Opinión
Voceando "La Nueva"
Una bienvenida a la edición digital de este periódico que se ocupará en exclusiva de la información de Salas
Ibas el martes al mercado de Salas, hace setenta años, a hacer los recados y lo primero que te encontrabas, tras amarrar el caballo en el primer "aparcamiento" a teya vana que hubo en la villa para los animales de alforja, eran a unos niños que voceaban "La Nueva" por la calle y que portaban una gavilla de ejemplares de La Nueva España adquiridos en el estanco de Pepín de Pilarina. Y comprabas ya el periódico no fuese a ser cosa que más tarde ya no lo hubiese. Lo doblabas cuidadosamente porque su lectura tenía que alcanzar hasta la semana siguiente.
Años más tarde ya te suscribías en octubre, cuando acababan las faenas de la recogida del maíz y no tenías que ir por la noche a los esfoyones y durante todo el invierno La Nueva España te la traía a diario, domingos y fiestas de guardar incluidos, el cartero de Malleza que iba en bicicleta a la villa a recoger la correspondencia y te lo dejaba en el chigre del pueblo. En abril, con la sementera, ya te volvías a dar de baja porque no había tiempo más que para sembrar el maíz. Pero Correos suprimió primero el servicio de domingo y con posterioridad el del sábado. De viernes a lunes, sin periódico. Era demasiado para un ávido lector de pueblo.
Y no hace aún mucho tiempo "La Nueva" te la traía el panadero. Pero había días que se le olvidaba. Y también quedaba sin periódico el bar del pueblo. Todo esto, naturalmente, agravado porque quedan muy pocos chigres por la zona rural de Salas. Y no vale acercarse hasta la vecina Pravia porque sucede igual.
Llegamos entonces a la revolución digital pero en los pueblos no había cobertura. Y, además, la empresas del ramo argumentaban que no era rentable la instalación para unos vecindarios en declive. Esto, con la fuerte competencia, fue mejorando aunque en la primera oferta que le hicieron al cronista para conectarse a internet le ponían como condición que tenía que tirar un hórreo que estorbaba para recibir una mínima imagen.
Con una paciencia franciscana se consiguen muchas cosas. Por mi parte, estos días me compro unos voladores para lanzarlos en el Alto de Aguión con el fin de celebrar que el cronista –y sus vecinos, claro– a partir de estos históricos días, va a poder leer a diario "La Nueva España" en su especial edición digital con temática íntegra de su tierra de Salas. De esta bendita tierra en la que hace más de setenta años unos niños voceaban "¡La Nueva!" en el mercado de los martes de Salas.
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