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La confitería La Gran Vía se despide de Salas tras casi 40 años: "Más que un trabajo, ha sido una forma de vida"

Gustavo y Vidalina Fernández echan el cierre el próximo 30 de noviembre con un balance más que positivo

Gustavo y Vidalina Fernández en la barra de su confitería.

Gustavo y Vidalina Fernández en la barra de su confitería. / Marcos Francos Segurola

Marcos Francos Segurola

Salas

Ha sido un año especial para Salas. La localidad ha tenido la mayor cifra de visitantes de su historia y a ello han favorecido los numerosos eventos que a lo largo del 2025 han tenido lugar. En todos ellos, la confitería La Gran Vía ha sido un punto de encuentro clave durante 37 años. Agradecidos con el pueblo, que consideran repleto de "personas maravillosas", Gustavo Fernández y Vidalina Fernández echan el cierre el 30 de noviembre con una “despedida feliz”.

Llevar un bar es para ellos una “forma de vida”. “No puedes ver esto como un trabajo porque te amargaría”, explican y añaden que “esta mesa del bar para nosotros es la salita de casa”. Gustavo Fernández detalla que ha llegado a estar entre las paredes del bar hasta 20 horas, un dato que aporta mientras subraya que ama su labor, y mientras afirma que es “parte de mi vida” haber vivido fiestas y fechas señaladas como la Nochebuena con el calor del pueblo salense.

Comienzos difíciles

Fue un tío pastelero quien dio la idea a los dos dueños de abrir el local. “No teníamos trabajo y nos dijo que siempre tuvo ganas de abrir una pastelería en Salas”, recuerdan. Con esa idea, se trasladaron a una escuela de hostelería de León para aprender lo necesario y empezar.

Gustavo y Vidalina Fernández reconocen que los cuatro primeros años fueron los más difíciles ante el “poco rendimiento” frente a las “muchas horas de trabajo”. Fueron doce los años que los dos hosteleros estuvieron en ese primer espacio.

Tras esas dificultades iniciales, el negocio comenzó a funcionar tan bien que resultó necesario desplazarse a Calle de la Pola, donde han trabajado desde entonces. “Económicamente este local fue mucho mejor”, afirman. “Esto era más amplio, tenía mejores instalaciones y más capacidad para los clientes”.

Importancia del aprendizaje

Gustavo Fernández tiene claro que, si rectificase algo 30 años atrás, sería el no haber trabajado en algún sitio para coger experiencia. “No empezaría solo como empezamos, primero cogería experiencia y luego abriría”, indica. Así, aconseja a los jóvenes hosteleros a formarse primero, ya que “ahora comienza a haber muchas escuelas de hostelería”, lo que considera “positivo total”.

El aprendizaje, en sus muchas facetas, es otra de las cosas que más valoran Vidalina y Gustavo de sus clientes. “Aquí conversas y aprendes de todo, tan pronto te hablan de vacas como de fútbol”, apuntan. “Eso también es una escuela”.

A ellos dedican las casi cuatro décadas en activo, y expresan que la relación “no es de cliente” sino de “amistad”. Sin mencionar a nadie en específico, expresan sentirse agradecidos “con todos”. Gustavo recuerda especialmente a un hombre que empezó a acudir a ellos por vender tabaco. “Aquí al ser confitería teníamos más mujeres en la clientela, pero él empezó a venir por eso y al final vino con un grupo espectacular”, rememora.

Confianza en la tradición

El paso del tiempo ha hecho evolucionar tanto el trato al cliente, como las maneras de llevar un negocio. Vidalina y Gustavo expresan que ellos sienten la familiaridad de siempre y quizás “más clientes en los desayunos” en los últimos años.

Las horas dedicadas a atender a los asistentes no les han permitido promocionar en redes el negocio. Sin embargo, su gran labor ha hecho que los propios clientes patrocinen la Confitería y con ello atraigan a ese mayor número de clientes. Esa faceta clásica la defienden también en sus productos. “Siempre hemos hecho los productos de la misma manera, en cuanto a tecnología nosotros no hemos cambiado”, expresan con confianza.

Futuro del local

“No es una despedida triste, es una despedida muy feliz”, subrayan ambos. Salas cierra ahora el local que durante casi 40 años ha sido punto de encuentro para todos los vecinos.

A pesar de ello, Vidalina y Gustavo plantean la opción de alquilar. Y así, reavivar el corazón del valle podrá ser una opción para los interesados. Según confirman los propietarios, la lista comienza a fraguarse.

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