Juan Ramón Ríos, el veterinario de Jaén al que todos quieren en Salas: "Los maestros no daban un duro por mí, pero la incapacidad nunca me limitó"
El joven, de 26 años, tiene una discapacidad en el brazo derecho, causada por el Síndrome de Poland, que le llevó a pasar por el quirófano: "Mis padres no me limitaron, así que no tengo complejo"
Llegó a La Espina tras terminar la carrera en Córdoba: "El trabajo de veterinario rural es muy duro y no se valora"
El veterinario Juan Ramón Ríos Pérez ha revolucionado las ganaderías del concejo de Salas con su alegría y buen carácter. Este joven de 26 años, natural de Bélmez de La Moraleda (Jaén), se ha hecho un hueco en los corazones de los ganaderos a los que visita desde que comenzó a trabajar hace dos años en el Centro Técnico Veterinario de La Espina. Con su personalidad abierta y un gracejo que solo le puede dar el haber nacido en Andalucía, se ha convertido en uno de los vecinos más queridos del municipio.
"Yo soy así, natural, como me ves, es verdad que al principio me sentía un poco solo, pero, poco a poco, con la ayuda de ganaderos como Gustavo Borra o José Luis y Mari del Couz, que me dieron una acogida increíble, me fui sintiendo cada vez mejor. Me resultó mucho más fácil adaptarme gracias a toda la gente que me ayudó y pese que aquí no me ata nada, estoy muy feliz", comenta el joven veterinario, que comenzó a trabajar en Salas en abril de 2024, aunque ya había realizado unas prácticas desde enero de ese mismo año.

Juan Ramón Ríos en plena cirugía a una vaca. / R. S. A.
Ríos, nieto de pastores y vaqueros de la Sierra Mágina, nació en Bélmez en julio de 1999 en una casa frente a la famosa vivienda donde aparecen "Las caras de Bélmez", rostros de aspecto fantasmagórico, considerados por la parapsicología como un fenémeno paranormal y que tanta fama le han dado al pueblo jienense. Una vida pegada al campo y a los animales que le llevó a estudiar veterinaria en la Facultad de Córdoba.
Aunque era buen estudiante accedió a Veterinaria por la incapacidad del 37% que tiene debido al Síndrome de Poland por déficit de irrigación de la arteria axilar que tiene de nacimiento. Llegó a este mundo con el brazo derecho más corto y tuvo que pasar por una temprana operación que le dejó dos dedos en la mano. Pero hay que verle manejarse con el ganado, nada le impide hacer su labor.

Juan Ramón Ríos prepara un medicamento para una vaca. / Sara Arias
"Los maestros no daban un duro por mí, pero soy un tío con mucha suerte y estudié mucho en la carrera, que es muy difícil. La incapacidad nunca me impidió hacer nada y mis padres no me han limitado, así que no tuve nunca complejo por ello, de gordo sí, pero es que no paro de comer", señala entre risas. La fortuna le siguió acompañando y a través de un compañero de veterinaria al que había conseguido un empleo en Córdoba, consiguió el trabajo en La Espina justo al terminar la carrera.
Asturias lo tiene todo
En Salas se encuentra feliz y encantado con la oportunidad, aunque el trabajo de veterinario rural "es muy duro y no se valora". Se pasa desde primera hora de la mañana a última de la tarde recorriendo con su furgoneta los pueblos del concejo yendo a inseminar unas vacas a Villazón o a poner unas vacunas a Arcellana. "Lo que más me gusta es cuando haces una cirugía de cesárea y que vivan los dos, la madre y la cría, eso es muy reconfortante", dice.
Allá donde llega es recibido con mucho cariño por los ganaderos. En Casa Balsera de Casazorrina alguien pregunta desde la ventana: "¿Dónde está mi veterinario favorito?" mientras se dispone a anillar un toro en la cuadra. Después, si tiene tiempo, siempre toma un refresco o un café y charla con los ganaderos, "pero casi siempre voy con prisa", lamenta. Los avisos no paran de sonar en el teléfono, que va atendiendo en los huecos que le deja la actividad.

Juan Ramón Ríos a punto de anillar al toro "Mimoso" de la Ganadería Balsera de Casazorrina, junto a su propietario, Jesús Balsera. / Sara Arias
"Lo mejor de esta profesión, que tiene unas condiciones muy duras, es que conoces gente muy sabia y en cualquier parte te enseñan algo y aprendes", añade. En Asturias y en concreto en Salas, donde reside, se encuentra fenomenal y muy adaptado. "A veces acabo de trabajar y me acerco a la playa porque me gusta hacer surf, luego tengo la montaña para hacer escalada; así que Salas tiene todo lo que necesito, solo me falta mi gente", reconoce.
Por eso, la cercanía con el aeropuerto y disponer de destinos le permite visitar a la familia en los descansos o ir a pasar unos días con su novia, que vive en Valencia. "Mira si tengo suerte que ella estuvo a punto de volver a su país, a Polonia, pero en el último momento consiguió un trabajo. Ella es ingeniera de Biomateriales y aquí, en Asturias, todavía no ha encontrado nada", resume. La idea es juntarse cuanto antes y todo parece indicar, en base a su buena fortuna, que lo acabarán consiguiendo.
Ríos es ya conocido en todos los pueblos del concejo por los que pasa dejando asombrados a todos con sus excelentes dotes para trabajar con las vacas, su buen humor, dejando alegría y buenas sensaciones a todos los que saluda y, sobre todo, con ganas de seguir aprendiendo. Es ya un salense más y todos esperan que se quede muchos años más.
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