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Marcos González apuesta en Salas por una food truck que no es lo que parece

"La hostelería me gusta, pero estaba un poco saturado y esto es diferente y te permite ir donde hay gente", cuenta el emprendedor

Marcos González este fin de semana despachando en su food truck en Pola de Allande.

Marcos González este fin de semana despachando en su food truck en Pola de Allande. / R. T. C.

Salas

Una food truck es un camión o furgoneta que está acondicionado para vender y preparar comida. Sin embargo, la food truck que Marcos González acaba de montar en Salas es un poco diferente, pues, más bien es un contenedor de obra adaptado que desplaza a bordo de un camión. "Llevo muchos años dedicándome a la hostelería, me gusta, pero estaba un poco saturado, por eso decidí construir una food truck. Lo mejor es que te permite moverte e ir a donde hay gente, no tienes que estar esperando en tu local a que venga el cliente", cuenta de este proyecto que nació con las Fiestas del Bollo, en la capital salense.

"Dame la brasa" es el nombre de la food truck de este allandés afincado en Salas. "Lo que adapté es el contenedor y lo cargo en un camión portacontenedores. Además, la idea es tener dos diferentes, ya que estoy preparando uno especial para hacer parrilla", cuenta González, contento con los primeros pasos de este proyecto. Dice que lo de la food truck lo tenía en mente desde hacía tiempo, pero un día al pasar por la empresa de carrocería de Villazón vio lo que estaba buscando. "Así que compré un camión y dos contenedores. Con el mismo vehículo puedo mover dos cajas. Por dentro es como una cocina de un restaurante pero en pequeño, tiene parrilla de gas, freidoras, cámara-nevera de frío, horno...", explica González.

Imagen del camión con el contenedor.

Imagen del camión con el contenedor. / R. T. C.

Cuenta que su objetivo es convertir las costillas a la parrilla y los criollos en su especialidad, aunque, de momento, lo que más pide el cliente son las hamburguesas. "Es lo que ofrece todo el mundo, por eso, nuestra idea es distinguirnos", añade este hombre que combina esta iniciativa con otros negocios. De hecho, regenta un albergue en La Espina y, junto a su mujer, se hicieron cargo del estanco de Salas, que llevaba un año cerrado. "Decidimos emprender y tirar del pueblo, de momento, no hay queja", relata.

Cuenta González que se hizo autónomo casi por necesidad, ya que tuvo un accidente y le quedó un brazo mal. Con la discapacidad le costaba encontrar un empleo estable, por lo que decidió emprender. "La cabeza no me para", bromea. Reside en Salas y ve con buenos ojos el municipio: "Lo veo con muchas posibilidades, crece poco, pero crece y, además, el Ayuntamiento ayuda en todo lo que puede".

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