Hoy en día, perder peso es un pensamiento fijo para muchas personas. Es muy fácil ganar peso debido a la gran cantidad de comida que se ingiere, a los malos hábitos y a un estilo de vida poco saludable. Perder peso, en cambio, es más difícil, y hay que intentar ser constante en esto.

Además de consultar a un nutricionista para intentar seguir la dieta más adecuada, no debemos olvidar hacer ejercicio para quemar más calorías y definir mejor el cuerpo. Los estudios sobre este tema no cesan, y un estudio reciente ha puesto de relieve que una vitamina en particular puede ayudar en este proceso de adelgazamiento.

La vitamina examinada en estudios recientes es la vitamina D. Investigadores de los Países Bajos analizaron a más de 7.000 personas con obesidad y descubrieron que las personas con más grasa tenían niveles bajos de vitamina D en su organismo.

Las personas que no tienen niveles suficientes de vitamina D no pueden procesar bien los nutrientes que les llegan del exterior. Por lo tanto, es muy importante tener un buen nivel de esta vitamina para que el intestino y el metabolismo funcionen de forma óptima. La relación entre el nivel adecuado de vitamina D y la pérdida de peso existe y se ha demostrado científicamente.

Según los expertos, las necesidades diarias de vitamina D son de 15 mcg (600 UI), que deben tomarse de todas las fuentes posibles. Estos son el sol, alimentos como las zanahorias, el pescado y los cítricos. Además, el médico puede decidir recetar suplementos.

La vitamina D es capaz de generar serotonina, que es esencial para sentirse lleno y controlar el apetito. En resumen, esta vitamina desempeña un papel fundamental en la pérdida de peso y no hay que subestimar su importancia para nuestra salud.

Si bien a lo largo de los últimos meses numerosos científicos y nutricionistas se han esforzado en redes sociales en intentar que calara la idea de que no existe ninguna receta mágica para perder peso más allá de que la única manera de adelgazar con salud es caer en un déficit calórico a día de hoy algunos estudios con contrastada eficacia han descubierto que hay algunas infusiones que te pueden ayudar en una tarea que no es sencilla a día de hoy.

En este sentido varios estudios han demostrado en las últimas semanas cómo el té verde te puede ayudar a reducir grasa y bajar de peso. El te verde es un tipo de infusión que, tal y como explican en la revista Mens Health a nivel internacional, está hecho de los mismos ingredientes que el negro pero "procesado de manera diferente".

Lo primero que tienes que tener claro es que si empiezas a beber infusiones tendrás menos momentos para consumir bebidas calóricas y azucaradas por lo que, al restar esas calorías vacías que ingieres con determinados líquidos, será más fácil que pierdas peso.

Además un reciente estudio ha demostrado que un número bastante importante de gente con sobrepeso que bebía te verde o alguno de sus extractos perdió más peso que el que no lo bebía. En el citado artículo se comenta, por ejemplo, que un estudio reciente de la Universidad de Oklahoma reveló que la gente que bebía té perdió casi un kilo más que la gente que no lo hacía durante el primer mes en el que empezaron a controlar su dieta.

Además, y lo que es casi más importante para los estudios científicos sobre la pérdida de peso, muchos de los que consiguieron reducir los números de la báscula atacaron a la obesidad allí donde precisamente más les interesaba: en la grasa abdominal que fue la que más se redujo de todas.

Si algo preocupa tanto en el sexo femenino como en el masculino a la hora de perder peso eso es sin duda la barriga. Es allí donde muchos se fijan cuando quieren adelgazar aunque este verano no haya demasiada playa en la que lucirse.

Adelgazar es probablemente la constante en la vida de muchas mujeres y hombres, o al menos: querer adelgazar. Muy a menudo probamos todo, sin aplicar ningún criterio lógico. Probamos el ayuno, los entrenamientos agotadores, las pócimas y otros brebajes similares recomendados por el amigo de nuestra tía. En definitiva, no es que haya siempre una estricta racionalidad en nuestras elecciones respecto a nuestro físico. Esto es un grave error porque empezar una dieta nunca es una decisión que se pueda tomar a la ligera o, peor aún, una decisión que se pueda dar por sentada. Hay que tener siempre claro lo que se hace.