26 de octubre de 2018
26.10.2018

Una "vacuna social" para usar mejor el teléfono móvil

Los padres deben exponer a sus hijos menores los modos más ventajosos de emplear las herramientas de comunicación

25.10.2018 | 09:05

Las vacunas son uno de los mejores inventos de la historia de la humanidad. Estos productos biológicos evitan entre dos y tres millones de muertes anuales en el mundo y previenen numerosas complicaciones y secuelas. Desde el pasado día 15, el Principado vacuna a los asturianos que lo necesiten frente a la gripe que vendrá este invierno.

Comprender el funcionamiento de las vacunas no resulta complicado. La persona recibe un pinchazo que contiene el preparado del virus/bacteria muerto o atenuado, nuestro cuerpo lo reconoce y aprende a protegerse fabricando anticuerpos.

La labor de las vacunas es cien por ciento educativa. Con ellas, nuestro organismo adquiere las habilidades suficientes y necesarias para poder enfrentarse a las amenazas microbiológicas con las que podamos encontrarnos en el camino. Por eso, el concepto de "la vacunación" podemos también ampliarlo también al ámbito educativo, académico, familiar y social.

Está claro que la vacuna de la gripe protege frente a la gripe, pero si llevamos esta idea al ámbito de la familia ¿de qué protege la parentalidad positiva? Para muchos el término puede ser poco conocido, pero el binomio de palabras arroja ya pistas sobre su significado. Podemos decir que la parentalidad positiva pone al niño o la niña al frente de los intereses del padre o de la madre (en general de los tutores del menor), cuidando, educando y orientando al infante para que pueda tener el desarrollo más pleno posible. Además, durante el desarrollo son necesarias las normas y el establecimiento de límites. Sí, límites lógicos y consensuados que ayuden al menor a conocer qué puede hacer y cómo hacerlo.

Los padres y las madres son, o deben ser, la "vacuna social" de referencia para enseñarles cómo reconocer los problemas sociales y ayudarles a superarlos. Sin embargo, cuando esto no ocurre, comienzan algunas de las situaciones que los educadores señalan como perniciosas: autoconcepto/autoestima negativa, agresividad, bajo rendimiento, depresión, conductas de riesgo, etc. En el caso de los sanitarios, esto se traduciría en los problemas de salud infanto-juvenil más habituales: obesidad infantil o embarazos no deseados, entre otros.

Si bien esto es algo ya conocido, y muchos padres y madres saben de su importante labor como vacunadores sociales, parece que no está lo suficientemente arraigado cuando hablamos del teléfono móvil de sus infantes. Pongamos un ejemplo que visibilice de qué estamos hablando: recientemente, la Consejería de Educación y Cultura del Principado de Asturias y la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR) presentaron los datos del proyecto "Ciberastur". En diciembre del año pasado, se decía que de los más de 25.000 escolares asturianos que participaron (entre 11 y 18 años) más del 95 por ciento reportó tener su propio teléfono móvil y, entre ellos, hasta el 86,6 por ciento lo usaba diariamente. Si vamos más allá, los escolares nos decían que el 20,6 por ciento (alrededor de 5.000 adolescentes) pasaban diariamente cinco horas o más de lunes a viernes, pero los fines de semana ascendía al 33,2 por ciento (más de 8.000).

En vista de estos resultados, la siguiente pregunta parece clara: ¿Qué pasa con la parentalidad positiva y la gestión de las normas cuando hablamos del uso de estos dispositivos? Sin duda, esta situación requiere de una formación y sensibilidad hacia el tema por parte de los padres y madres para apostar por un uso regulado (quizás por un "contrato" con su hijo o hija) donde se apliquen una serie de limitaciones en el tiempo dedicado, en el tipo de apps disponibles y el uso que hacen y, sobre todo, un control proactivo y positivo por parte de los tutores. Antes de que algún lector se alarme, defendemos que no se debe confundir el respeto a la intimidad del menor con el necesario cultivo de las buenas prácticas. ¿Por qué es importante esta afirmación? La sociedad digital es una oportunidad para el desarrollo personal en muchos campos (relacionados con lo social, la salud, lo educativo y lo económico), pero sin caer en alarmismos, internet no está exento de riesgos potenciales como pueden ser el ciberacoso, el sexting (envío de mensajes con contenido sexual), el online grooming (el acercamiento de un mayor de edad a un menor con fines sexuales a través de los medios online)...

Como siempre, no se trata de decir sí o no al teléfono móvil, sino que la vacunación social, que realizan los padres y madres es de primera necesidad hoy en día.

¡Vuestros hijos e hijas os necesitan para saber qué hacer, cómo sentirse seguros y tener la suficiente confianza con vosotros como para recurrir si os necesitan! La mejor "vacuna social" para los riesgos de internet y su mal uso es la educación que pueden recibir en casa.

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