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La morcilla de La Venta, una referencia de Salas: una receta tradicional y más de 70 años de historia de trabajo

José Luis y Faustino Fernández, tercera generación al frente de la fábrica, encabezan un negocio que prima la cercanía con sus clientes: "Agradecen el trato directo"

Embutidos La Venta, tradición en el corazón de Salas: más de 70 años elaborando morcilla y chorizo de forma artesanal

Christian García

Mallecina (Salas)

Tocino blanco, grasa, sangre, sal, pimentón y, a diferencia de otras variedades, cebolla. Esa es la receta tradicional de la morcilla asturiana y la que, desde hace más de medio siglo -concretamente, desde principios de los años 50-, se elabora en la fábrica Embutidos La Venta, una empresa ubicada en Mallecina y que actualmente regenta la tercera generación de la familia. José Luis y Faustino Fernández son quienes ahora lideran el negocio, el cual fue fundado por su abuelo y posteriormente asumido por su padre.

Cada mañana, sobre las siete y media, los dos hermanos, de 56 y 52 años respectivamente, traspasan el portón de acceso a la nave, donde sin apenas haber amanecido, ya comienzan con la elaboración de los embutidos, un producto que trabajan con mucho mimo, tal y como los grandes aficionados de la morcilla o el chorizo pueden esperar de un producto casero.

Picar y adobar

Todo comienza los lunes, día en que reciben la mercancía. A primera hora, lo más importante es picar y adobar la materia prima, la cual, destacan, llega desde el concejo vecino, Grado, mientras que los cerdos lo hacen desde Castilla. Con ello, además de morcilla, elaboran chorizo, criollo y salazón. Las cantidades producidas a la semana pueden superar los 1.000 kilos e incluso alcanzar los 1.200, lo que da buena muestra de la ardua tarea de los hermanos González. "Aquí no hay horario. Llegamos a las siete de la mañana y podemos alargarnos hasta las seis", destaca José Luis.

Sin embargo, la elaboración no es la única labor que llevan a cabo. Después de preparar los embutidos, toca el papeleo, hacer cuentas gastos e ingresos, asegurarse de que los números son correctos. "La burocracia se hace bastante pesada, requiere su tiempo y dedicación", comentan.

El reparto

Tras ello, comienza la tercera pata del negocio. "En cuanto acabamos aquí, toca ir a repartir", comenta Faustino, que explica que pese a que la carga de trabajo "es bastante fuerte", tanto él como su hermano "nos hemos acostumbrado, al fin y al cabo, llevamos toda una vida aquí".

"Somos herederos de la casa, conocemos el sistema", señalan ambos hermanos, y es que su vínculo con la fábrica de embutidos familiar, como en muchos otros casos, surgió "desde críos", viendo a su padre, José Antonio, realizar las mismas labores que llevan a cabo ahora ellos, a excepción de una, la crianza y matanza de cerdos. Y es que, en las mismas instalaciones donde ahora trabajan Faustino y José Luis, su padre se encargaba de sacrificar él mismo a los animales para luego realizar las elaboraciones. "Antes la producción era íntegra, desde la cría hasta la elaboración", detallan. Sin embargo, explican, con el paso de los años su padre decidió dejar atrás esta parte del negocio, a finales de los años noventa. Antes, su abuelo también sacrificaba a los animales, pero no en la nave, sino en el exterior.

La clave del éxito

Con el paso de los años, el negocio ha cambiado en general, pero en La Venta se mantienen convencidos de que el trato personal es una clave de éxito. Por ello, mantienen como base la venta directa al cliente. Pese a la proliferación de Internet y el comercio online, la fábrica salense opta por la tradición. "No tenemos demasiado tiempo para ello. Tampoco nos lo hemos llegado a plantear nunca, pero nos va bastante bien así", comenta José Luis, quien junto a su hermano prima al público cercano y las tiendas. "Muchos clientes vienen aquí a comprar directamente. Agradecen el trato directo", añaden.

Ese es uno de los sellos de La Venta, que aún conserva clientes desde hace casi cinco décadas y que, o bien acuden a la nave, o se desplazan hasta su local en Pravia, en el mercado, donde acuden los jueves por la mañana. Allí, venden carne de cerdo fresca, chorizo y morcillas.

Última generación

Aunque a los hermanos aún les queda cuerda para rato, ambos explican que son conscientes de que su periodo laboral encara la recta final. Pese a la larga tradición familiar, que en unos años sobrepasará las ocho décadas, José Luis y Faustino creen el negocio terminará a la par que ellos. "No creemos que nuestros hijos sigan nuestro camino. Tienen otras aspiraciones. Posiblemente, seamos la última generación", aseguraron los hermanos, que no ocultan que, por una parte, lo ven "con pena", pero que también existe una parte de alivio. "Si empezase otra generación, habría que echarles una mano, quieras o no", explicaron los hermanos Fernández, que tras terminar de amarrar las morcillas, apenas superadas las diez de la mañana, se disponen a limpiar el espacio antes de continuar con sus labores diarias.

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