniobra porque dejan de tener acceso a la herencia. Empiezan a imponerse, en época post Carolingia, un sistema de herencia que prima al varón de mayor edad, al primogénito, lo que luego en España se llamará el Mayorazgo. Esto no sucede en los reinos occidentales hispánicos y las mujeres siguen teniendo importancia en este papel de conservación memorial. Además, cuando se instalan en monasterios de linaje, es muy frecuente que sean ellas quienes los controlan.
-¿De qué manera?
-Sabemos que hay mujeres de las familias altas aristocráticas que residen en monasterios sin ser monjas, que los utilizan como una especie de plataforma nobiliaria. Siguen utilizándolos como sistema de conservación de poder, por ejemplo organizando panteones funerarios de la familia en ellos y, además, imponen en cierta medida algunas de las exigencias. El ejemplo de Cristina es muy evidente. A pesar de que se propuso la posibilidad de que Cornellana haya sido fundado como un monasterio doble, es decir con comunidad femenina y masculina, el documento fundacional no deja lugar a dudas, se refiere a una comunidad de hermanos. Sin embargo, Cristina consigue el compromiso de que la alojen, porque estaba viuda en ese momento. Muchos de esos monasterios abogan por convertirse en una especie de casas de retiro de las damas viudas de la aristocracia. Ese papel lo desempeñó también San Pelayo en Oviedo. Este tipo de estructuras en la que, por una parte, las mujeres siguen conservando esa capacidad de maniobra.
-¿Convivió con los monjes?
-Ella residió en el Monasterio probablemente, no sabemos en qué condiciones materiales. No sabemos qué grado de separación había entre estas mujeres alojadas y una comunidad masculina. Y también es cierto que era más frecuente que se alojaran en comunidades femeninas. Pero también hay casos de este tipo. ¿De qué manera se armonizaba esa coexistencia que ahora nos parece tan desconcertante? Eso casi nunca estamos en condiciones de reconstruirlo, porque la información material de los monasterios, incluso de los que se conservan arqueológicamente, no es nunca definitiva a este propósito. Sí sabemos, por ejemplo, que había comunidades femeninas, hay algún caso documentado en ejemplos ingleses alto medievales, que tenían contactos con miembros masculinos de la comunidad. Y no hablo de casos escandalosos, sino de una coexistencia cotidiana normal, que no se percibía de manera negativa moralmente. Tenemos una estructura monástica en la mente que empieza a estabilizarse entre los siglos XI y XII, pero las estructuras anteriores eran mucho más laxas y permeables. Y difíciles de definir.
-¿Cambió mucho esa coexistencia con la “segunda donación” del Monasterio de Cornellana a Oviedo?
-Miguel Calleja es la persona más apropiada para explicarlo porque lo estudió. Parece ser que existió un cierto arrepentimiento de la donación del monasterio. El mismo Calleja propone que quizá fuera porque en una orden mucho más estricta probablemente la casa aristocrática haya dejado de tener la posibilidad de colocar a las damas de la familia en él.
-¿Qué hay de Enderquina? ¿Qué papel juega?
-Es la condesa. Conservamos aún en el monasterio, aunque cambiada de sitio, la lápida funeraria con el epígrafe de Suero Bermúdez, en él se dice que es el constructor de la casa, suponemos que del monasterio. No sabemos hasta dónde llegó el alcance de la construcción de Suero Bermúdez, que murió diez años antes de Enderquina. Porque en un códice posterior se indica quién promovió la construcción de los claustros y refiere a Enderquina. A pesar de esa tensión que se produjo en este quizá arrepentimiento de la entrega a Cluny, siguió protegiendo la fábrica y promoviendo la construcción monástica, probablemente viuda. Exactamente en qué condiciones no lo sabemos, pero ella sigue velando por la memoria familiar. También ella es enterrada en Cornellana, aunque no se conserve el epígrafe que copió Jovellanos. Aunque la orden sea una orden reformada que se rige por disposiciones más estrictas, parece que en este territorio las mujeres siguen desempeñando un papel importante.
-¿Qué otros aspectos hacen tan especial el Monasterio de Cornellana?
-Cuando no conservamos restos nos resulta muy difícil hacernos idea de la importancia de un monasterio. Cristina era una dama de la Familia Real, era hija del rey y la de Cornellana es una fundación importante. Se conserva en el documento de fundación el ajuar litúrgico, todos los elementos que se entregan para el culto. Y es una lista de cierta importancia y riqueza. Muchas veces hay muchos elementos que no se conservan que fueron extraordinariamente importantes. El monasterio barroco, toda la ampliación, es tan apabullante, que olvidamos la relevancia que tuvo Cornellana en esa época. Las piezas del claustro, de un taller del sur de Francia, quiere decir que Enderquina, con toda probabilidad tenía fondos e interés en traerse a un cantero relevante que está trabajando en Toulouse en esta época. Eso me gusta destacarlo, porque es muy fácil hacernos idea de lo importante que es Valdediós, pero cuando conservamos menos restos es más complicado.
-La conservación del conjunto de Cornellana costó mucho, el pueblo se volcó…
-Ha sido muy importante la acción ciudadana en Cornellana. Hay que destacarla, porque es muy importante que las personas normales tengan ese interés en la conservación de su patrimonio. Espero que este milenario marque por fin la recuperación del esplendor de Cornellana. Es algo que llevaba doliendo muchos años. Yo creo que de esta va. Estamos todos deseando que se recupere el monasterio y que vuelva a contar con un edificio en buen estado de conservación que podamos enseñar dignamente.
-¿Se moja con los futuros usos?
-En Europa, afortunadamente, tenemos un patrimonio muy extenso. Es imposible pretender que el Estado se ocupe de todos los edificios en todas sus dimensiones, instalando centros culturales, porque eso hay que mantenerlo. Por supuesto, una parte tiene que estar al servicio público, de la comunidad y la propia historia monástica. Y tiene que tener una función social, en su sentido más amplio. Pero también es importante, en edificios de estas dimensiones, prever utilidades en las que pueda intervenir la iniciativa privada de alguna manera. Para que se pueda sostener con mayor facilidad. Otra cosa es cual es la mejor opción, eso ya requiere un estudio detallado que me imagino que es lo que se estará haciendo en este momento.
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