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La odisea de ser médico en África contada por una asturiana: "Se muere gente por no tener ‘Ventolín’"

Cecilia del Busto, médica de la UVI del HUCA, relata su experiencia en un hospital de Ruanda: "No ven tanto los problemas como las soluciones"

Cecilia del Busto

–En África ves la muerte con una cercanía terrible, porque no tienen medios. En aquel hospital no había "salbutamol", o sea, el "Ventolín" de toda la vida. Se mueren por cosas que aquí resolvemos casi yendo a la farmacia de enfrente...

Cecilia del Busto Martínez (Oviedo, 1983) es médica especialista en cuidados intensivos (UCI). Está acostumbrada a vérselas con la muerte. Pero, claro, una cosa es la muerte en un hospital con el máximo nivel de recursos, como es el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) –donde trabaja–, y otra es morirse en el Hospital de Nemba, a una hora y media de Kigali, capital de Ruanda.

–Nos llegó una chica con una crisis asmática y no teníamos cómo tratarla. Después de muchas horas, nos dimos cuenta de que estaba embarazada... En España, lo habríamos resuelto en cinco minutos, pero allí llevaba ocho horas agonizando...

La UVI móvil de Nemba

En el Hospital de Nemba ha estado un mes la doctora Del Busto instruyendo a médicos y enfermeras autóctonos. Ha desarrollado esta actividad en el marco del proyecto de cooperación UCI Sin Fronteras, impulsado por la Sociedad Española de Medicina Intensiva Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) y la Universidad Miguel Hernández (Elche). La médica ovetense prosigue su relato:

–Decidimos trasladar a la chica a otro hospital con más recursos. En la ambulancia iba el enfermero con ella. Me ofrecí a acompañarle. En realidad, no había nada que hacer: no había medicación, no había oxígeno... Él me respondió: "No hace falta, esto es lo que hacemos cada día; a veces pasan cosas...". Le respondí: "No voy dejarte solo con ese marrón". Y él: "Te agradezco muchísimo que vengas. No me lo puedo creer. No es tu obligación. Nos ha pasado tantas veces... Es nuestro día a día".

Cecilia del Busto imparte una sesión de monitorización, cuidados críticos y reanimación cardiopulmonar a un lactante a personal de UVI, emergencias, pediatría y neonatología

Cecilia del Busto rememora la escena con un punto de emoción. El marido de la mujer también se subió a la ambulancia. No era un privilegio. En los hospitales africanos, los pacientes tienen que estar acompañados por alguien porque no hay personal para atenderlos.

–El marido iba rezando, acongojado, porque su mujer se moría, y estaba embarazada...

Tiempo atrás, la médica intensivista del HUCA tuvo noticias del proyecto impulsado por la SEMICYUC, le pareció interesante y decidió lanzarse a una estancia de un mes en Ruanda.

Dependencias del hospital ruandés

–Se trata de darles formación sobre lo que es una UVI, el paciente crítico, los cuidados y los tratamientos básicos. Tratar de sacar el máximo provecho a los recursos de los que disponen, que son muy limitados. Y tratar de establecer sinergias con las personas que están allí.

–¿Qué se encontró al llegar?

–Disponen de cosas muy básicas. La UVI tiene cinco aparatos de monitorización de constantes vitales. Esto es mucho, porque hace poco no tenían ni eso. Y han sido capaces de entender la importancia de que un paciente crítico esté monitorizado, y deducir a partir de ahí el tratamiento que necesita. Tienen muy limitados todos los recursos: medicación, pruebas radiológicas o de laboratorio, ventilación mecánica, cirugías... Todo es muy escaso. Con lo cual, se atiende al paciente crítico en lo que se puede; y, cuando requiere recursos más sofisticados, se le traslada a otro hospital más equipado en las mejores condiciones posibles.

Lavabo a la entrada del hospital

Cecilia del Busto muestra fotos de la UVI móvil de la zona en la que fue trasladada la joven embarazada. Huelgan comentarios.

–El hospital de Nemba es, digamos, comarcal. Tiene casi cien camas y muy buena estructura organizativa. Está muy bien concebido y son muy respetuosos con las jerarquías. Son muy agradecidos. Saben que disponen de poco. Entienden perfectamente la ayuda que nosotros les damos. La ven como una gran oportunidad y absorben todos los conocimientos que pueden. Están ávidos de aprender, de desarrollarse. No son conformistas. Saben que hay cosas mejores y, si les dan la oportunidad, no la dejan escapar.

En todo el Hospital de Nemba hay trece médicos. La cooperación de la SEMICYUC se traduce en una presencia permanente a lo largo del año.

–El proyecto se centra en la UVI, pero al final pasas por todo el hospital: urgencias, hospitalización, pediatría... Y, como es un hospital pequeñito, consigues generar una red de confianza con todos ellos. Ven que estás presente, que te involucras, que te implicas, que les puedes ayudar... Y entonces van a buscarte. Y nosotros vamos a buscarlos a ellos, también... Es una simbiosis bonita.

La UVI móvil de Nemba

Dentro de que es África, Ruanda –diagnostica la médica del HUCA– es un país seguro y con los índices de corrupción más bajos de todo el continente. Hay mucha presencia policial en las calles. Y la gente lo valora y lo cuida.

–No hay un papel en el suelo. Hace años que están prohibidas las bolsas de plástico. Los últimos sábados de cada mes todos los habitantes están obligados a salir por la mañana a limpiar las calles del pueblo, bajo pena de multa.

Cecilia del Busto estuvo el pasado mes de noviembre en el denominado "país de las mil colinas":

–Es muy verde. Como Asturias, pero con muchas colinas. Se plantan patatas, maíz, fabas, plátanos... Son muy alegres. No ven tanto los problemas como las soluciones. Me sorprendió su sentido de la vida. Es distinto del nuestro. Existe el hoy, quizá el mañana, y no hay más allá. Y, como nunca han tenido muchos medios, cuando una enfermedad siega una vida, aunque sea la de tu hijo, la segó. Lo lloras, lo sufres, lo aceptas... Pero no hay la exigencia, la demanda, la petición de más, más, más... porque no lo tienen. Eso es llamativo. Aquí lo tenemos todo al alcance, y demandamos, pedimos, solicitamos, como es lógico. Ellos no. Entienden que una enfermedad o un accidente se lleva una vida por delante y lo asumen con una naturalidad que a nosotros puede parecernos excesiva. Todo eso te exige ir con la mente muy abierta y muy limpia. No es que la vida tenga menos valor para ellos; es que sus expectativas del mañana son distintas. Esto es necesario y bonito vivirlo.

Dependencias del hospital ruandés

Toda experiencia intensa supone una cierta carga para la mochila personal:

–Me habían dicho que traes más de lo que dejas, y es así. Te ves obligado a poner en práctica la generosidad, el altruismo… y ellos te dan más. Agradezco al HUCA que me facilitara el permiso para la estancia. Ahora aspiro a estar a la altura de lo que supusieron esas vivencias.

Cecilia del Busto quiere repetir, pese al sacrificio familiar que supone:

–Me gustaría seguir yendo una o dos veces al año, lo que me permitan mi trabajo y mi familia. Tengo tres hijos, de once, ocho y cinco años. Son maravillosos. Les expliqué abiertamente lo que iba a hacer en Ruanda y se portaron muy bien. Les hacía videollamadas y se comían el teléfono por verme y que les contara, que les enseñara cosas... No era un drama. Es un sacrificio para ellos, para mí, para su padre, que tiene que hacerse cargo de ellos durante un mes. Eso se lo quise trasladar a ellos. Si pongo en una pirámide todas mis motivaciones, en la parte de arriba situaría esta parte de trasladar a mis hijos esta perspectiva de la vida, la necesidad de mover el culo y mojarte por gente que ni conoces; de salir de tu zona de confort porque la causa es justa y buena y solidaria y generosa.

Dependencias del hospital ruandés

Habíamos dejado pendiente el final de la odisea de la joven asmática y embarazada:

–Llegamos al otro hospital, se le puso una medicación y salió adelante. Pero otros no salen. Hay muchas situaciones parecidas. Pero eso no les quitan la positividad que tienen. Es su día a día...

El entrenamiento y la ayuda facilitados desde España salva vidas, testimonia Cecilia del Busto Martínez:

–Tras la recepción de un respirador de transporte y la formación que les dimos, el mes siguiente sacaron adelante a una niña de ocho años y a un niño de dos años de sendas paradas cardiacas. Se les intubó, se les conectó al respirador y se les pudo trasladar al hospital de referencia con las máximas garantías. Esto, un mes antes, no habría sido posible. Esos dos niños habrían fallecido sin opción alguna.

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