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La ola que afecta a la salud mental ya está aquí y se ceba en los jóvenes

Los psiquiatras celebran la nueva especialidad para niños y adolescentes, pero urgen recursos para potenciarla: “Hay que acabar con el tabú”

Nace la especialidad médica de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia.

Un joven que en el último año ve cómo el ambiente de su hogar se enrarece después de que sus padres pierdan su trabajo y acaba en el hospital por un intento de suicidio. Un adolescente, buen estudiante, que con la pandemia y las clases online pierde su enganche a la rutina y acaba ingresado con signos graves de depresión. Menores de edad con duelos patológicos. Un niño con ansiedad por no entender que un virus le ha prohibido ver a sus amigos durante meses. Son todos estos ejemplos reales de ingresos recientes en la planta de hospitalización psiquiátrica infantojuvenil del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), la única de la red sanitaria pública de la región. La salud mental de los más jóvenes copa ahora el foco mediático nacional por dos motivos. El primero, el preocupante incremento de ingresos de niños y adolescentes que vieron trastocada su estabilidad a causa de la pandemia. El segundo, la reciente aprobación de la especialidad médica de Psiquiatría de la Infancia y de la Adolescencia, un avance aplaudido por todo el gremio sanitario.

Celso Arango, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y graduado por la Universidad de Oviedo, explica que la nueva especialidad médica tiene “una importancia capital”, porque su configuración hace que la formación para tratar a este tipo de pacientes pase de durar cuatro meses a cuatro años. “Regular esta categoría marca un antes y un después, porque hasta ahora quienes se llamaban especialistas tenían perfiles variados. Unos padres podían llevar a su hijo a un llamado especialista que en realidad solo había hecho una rotación en residencia de cuatro meses y que jamás había visto a un niño con la patología que se le venía a consultar”, ejemplifica.

“Hay que incidir en la prevención, gran parte de los trastornos de salud mental comienzan en la adolescencia; hoy la red de atención está desbordada”

Celso Arango - Presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría

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La presidenta de la Sociedad Asturiana de Psiquiatría y responsable de la hospitalización psiquiátrica infantojuvenil del HUCA, Elisa Seijo, puntualiza: “También hay que dejar claro que hasta ahora estos niños han estado tratados. Los profesionales que nos dedicamos a esto, que no somos muchos, nos hemos ido buscando la vida por nuestra cuenta, formándonos todo lo posible. La gran ventaja de la especialidad es que ahora esa formación estará reglada y homogeneizada para todos”.

Ambos expertos inciden en que contar con una especialidad para diagnosticar y tratar la salud mental de los más jóvenes responden a una causa sobradamente probada por la literatura científica: que ni los síntomas de trastornos de salud mental se manifiestan de igual manera en niños y adolescentes ni ajustar sus tratamientos es tan sencillo como disminuir las dosis pautadas para adultos.

La depresión en los adultos se manifiesta con tristeza, pero no en los niños. “En ellos lo más común es que se manifieste con irritabilidad, o con dolores de cabeza u otras molestias que no parecen tener un origen claro”

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El ejemplo más claro es la depresión: en los adultos se manifiesta con tristeza, pero no en los niños. “En ellos lo más común es que se manifieste con irritabilidad, o con dolores de cabeza u otras molestias que no parecen tener un origen claro”, aclara Arango.

Seijo, por lo tanto, entiende que “debemos conocer no solo los hitos de desarrollo físico de los niños, es decir, cuándo aprenden a sentarse y cuándo empiezan a a gatear, sino también cómo es su desarrollo emocional” para poder detectar con todo el tiempo posible cualquier conducta anormal.

La detección precoz

Es la gran batalla que se espera ganar con la nueva especialidad y que se ha puesto en valor tras el aluvión de diagnósticos por la crisis del covid-19. “La mayor parte de las enfermedades mentales empiezan en la tardoadolescencia y una intervención en ese momento será mucho más efectiva. En torno a una cuarta parte de la población va a tener algún trastorno mental en su infancia o adolescencia y muchos de los diagnósticos de salud mental en adultos empezaron a manifestarse muchos años antes”, desarrolla Arango, que reivindica: “Hay que acabar con el tabú”.

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La doctora Seijo lo traduce a nivel regional con números. “Con las estadísticas actuales, de los 133.954 menores que viven aquí, según el INE, sufrirán algún tipo de trastorno mental 26.791. El suicidio es a día de hoy la tercera causa de muerte en jóvenes de entre 15 y 19 años, y la segunda en los de entre 15 y 29. Y, aunque aún no hay datos fijos, ya se sabe que en 2020 se ha incrementado muchísimo”. Añade también la experta que los pocos estudios que se han publicado hasta ahora arrojan un ligero descenso de las tasas de suicidios en población adulta y una aumento “preocupante” en la infantojuvenil. “Urge un plan nacional de prevención”, defiende.

Elisa Seijo

“Los adolescentes acuden cada vez más al Teléfono de la Esperanza; urgen un plan nacional de prevención del suicidio y una línea telefónica de ayuda permanente”

Elisa Seijo - Presidenta de la Sociedad Asturiana de Psiquiatría

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La factura pandémica.

El estallido de una pandemia mundial y las consecuentes limitaciones a la movilidad de la población limitó unas relaciones sociales que resultan fundamentales en la infancia y la adolescencia. Los expertos vaticinaron ya durante el estado de alarma una inminente ola en salud mental. “Y esa ola ya ha llegado, aunque de forma especial para este segmento de la población. Todas las unidades de hospitalización psiquiátrico infantojuvenil de España y Europa podrán referir balances similares. La red está colapsada y las listas de espera, por las nubes”, lamenta Arango, que explica que las mentes adolescentes, en pleno desarrollo, tienden a “ver las cosas en blanco o negro”, haciendo que sus conclusiones sean siempre más dramáticas. “Por eso ahora estamos viendo más intentos de suicidio y más trastornos de las conductas alimentarias en este segmento poblacional. Es una explosión a nivel mundial”, aclara el psiquiatra, también jefe del departamento del hospital Gregorio Marañón. “Ya pasó en crisis previas. En la económica de 2008 se incrementaron en un 20% los trastornos afectivos y de ansiedad. Ese porcentaje es el mínimo que esperamos para esta crisis”, añade.

Las clases online y el encierro potenciaron los ingresos por ansiedad

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Seijo, por su parte, lamenta que la juventud, “criminalizada”, no encuentre muchas veces la forma de pedir ayuda. “Los adolescentes acuden cada vez más al Teléfono de la Esperanza; si hubiese un número centralizado de tres dígitos, como el que se ha habilitado para los casos de maltrato, las cifras de suicidio bajarían mucho”, explica. La planta que ella supervisa en el HUCA tiene cinco camas y durante esta pandemia “la ocupación ha sido superior al 100 por ciento en todos los meses”. Cuando un joven no puede ingresar en esta planta se deriva a otra del hospital.

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La toxicidad digital

Entienden ambos expertos que, más allá de la nueva especialidad médica, resulta ahora necesario “hacer una pedagogía más general” sobre cómo se relacionan hoy en día los jóvenes y cómo eso puede afectar a su salud mental. Ahora que el acoso escolar se sale del horario lectivo y puede potenciarse por redes sociales y en plena fascinación por los filtros digitales que distorsionan los rostros y los cuerpos, Arango señala la importancia de tener en cuenta el espacio digital de cara a encontrar nuevos factores de riesgo. “Puede ser muy positivo, pero tiene grandes peligros”, reconoce.

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