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Salas y sus ferias: algo más que un día de fiesta

Las ferias del Occidente son el motor que desde siempre ha vertebrado la historia de Asturias: en Salas, la plaza no fue solo comercio, sino el punto donde la economía se hacía comunidad

Escribir sobre las ferias del Occidente es hablar de cómo hemos sobrevivido como pueblo. No eran solo mercados; eran el motor de la economía y la principal red social.

El trato: cuando la palabra valía dinero

Antiguamente, en Salas no hacían falta abogados. El "trato" era la ley. Si dos paisanos se daban la mano en la feria, eso iba a misa. Era una política basada en la confianza y la reputación. Si faltabas a tu palabra, te quedabas fuera de todo.

De vender por necesidad a vender por orgullo.

La economía ha dado un vuelco total. Antes, la feria era una obligación: se bajaba a vender lo que se producía en casa para mantener la economía doméstica. Era una economía de subsistencia.

Ahora: En este contexto, la Feria del Queso de Salas se erige como un caso de estudio. Ha logrado lo que muchas otras citas han perdido: la capacidad de ser un referente profesional sin abandonar su raíz. No es solo un evento festivo; es un motor económico que fija población y profesionaliza el sector agroalimentario.

Al transformar un producto tradicional en un objeto de prestigio, Salas demuestra que la modernidad no consiste en olvidar el origen, sino en dotarlo de nuevas herramientas de mercado. Es un escaparate profesional. El queso ya no es solo comida, es un producto de prestigio que trae dinero y fama a la zona. Es nuestra mejor "tarjeta de visita".

¿Qué hemos ganado y qué hemos perdido?

Antes, la feria era el único momento para enterarse de las noticias; hoy  las noticias llegan aunque una no quiera, se infiltran en las casas informándonos de lo que sucede a miles de kilómetros en tiempo real. La feria, en definitiva, ha sabido evolucionar de ser una herramienta de supervivencia física a ser el soporte fundamental de nuestra memoria y nuestro futuro económico. Lo que no ha cambiado es la necesidad de vernos. En un mundo donde cada vez se compra más en los grandes centros comerciales, o por internet, la feria de Salas nos obliga a salir a la calle y reconocernos.

Es lo que mantiene viva la Villa.

Las ferias han pasado de ser un mercado de ganado, de productos la huerta, de panes y dulces y huevos, de enseres para el trabajo, de textiles… a ser el corazón de la cultura salense. Ya no bajamos a la plaza solo por el producto, bajamos para que el Occidente siga teniendo voz. Mientras la plaza de Salas esté llena, el pueblo estará vivo.

Por eso, ahora que la primavera siembra de ferias y mercados la región, da gusto ver a quienes recorren sus calles con su compra, sabiendo que se llevan lo mejor mientras sostienen el territorio. Es un privilegio contar con una red de vecinos que mantiene viva la comarca con cada gesto. Con su alegría, con su participación, con su generosidad están regando las raíces de este gran árbol que da sombra a toda la comunidad.

Mi agradecimiento a todos a y todas quienes formáis parte, de una manera o de otra, de este gran ecosistema.

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