La centenaria Aurora Martínez Fernández, de Cornellana (Salas), con 105 años: "No hay ningún secreto, solo hace falta tener salud"
La mujer, que nació en 1921 en El Castro, recomienda a los jóvenes trabajar y ahorrar, "lo que aprendí, lo aprendí de la vida y de la necesidad"

Aurora Martínez Fernández en la estación de servicio que abrió con su marido, Aurelio García, en Cornellana (Salas). / Sara Arias
"Para ser centenaria no hay ningún secreto, solo hace falta tener salud y nada más", dice a sus 105 años Aurora Martínez Fernández, vecina de Cornellana, en Salas. Tiene el historial médico limpio de cirugías y enfermedades graves, más allá de los achaques propios del paso del tiempo. Una fortaleza física a la que se suma una mente activa que nunca para de pensar. Por eso será que fue una gran emprendedora abriendo varios negocios de diversa índole en el concejo: "Cuando uno emprende a veces sale bien y a veces sale mal, pero hay que ser valiente y hacerlo".
Martínez nació en la localidad de El Castro el 3 de marzo de 1921 "y como todos en aquella época, nos dedicábamos a la labranza e íbamos a la escuela con un candil porque no había luz", recuerda. La vida era dura pero como dice "no nos quedaba otro remedio". En plena adolescencia estalló la Guerra Civil, un período muy marcado en su memoria por las cosas que vivió y vio.
"Lo que más me acuerdo son los aviones, un día íbamos por la carretera y uno tiró una bomba que cayó poco separada de nosotros. Era un tiempo en el que te preocupabas más de que no te mataran que de pequeñeces", afirma. Como en su familia había tierras de labranza sobrevivieron comiendo de la huerta, sobre todo maíz, y bebiendo la leche de las vacas que tenían.
"Después de eso seguimos haciendo vida normal", comenta con la resignada determinación propia de los que vivieron esta trágica etapa de la historia de España. Es una época muy marcada en su memoria, que recuerda con asiduidad y cuando está a punto de contar otra anécdota sobre la guerra sentencia: "La mitad de las cosas de las que me acuerdo es mejor olvidarlas".

Aurora Martínez delante de su casa en Cornellana. / Sara Arias
Pasados los horrores de la contienda, con 23 años, se casó con Aurelio García Pertierra, de La Millariega, del vecino concejo de Tineo, con quien tuvo a su hijo, José Luis García Martínez, a quien se dirige cariñosamente como "este ejemplar" y al que echa mucho de menos los días que se va a jugar al golf y echa varias horas fuera de casa.
Emprendedora
Las ganas de trabajar y mejorar animaron a Martínez y a su marido a abrir una casa de postas en La Espina, cuando el pueblo era un cruce de caminos en la antigua carretera entre Irún y A Coruña. "Allí vivimos de todo, conocimos gente de todos los sitios, estábamos allí el día entero y al siguiente, también".
El negocio funcionó muy bien con clientes fijos de la comarca y un paso interminable de viajeros que encontraban en La Espina un lugar de reposo o donde esperar a que desaparezca la niebla del puerto. "Una vez llegó un americano en un 'haiga' pero en Las Rubias se encontró con la niebla y como estaba asustado y no podía andar, entró en casa. Cosinas de esas, muchas", resume.
Por la década de los sesenta del siglo XX abrieron una nueva línea de negocio con la puesta en marcha de la estación de servicio de Cornellana, que "fue cosa de mi marido y un amigo, que eran incasables trabajadores", detalla. Y ya en 1982 abrieron un hotel y restaurante en La Espina, cerca del antiguo establecimiento."Te pones sin tener cómo, recibes algún desengaño pero de esas equivocaciones aprendes, yo lo que aprendí lo aprendí de la vida y de la necesidad", dice.
Por eso recomienda a los jóvenes trabajar y ahorrar "porque si gastas más de la cuenta, eso se va rápido y cuesta mucho ganarlo". De hecho, aunque lleva jubilada unos cuantos años no ceja en su empeño por trabajar día a día vigilando el puchero con mimo. "Tengo buen pico, soy de buen comer", reconoce con una sonrisa.

Aurora Martínez. / Sara Arias
Ha dedicado su vida a sus negocios y la familia, que ahora disfruta con tranquilidad en los períodos de vacaciones, ya que tiene a sus dos nietos, Marco Aurelio y María Victoria, viviendo en Estados Unidos y Suiza: "Eso es lo malo", subraya rápidamente para añadir a renglón seguido que "si quieren comer, tienen que trabajar". Fuera también tiene a sus bisnietas Laura y Sofía, pero mantiene mucho contacto con ellas a través de llamadas de vídeo y algún viaje a Suiza, a donde planea volver pronto.
Ni el avión a Zúrich se le pone por delante a Martínez, incasable trabajadora que es feliz acompañada de lo que más quiere, su familia, a la que dedicaría otros cien años de esfuerzo y entrega.
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