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María Victoria Álvarez Martínez Genetista, directora científica del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado ISPA

"Queremos aumentar la actividad investigadora de los profesionales de la sanidad"

María Victoria Álvarez Martínez, en las dependencias del HUCA. | Luisma Murias

María Victoria Álvarez Martínez (Cangas del Narcea, 1966) es directora científica del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA) desde octubre de 2021. Doctora en Biología y especialista vía BIR en Inmunología, es responsable del Laboratorio de Genética del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Tiene un máster en Gestión Sanitaria, ha publicado más de 240 trabajos científicos, con un índice H de 47, y es investigadora principal de siete proyectos de Plan Nacional. Junto a la doctora Elena López Cancio, dirige el Grupo de Investigación Clínico-Básica en Neurología del ISPA. Es miembro del comité científico del Banco Nacional de ADN y de la Asociación Española de Paraparesia Espástica Familiar.

–Podemos empezar por definir y acotar qué es investigación sanitaria o biosanitaria.

–La investigación en salud puede abordarse no solo desde aspectos "bio", sino también, y como ejemplos, desde el ámbito sociosanitario y de humanización; la innovación en circuitos y vías asistenciales; las ciencias sociales; la investigación en nuevos materiales, como sucede con la nanomedicina... Prefiero la expresión "investigación e innovación en salud".

–¿Cómo valora su gestión al frente del ISPA?

–Pues no soy yo quien debe decirlo, sino todos los investigadores, hombres y mujeres, que conforman el ISPA y sus órganos directivos, nuestro consejo rector. Pienso que hay cosas que podría haber hecho o gestionado mejor. Sin embargo, hay algo de lo que me siento muy orgullosa: de tener un gran equipo a mi alrededor. Hablo de todos nuestros investigadores. Ellos hacen que nuestro instituto funcione, participando en comisiones, captando fondos competitivos, formándose y haciendo este instituto atractivo para investigadores de otros centros.

–¿Qué ha cambiado desde la acreditación del ISPA por parte del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), dependiente del Ministerio de Sanidad?

–Han cambiado muchas cosas. La primera, la financiación. Hemos podido acceder a convocatorias exclusivas para institutos sanitarios acreditados con un resultado bastante exitoso. Por ejemplo, hemos obtenido un contrato Joan Rodés, destinado a personal asistencial que desarrolla labores investigadoras, y una infraestructura singular: una plataforma de proteómica.

–La interrumpo. Se ha dado mucho bombo a la nueva plataforma de proteómica. ¿Qué beneficios va a reportar?

–Sin duda, es uno de los grandes éxitos de nuestro Instituto en este año. El desarrollo de las "ómicas" es fundamental para afrontar los retos en investigación en salud presentes y futuros. Habrá que elaborar un plan estratégico para esta plataforma encaminado a prestar servicios a proyectos de I+D+I no solo a nuestros grupos sino también a otros centros de investigación nacionales e internacionales.

–Estábamos con las ventajas de la acreditación por parte del Instituto de Salud Carlos III...

–La acreditación nos ha permitido entrar en el grupo de la Alianza de Institutos del ISCIII, estableciendo sinergias con otros institutos. Es un foro activo en el que se generan documentos consenso para abordar aspectos como la potenciación de la investigación en atención primaria, la participación de actores clave no científicos en la investigación o prácticas de ciencia abierta. La acreditación ha impulsado la obtención el sello HSR4R en gestión de los recursos humanos y también la actualización de todos nuestros procedimientos en aspectos como la igualdad de género o las buenas prácticas en investigación.

–¿Qué logros destacaría y cuáles considera prioritarios para el resto del mandato?

–Quienes me conocen saben que me resulta muy difícil reconocer logros propios. Mi filosofía de trabajo me dice que los logros los consiguen equipos trabajando por un objetivo común. Hemos alcanzado algunos como la constitución de un área transversal de innovación en salud, la elaboración de un nuevo plan estratégico o la consolidación de alianzas con actores clave no científicos, como la Asociación Galbán de familias de niños con cáncer.

–¿Y por conseguir?

–Muchas cosas. Una de ellas, trabajar, especialmente con la Consejería de Salud, en la implantación de la nueva Ley de Ciencia para disponer de mecanismos que nos permitan retener y captar talento en el ámbito de la investigación e innovación en salud. Otro gran reto consiste en incrementar la participación de los profesionales del ámbito clínico, tanto de atención primaria como de hospitales, en la investigación, promoviendo la formación con programas de mentoring o convocatorias específicas para este perfil profesional.

El gran reto consiste en desarrollar la carrera investigadora y establecer mecanismos para la estabilización de científicos

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–¿En qué campos está incidiendo más el trabajo del ISPA?

–El ISPA tiene en este momento seis áreas de investigación verticales: biotecnología y análisis biomédico; cáncer; cardiología, respiratorio y renal; inmunología, microbiología e infección; metabolismo; y neurociencias y órganos de los sentidos. Además, hay tres áreas transversales de investigación: microbioma, envejecimiento e innovación en salud. Son ámbitos con altos índices de impacto en producción científica. Actualmente, estamos trabajando en una reestructuración de los grupos de atención primaria y cuidados de la salud, dotados de gran potencial innovador, que desde el ISPA debemos impulsar para que se constituyan como áreas de investigación del Instituto.

–¿Cómo se determina qué ámbitos son prioritarios? ¿Cómo se adoptan decisiones estratégicas en el ISPA teniendo en cuenta la diversidad de grupos que lo componen y de intereses de esos grupos?

–En este año debemos revisar nuestro plan científico para intentar realizar una priorización de los problemas en salud en Asturias en el momento actual. De ello se derivará la creación de nuevos grupos y áreas de investigación. La medicina personalizada, las enfermedades raras, las terapias avanzadas o la innovación en salud serán, probablemente, algunas de ellas.

–¿En qué división juega Asturias en cuanto a investigación sanitaria?

–Yo diría que estamos en primera división. Nuestra producción científica crece año tras año, y tenemos grupos que son referencia nacional, e incluso internacional, en sus áreas de actividad. Pero, sin duda, debemos aspirar a jugar en Champions. Por eso, otra de nuestras iniciativas estratégicas es la internacionalización, incrementando la captación de fondos a través de convocatorias europeas e internacionales o la participación en consorcios. Este objetivo se verá facilitado por la reciente incorporación a través del "Programa Investigo" de un técnico experto en proyectos internacionales. Somos innovadores, generadores de ideas, pero debemos desarrollar nuestro sistema de gestión de innovación para fomentar la traslación al sector productivo de esos proyectos.

–¿Es fácil implicar a los médicos y enfermeras en la investigación? ¿Sería conveniente cambiar algunas reglas del juego para estimular esta participación?

–Como ya he dicho, ese es uno de los grandes retos de este instituto y de todos los institutos de investigación sanitaria. Hay que buscar fórmulas que faciliten esa participación. La nueva Ley de Ciencia, que reconoce la carrera investigadora para personal estatutario, es una de las herramientas. Habrá que trabajar en su implementación en nuestro Servicio de Salud. Pero también desde el ISPA desarrollaremos estrategias, como las ya comentadas de formación en investigación para personal sanitario en formación, o la formación en investigación e innovación en el plan de acogida de nuevo personal en formación sanitaria especializada.

–¿En qué enfermedades o posibles terapias destaca el trabajo del ISPA?

–Mi convencimiento es que toda persona que quiera investigar e innovar merece un reconocimiento y, por ello, ya destaca. Sin embargo, hay áreas que, por su trayectoria y experiencia, son referencia. Hablo de cáncer, metabolismo, inmunología, biotecnología, pediatría, cardiología, envejecimiento, microbiología o neurociencias.

–¿Cómo valora la producción científica del ISPA a lo largo de 2022? ¿Cuáles han sido las publicaciones más relevantes?

–Aún no tenemos los datos de la memoria del año pasado, pero la percepción es que es que esta producción ha ascendido en cantidad y, sobre todo, en calidad. Ha habido muchos trabajos liderados por investigadores del ISPA con colaboración nacional o internacional y un incremento en la consecución de proyectos internacionales.

–Suele decirse que la investigación científica y tecnológica no son un gasto, sino una inversión. ¿Puede poner algunos números?

–Partiendo de la premisa de que una mejor salud supone un mayor grado de desarrollo económico, los recursos dedicados a I+D+I deben seguir creciendo en el marco de acciones estratégicas en salud a diferentes niveles: autonómico, nacional e internacional. La pandemia de covid-19 nos ha enseñado algo en esa línea. La fundación que gestiona el Instituto, FINBA, ha alcanzado en 2022 una captación de ingresos cercana a los 7 millones de euros, de los cuales 3,1 millones fueron obtenidos de convocatorias del Instituto de Salud Carlos III y el resto, fundamentalmente, de ensayos clínicos, proyectos no competitivos o colaboración público-privada. En el caso de la I+D+I en salud, como decía Gandhi, la salud es la riqueza real, no piezas de oro y plata.

–¿Puede decirse que la situación laboral del científico medio es precaria?

–No se dan las mejores condiciones. Es un punto débil en el campo de la I+D+I . Sin embargo, se ha ido evolucionando en los últimos veinte años con mayor reconocimiento de la profesión de investigador, por ejemplo, con convocatorias que promueven la estabilización. Sin embargo, queda mucho por hacer. El gran reto consiste en desarrollar la carrera investigadora y establecer mecanismos para la estabilización de investigadores. Ahí tenemos la Ley de Ciencia, que es joven y necesita un tiempo para su implantación en las comunidades autónomas. Pero sin duda será la herramienta para el desarrollo de la carrera investigadora.

–¿Qué método es el más justo para medir la productividad de un investigador?

–Es una pregunta difícil sobre un objeto de debates intensos. Estamos asistiendo a un cambio en las formas de evaluación. Hasta ahora se evaluaba fundamentalmente por publicaciones, consecución de proyectos, patentes... Pero estamos evolucionando hacia una sistemática en la que entren en juego nuevos ítems de evaluación como transferencia de resultados a la práctica clínica, transferencia al sector productivo, planes de gestión de datos de resultados de la investigación, igualdad de genero o participación de actores clave no científicos en el diseño y desarrollo del proyecto.

–¿Cómo se está llevando la articulación entre la FINBA y el ISPA?

–Trabajando juntos para avanzar en la consecución de nuestros objetivos. El ISPA , como todos los institutos de investigación sanitaria, no tiene entidad jurídica propia. Esa entidad se la da FINBA desempeñando un papel fundamental en el funcionamiento del instituto como gestor y facilitador de sus iniciativas estratégicas.

–¿Ha dado el resultado deseado la creación de una Consejería de Ciencia por parte del Principado?

–Yo opino que sí. Se ha creado una agencia de ciencia que pretende articular toda la I+D+I del Principado y se han promovido nuevas convocatorias encaminadas a la captación de talento de las que el ISPA se ha beneficiado.

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