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Salas

Federico García Lorca y el concejo de Salas

A mis casi 70 años, con una memoria todavía en uso, estos días recordando el nefasto aniversario del asesinato de Federico García Lorca, solo y exclusivamente por su orientación sexual y sus ideales políticos a manos de falangistas probablemente incultos o analbafetos, me vino a la mente la anécdota del paso efímero por nuestro concejo de uno de los mayores poetas de nuestra historia.

En una de las tardes de tertulia, alegremente acompañadas de vino tinto de León, sidra casera y afuega l’pitu local en el palacio de Doriga con Juan Álvarez Corugedo, dueño del lugar y anfitrión, nos contó cuando el gran poeta y amigo de su padre, Valentín Andrés Álvarez, desde la época donde habían coincidido en la Residencia de estudiantes de Madrid pernoctó o casi en este paraíso rural y medieval de la Asturias profunda.

La relación de Federico García Lorca con Asturias se remonta a la época de la Residencia de Estudiantes, donde mantuvo una buena amistad con el musicólogo, compositor, concertista y organista de la catedral de Oviedo Eduardo Martínez Torner. Este último fue becado en 1916 por la Diputación de Asturias para cursar sus estudios en Madrid, allí se alojó en la citada Residencia y coincidió con Lorca y otros notables personajes de la época como Luis Buñuel, Salvador Dalí, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Severo Ochoa, Unamuno, Valentín Andrés y otros muchos que fueron la flor y nata de la intelectualidad del siglo XX español.

Lorca era muy aficionado a recoger todo tipo de datos etnográficos de las diferentes regiones españolas, especialmente cantos y poemas, y más concretamente coplas de careo vaqueiras. En un disco editado en 1932 en La Voz de tu Amo, en colaboración con la cantante La Argentinita, las interpreta con gran ingenio.

De mano del ministro de educación de la segunda república, Fernando de los Ríos, se crea el grupo ambulante de teatro La Barraca con el objetivo de llevar el teatro clásico español de autores como Calderón de la Barca, Lope de Vega o Cervantes a las zonas rurales y pueblos de España que no tenían acceso a la cultura. En septiembre de 1932 pasaron por Asturias y en la magnífica plaza del Fontán, Tribuna Ciudadana colocó una placa conmemorativa el 27 de septiembre de 1982. Pues debido a dicha estancia en nuestro Principado, su amigo Valentín invitó al poeta a pasar una tarde noche en Doriga.

Cuentan que hubo paseos por la aldea, degustación de sidra y quesos locales, así como varias conversaciones con vecinos. Las noches de septiembre por Doriga suelen ser frescas y, esta noche en especial, fue helada. El poeta se acostó hacia las nueve de la noche en una de las numerosas, grandes y frías habitaciones del palacio. Las muchas mantas de lana zamorana, así con el brasero encendido no fueron suficientes para que el poeta entrara en calor. Hacia las doce de la noche empezó a temblar de frío y, temiendo por su salud, su anfitrión se asustó y decidió trasladarlo a la casona familiar en la villa de Grado. Con la ayuda de las mantas de lana se envolvió al poeta como a un bebé, se le subió a un vehículo Hispano Suiza y salieron Cabruñana arriba, camino de la más cálida villa moscona.

El paso por tierras salenses del insigne fue efímero, pero pasó por aquí. Nuestro increíble concejo guarda muchos misterios y, si la memoria me sigue acompañando, seguiré contando anécdotas locales.

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