16 de agosto de 2019
16.08.2019

Cuando los pacientes en chanclas se multiplican

El día a día veraniego en centros de salud como el de Ribadesella se traduce en el doble de consultas, urgencias banales y enfermos a los que atender sin conocer su historial

16.08.2019 | 02:46

Un jueves cualquiera de agosto, el centro de salud de Ribadesella se encuentra tranquilo. Son las cuatro de la tarde y el silencio solo es interrumpido por el zumbido de alguna luz o por una conversación lejana en la recepción de la puerta de urgencias.

La quietud es engañosa. Sólo es una calma momentánea pues quedan apenas unos segundos para que la sala de espera se convierta en un hervidero de gente y la puerta en un fluir continuo de personas entrando y saliendo. Muchas van en chanclas. La situación, la indumentaria, hasta el acento de los pacientes evidencia una realidad: el crecimiento, debido al turismo, de la población susceptible de atención sanitaria que se vive en lugares tan visitados como Ribadesella. Esa realidad es la que encuentra su reflejo en los centros médicos.

"La incidencia de urgencias puede ser de unos quince pacientes por tarde en invierno, y en verano puede llegar a ser de treinta". El doble. Así lo explica el coordinador del centro de salud riosellano, José Francisco Fernández, quien da fe de la cantidad de gente extra que entra en su sala en los días de verano. Unos días en los que las consultas de la mañana tienen que ser reforzadas por la tarde, el momento en el que se atiende sobre todo a turistas, además de las urgencias. Además de él, ese día se encuentran durante la tarde en el centro otro médico, un residente y dos enfermeras para poder cubrir todo el trabajo que se genera. Eso incluye, por supuesto, hacerse cargo de llegar a tiempo a las llamadas de los domicilios.

Y esas jornadas estivales no son solo más largas para los médicos, también son más complejas por las circunstancias especiales que les rodean. "Se hace más complejo atender a gente de fuera por el desconocimiento que como médico tienes de esos pacientes; para nosotros es peor la consulta de la tarde porque con la gente de aquí ya conoces la intrahistoria de las familias", argumenta Fernández. Y bien es conocido que un enfermo es él y sus circunstancias.

Entre las dolencias que se multiplican en estas temporadas estivales están las picaduras de insectos, la gastroenteritis, las intoxicaciones alimentarias o los problemas en los niños. "De lo que llega a nuestros centros, urgencias en general hay pocas, en torno a un treinta por ciento; el resto son cosas banales que podrían esperar, pero hay que entender a esa persona que está en un sitio desconocido y se preocupa por lo que le sucede a sí mismo o a un familiar", considera Fernández.

La realidad en el centro de salud de Ribadesella es la misma que se repite en el resto del Área Sanitaria VI, sobre todo en el centro de salud de Llanes y, en menor medida, en los de Colunga, Cangas de Onís y Posada de Llanes. Así como en otras áreas de alta presión turística, como pueda ser Gijón y otras zonas de la costa.

En todos esos puestos sanitarios, además, cada vez es más común ver pacientes extranjeros, un reflejo de cómo está evolucionando el turismo en los últimos tiempos. "Este año disponemos de un traductor que repartimos a los coordinadores de los centros de salud y esperamos que sea un elemento dinamizador", apunta el gerente del área sanitaria, José Manuel Llera, quien además relata que no es la única novedad estival de este año. "Hemos articulado la fórmula para que en las tardes también pueda haber pacientes autóctonos, por accesibilidad y equidad", explica, para que así no noten tanto los efectos de la llegada del turismo. Y es que, según los datos señalados por Llera, los pacientes que se encuentran de visita en el concejo pueden llegar a igualar en un día a las personas que acuden a ser tratadas y que residen todo el año en el municipio.

Sin embargo, al menos en Ribadesella, el sistema parece que funciona y los vecinos no notan en exceso el incremento de la presión asistencial en estos meses estivales, que van sobre todo desde la última semana de julio hasta la primera de septiembre. El riosellano David Puente acude con su hija, apenas una bebé, al consultorio. "Venimos con cita y tardaron en atendernos lo normal en estos casos", afirma este vecino. Una sensación, la de rapidez, que también sienten aquellos turistas que acuden con cita. "Ayer vine sin cita y tuve que esperar tres horas a que me atendieran, pero hoy, ya con ella, fue rápido", relata Agustina Perucci.

Esta argentina es un ejemplo de los dos casos que se pueden dar, en una tarde normal de verano, en un centro con gran afluencia de turismo. La de aquellos visitantes que acuden con cita y que son atendidos a la mayor brevedad y aquellos que se han encontrado con una urgencia y tienen que esperar algo más. "Venimos haciendo el Camino de Santiago y tengo una infección en un dedo. Me dicen que tengo que esperar sobre una hora porque hay pacientes que ya tenían una consulta asignada", explica el toledano Francisco Javier. Una situación, la de la espera, que los propios médicos intentan evitar apoyándose uno a otro en caso de gran carga de trabajo pero que, a veces, en días así se vuelve en una tarea casi imposible.

Y así, entre vecinos y turistas, en el centro de salud de Ribadesella procuran pasar el verano dando el mejor servicio posible en los tiempos de más presión.

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