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María Riestra Médica de la sección de Endocrinología y Nutrición del Hospital de Cabueñes de Gijón

“Mejorar la dieta ayuda a potenciar el efecto de los tratamientos en pacientes con cáncer”

"Por desgracia, mucha fruta cuesta más que una bolsa de patatitas"

María Riestra, en una de las consultas de su servicio en el Hospital de Cabueñes, junto a un panel que representa una dieta sana. | Ángel González

Ahora que muchos están abandonando las ambiciosas dietas que se impusieron al inicio del nuevo año, la médica María Riestra Fernández (Noreña, 1982), de la sección de Endrocrinología y Nutrición del Hospital de Cabueñes, explica que imponerse objetivos más realistas, como eliminar alimentos procesados y regular los horarios, ayudaría a poder sostener estos retos a largo plazo. Cuenta, también, que la dieta resulta clave en pacientes oncológicos bajo tratamiento o a punto de pasar por quirófano, y que intuye que el mundo de las teleconsultas y las videollamadas con el médico han venido para quedarse más allá de la pandemia.

El servicio de Endocrinología fue uno de los que se integró en los equipos multidisciplinares con neumólogos e internistas para hacer frente a la pandemia en sus peores momentos.

Sí, fue una medida aplicada fundamentalmente en la segunda ola y en parte de la tercera, que fue cuando más nos pegó todo esto en Cabueñes. Medicina Interna y Neumología no daban para más, y y los servicios médicos de otros servicios tuvimos que incorporarnos a la atención en planta. De aquella lo hicimos también con la ayuda de los servicios quirúrgicos, porque lógicamente se tuvo que suspender gran parte de la actividad de cirugías, al no haber camas. Fueron muchos los compañeros que vinieron a ayudarnos a informar a las familias, a temas administrativos, a arrimar el hombro como se pudiese. En Endrocrinología estuvimos trabajando en planta covid haciendo un gran equipo con compañeros de Cirugía Vascular. Ahora, en esta sexta ola, que también está pegando fuerte, hemos recuperado un poco ese sistema, aunque ahora mismo solo con servicios clínicos y no quirúrgicos.

¿Cómo fue?

Bueno, todos tuvimos que salir de nuestra zona de confort y arrimar el hombro. Hubo momentos un poco raros, porque al final sabes que no es tu especialidad y siempre te queda el miedo de si lo estás haciendo todo lo mejor posible para el paciente. Por suerte, siempre nos apoyaron y siempre pudimos consultar cualquier duda. Dentro de lo malo que fue todo esto, creo que el resto de servicio nos hemos quedado con la experiencia positiva de haber podido ayudar a otros compañeros. Pero lo que queremos ahora es que esto pase de una vez y volver a la normalidad.

¿Qué tuvo que parar en el servicio para poder afrontar el covid?

Al ayudar en plantas covid, teníamos que anular y posponer nuestras propias consultas. Es delicado, porque esto afectó a muchos pacientes crónicos que, como otra opción, tienen una atención primera que también está sobrepasadísima. Los endocrinos trabajamos mucho con pacientes con diabetes que por su enfermedad tienen mayor riesgo en caso de coger el covid-19, así que anular las consultas era complicado. Ahora mismo estamos trabajando en recuperar ese tiempo perdido y damos todas las citas posibles.

Las clases más bajas suelen tener un peso mayor; por desgracia, mucha fruta cuesta más que una bolsa de patatitas

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¿Se ha calculado cuál ha sido el impacto de ese parón?

Influyó de forma negativa en todo el hospital, también en las listas de espera quirúrgica. La crisis del covid-19 no se limita solo al virus, sino que conllevó retrasos en la atención de otras muchas patologías. Ahora mismo esperamos estar ya en la cresta de la ola y empezar a bajar. Ahora hemos vuelto a ayudar a Medicina Interna, pero en esta ocasión es más asumible: de las ocho personas que somos en Endocrino, solo necesitan a una para trabajar en planta y el resto trabaja de forma normal. El problema añadido, eso sí, es que tenemos nuestras propias bajas por covid-19. Hay varias en el hospital ahora mismo y eso también nos retrasa.

La pandemia sí ayudó a impulsar ciertos avances tecnológicos. La monitorización de pacientes con diabetes en el hospital fue un buen ejemplo. ¿Estos proyectos del ámbito de la telemedicina continuarán?

La tecnología nos ayudó mucho para poder atender a este tipo de enfermos, sí. Tenemos dispositivos de monitorización que nos permitían y nos permiten ver de forma remota los niveles de glucosa. Así, con consultas telefónicas podías ver esos niveles y ajustar directamente el tratamiento. Esto de las teleconsultas fue una parte buena de todo esto y sí creo que se va a quedar. Eso sí, atender por teléfono no lleva menos tiempo, que es lo que a veces piensa la gente. Ni muchísimo menos. Y si se incorpora al servicio tendrá que ser pactándolo con el paciente, que debe saber y autorizar que su consulta va a ser así. Porque algunos enfermos lo prefieren, sobre todo gente joven que puede acudir a esa consulta sin tener que pedir permiso en el trabajo ni trastocar su horario. Nuestras enfermeras, por ejemplo, también han hecho videollamadas, que fueron muy interesantes para pacientes de algo más de edad que prefieren verte la cara. La videoconsulta en pandemia funcionó muy bien para evitar visitas innecesarias y exponer al paciente al virus.

El servicio tiene varios proyectos dirigidos a la educación sanitaria, sobre todo en patologías como la colitis ulcerosas y el cáncer.

Sí, también tenemos uno específico para pacientes con cáncer que se van a intervenir en quirófano, y ahí hemos montado un circuito con Anestesiología y Rehabilitación y con compañeros de cirugías y enfermeras. Al paciente con cáncer, en general, tanto si se tiene que intervenir en quirófano como con quimioterapia o radiología, tenemos que intentar que lo haga en las mejores condiciones posibles, y parte de eso implica que esté bien nutrido. Cuando un paciente tiene una intervención programada, ese circuito se activa y pasa por una serie de especialistas, entre ellos los que nos dedicamos a la nutrición, que buscamos optimizar lo máximo posible su estado desde este punto de vista. Mejorar la dieta y pautar ejercicio físico, que es tan importante como lo que se come, permite crear un reservorio en el músculo, que es de donde va a tirar después el cuerpo para recuperarse de la cirugía.

¿Qué deben incorporar este tipo de dietas?

En general, se recomienda una dieta saludable y variada, como para todo el mundo, pero después se adapta al paciente. En estos casos de enfermos oncológicos, solemos hacer mucho hincapié en las proteínas de alto valor biológico: carne, pescado y huevos, fundamentalmente. Son tres alimentos clave para lo que decía de las reservas musculares.

¿Y en enfermos de Crohn y colitis ulcerosa?

Ahí también depende de su sistema digestivo, de cómo esté. Hay pacientes que han tenido que hacerse una ostomía, así que su dieta debe ser sin fibra y sin lactosa. No todas las dietas valen para todo el mundo, y en ese sentido echamos de menos en el sistema público de salud la figura del dietista-nutricionista. Creo que debería incluirse dentro del servicio de Endrocrinología de cualquier complejo. A día de hoy, estos cargos no se contemplan y es una pena, porque la alimentación es un tratamiento más para la salud de cualquier persona. Si eso falla, va a fallar lo demás. Puedes tener un tratamiento oncológico de última tecnología que acabe no dando el resultado que se esperaba por una dieta pobre. Y lo mismo pasa con la quimio y radioterapia. Es importante que la gente se conciencie de esto.

Acabamos de dejar atrás la época navideña. ¿Qué pasa con la dieta en estas fechas?

En Navidad siempre suele haber vía libre. La gente está de celebración, es lógico. En esas fechas no piensas en cuidarte y lo que haces es marcarte objetivos relacionados con tu dieta como propósitos del nuevo año. Es habitual que la gente coja peso, porque se juntan celebraciones seguidas con comida abundante y, en general, poco saludable. Pero tampoco pasa nada. La Navidad no tiene por qué condicionar lo que hagas el resto del año. Si durante el resto del tiempo comes bien, pues esas comidas especiales disfrútalas y ya está. Luego es verdad que los propósitos de año nuevo suelen aplazarse y nunca acaban de arrancar del todo. Esto pasa también porque la gente suele ponerse metas poco alcanzables. Uno no puede pretender, si vienes de comer fatal, con horarios irregulares y comidas procesadas, hacerlo luego todo perfecto de la noche a la mañana.

Mejor ir poco a poco.

Lo mejor es hacer pequeños cambios y que esos cambios sean factibles. Nadie puede pretender bajar 20 kilos en un mes, lo mejor es aplicar cambios más modestos, como cambiar el desayuno, evitar el alcohol o quitar de la dieta comidas procesadas. O intentar tener horarios más regulados. El resultado no será inmediato, pero es que no es ese el objetivo. Esto es una carrera de fondo. Si llevas años comiendo mal no puedes esperar ver resultados en un mes.

Las dietas agresivas, además, suelen traer consigo un efecto rebote.

¡Claro! Y es que eso de la dieta... La dieta es lo que uno come, y ya. Luego puede ser una buena dieta o una mala dieta. Y lo que hay que intentar es cambiarla de forma progresiva e ir manteniéndola en el tiempo. Eso del efecto rebote es habitual: gente que se pone una dieta muy drástica, pierde cinco kilos en dos semanas y luego no puede mantener esos hábitos y acaba recuperando el peso, o más, muy poco tiempo después.

¿Cuál es la vertiente emocional de lo que comemos?

Tiene mucha presencia. Comer es un placer, ya sea porque lo haces en familia o porque lo que comes realmente te gusta mucho. Y si hay personas que tienen problemas emocionales diversos, a lo mejor el único momento de placer que tienen en el día es la comida. Y, claro, si vas tú y se la cambias por otras cosas que no les gustan, o a las que no están acostumbrados, pues es un añadido más a la lista de problemas. Muchas veces comemos sin hambre, solo por sentir placer. Piensas: me encuentro mal anímicamente, pero esta galleta de chocolate está riquísima. Es importante aprender a separar esas emociones, dejar de vincular el placer a esas comidas tan poco saludables. Es ciencia. Tienen mucha grasa y una alta palatibilidad, así que saben muy bien, mucho mejor que otras cosas. No es fácil.

Hacer esos cambios también dependen del bolsillo del paciente.

Ya, eso está superestudiado. La gente con un poder adquisitivo menor y de clases más bajas suele tener un peso mayor porque no sabe o no puede escoger la opción más saludable. Y desgraciadamente los alimentos procesados tienen un precio más bajo que un alimento natural. Hay fruta mucho más cara que una bolsa de patatitas. Desde pequeños tampoco nos enseñan a escoger opciones saludables ni a cocinar, que son otras cosas que habría que cambiar. Y, volviendo a la parte emocional, yo trato a pacientes con obesidad que comen solos y viendo el móvil, así que casi ni se dan cuenta de la cantidad de comida que ingieren porque no están prestando atención. La educación es fundamental.

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