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enfermedad de Crohn

Inflamaciones intestinales, enfermedades del estilo de vida occidental

La colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn van camino de afectar al uno por ciento de la población

Inflamaciones intestinales, enfermedades del estilo de vida occidental

Las enfermedades inflamatorias intestinales (EII) son procesos inflamatorios crónicos que afectan al tubo digestivo, e incluyen la colitis ulcerosa (CU) y la enfermedad de Crohn (EC). La CU afecta difusamente a la capa mucosa del colon, se inicia en el recto y se extiende proximalmente en una distancia variable. La EC afecta de forma parcheada a cualquier parte del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, y a todas las capas de la pared (mucosa, submucosa, muscular y serosa), lo que explica la aparición de complicaciones como estrechez del intestino y abscesos o fístulas internas. Las enfermedades inflamatorias intestinales son de distribución mundial, pero con diferencias entre regiones geográficas. Así, en países con forma de “vida occidental” (América del norte, Europa), que han tenido un desarrollo económico, demográfico y de estilo de vida muy similar, se produjo un aumento de la incidencia de las EII en la segunda mitad del siglo XX, habiéndose estabilizado esta en los últimos veinte años. Sin embargo, en Asia, África y Sudamérica, que adquirieron recientemente formas de vida occidental (urbanismo, industrialización, alimentación...), las inflamaciones intestinales han aparecido más tarde y la incidencia aún está en aumento.

En España, según un estudio realizado en el año 2017, se diagnostican anualmente 16 casos por cada 100.000 personas, lo que supone unos 7.500 nuevos casos de EII. Como se trata de enfermedades benignas, sin tratamiento curativo, la prevalencia (número de pacientes ya diagnosticados, en un momento dado) es muy alta, y se estima que un 0,8 por ciento de la población española está diagnosticada de EII, y que este porcentaje aumentará al 1 por ciento en el año 2030. Las EII afectan por igual a hombres y a mujeres. En España, la edad media al diagnóstico es de 42 años, aunque pueden aparecer a cualquier edad. Clásicamente se pensaba que eran enfermedades de jóvenes, si bien hasta el 15 por ciento de los nuevos diagnósticos son personas con más de 60 años. Por otra parte, más del 30 por ciento de los pacientes atendidos en las unidades de EII tiene más de 60 años, dado que a los casos nuevos se unen los diagnosticados más jóvenes y que superan esa edad. El manejo de los pacientes de más edad es a veces complicado, pues al mayor riesgo de efectos adversos de algunos fármacos se une la coexistencia de otras patologías que pueden condicionar el tratamiento. La causa de las enfermedades inflamatorias intestinales es poco conocida y compleja. En ellas, la interacción de factores ambientales, genéticos y de la microbiota intestinal desencadenan un proceso autoinflamatorio a nivel intestinal. Las EII son procesos inmunomediados, al igual que otras enfermedades articulares (espondiloartritis y artritis psoriásica), de la piel (psoriasis e hidradenitis supurativa) y de los ojos (uveítis). No son enfermedades hereditarias, pero existe una predisposición genética que hace que esté aumentado el riesgo de tener una EII si también la padece un familiar de primer grado. La microbiota intestinal (conjunto de microrganismos que viven en el intestino) de los pacientes con inflamaciones intestinales presenta menor diversidad y cantidad de microordad inflamatoria intestinal en una persona con predisposición genética y disbiosis, dado que no todos los sujetos con estos riesgos van a desarrollarla. La principal característica clínica de la EII es su carácter recidivante, evolucionando en fases de brotes y de remisión.

La gravedad clínica es muy variable, incluso teniendo la misma enfermedad y la misma localización. En general, la colitis ulcerosa se presenta en forma de diarrea con sangre y moco en las heces, mientras que la enfermedad de Crohn debuta con diarrea sin sangre, dolor abdominal y pérdida de peso. En los pacientes con Crohn puede haber una enfermedad perianal (fístulas, abscesos o fisuras anales) hasta en un 20-30 por ciento de los casos. Además, hasta en uno de cada cinco pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal hay otra enfermedad inmunomediada asociada, siendo las reumáticas las más frecuentes. La EII se diagnostica con la colonoscopia, que mostrará inflamación y úlceras; la localización y las características de las lesiones orientará el diagnóstico hacia una enfermedad de Crohn o hacia una colitis ulcerosa. Cuando se sospecha una EC en la colonoscopia, hay que completar los estudios con una resonancia o con un escáner de intestino delgado, para ver si también están afectadas esas partes del tubo digestivo. No hay un tratamiento curativo de las enfermedades inflamatorias intestinales.

El que hay busca el control de los síntomas y de la actividad, y evitar las recaídas; con ello se consigue disminuir la necesidad de ingresos hospitalarios y de cirugías de resección intestinal, y mejorar calidad de vida de los pacientes. La elección del tratamiento va a depender de la localización y del grado de actividad inflamatoria. Los fármacos más utilizados son las mesalazinas, los inmunomoduladores y los biológicos; actualmente, los corticoides solamente se utilizan para controlar brotes moderados o graves y se evita su uso prolongado por sus efectos adversos. El tratamiento quirúrgico es necesario cuando la enfermedad no responde al tratamiento médico, siendo frecuente la realización de resecciones intestinales, sobre todo en la enfermedad de Crohn. Se están desarrollando estudios para conocer los factores que predicen cual es el mejor fármaco para cada paciente, para modificar de forma selectiva la microbiota intestinal y ayudar a controlar la inflamación, y para en el futuro prevenir el desarrollo de las EII. Uno de los mayores avances en el manejo de las enfermedades inflamatorias intestinales han sido las unidades monográficas, que integran la atención de distintos especialistas (digestivo, cirugía general, radiología, dermatología y reumatología, entre otros); asimismo, las enfermeras de estas unidades son clave en la formación, la información y el apoyo a los pacientes, así como en el contacto del paciente cuando aparece un brote y este deba ser valorado en la unidad.

Sabino Riestra pertenece a la Unidad de Enfermedad Inflamatoria Intestinal del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA)

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