El efecto pernicioso de fumar que dura hasta quince años después de dejarlo

Investigadores de varios países muestran que los daños en la inmunidad innata son "transitorios", mientras que en la inmunidad adaptativa persisten

Fumar debilita el sistema inmunitario hasta diez o quince años después de dejarlo

Fumar debilita el sistema inmunitario hasta diez o quince años después de dejarlo

Pablo Álvarez / EFE

Fumar altera el sistema inmunitario hasta después de haberlo dejado, lo que no sólo aumenta la predisposición a desarrollar enfermedades, sino que agrava cualquier padecimiento cotidiano, haciendo que el fumador o exfumador sufra más síntomas y complicaciones.

Siguiendo la senda abierta en los años 90 por la investigadora Polly Matzinger, quien describió las labores de control y protección interna del cuerpo humano que realiza el sistema inmunológico, un estudio que ha publicado la revista "Nature" trata de responder a la pregunta de qué factores ambientales externos alteran nuestras defensas.

Para lograr una respuesta, un equipo internacional de investigadores, afiliados a instituciones de Francia, Suecia y Estados Unidos, ha analizado el impacto de 136 factores ambientales en el sistema inmune de 1.000 personas voluntarias de entre 20 y 70 años, en buen estado de salud y nacidas a lo largo de cinco décadas distintas. Se analizaron muestras de sangre expuestas a esas 136 variables –entre las que se incluyen diferentes patógenos–, en 200 personas por cada grupo, de las cuales la mitad eran mujeres y la mitad hombres.

Los científicos se fijaron concretamente en la cantidad de citocinas –un grupo de proteínas cruciales para controlar la actividad de las células del sistema inmunitario– que producían las personas analizadas para defenderse de esos patógenos y coordinar la respuesta inmunológica para combatirlos. La conclusión fue clara: de todos los factores ambientales estudiados, el tabaquismo fue el que más influyó en la respuesta inmunitaria.

Una de las autoras, Violaine Saint-André, del Instituto Pasteur de París, explicó que fumar altera las defensas del cuerpo de dos formas. Por una parte, afecta a la inmunidad "innata o natural", que es la capacidad congénita del cuerpo para destruir cualquier tipo de microorganismo potencialmente dañino. Por otra, modifica la llamada inmunidad "adaptativa" (mediada por los linfocitos) que produce anticuerpos específicos y respuesta celular de linfocitos T frente a cada amenaza.

Los científicos descubrieron que mientras la alteración de la inmunidad innata es "transitoria", y se va recuperando tras dejar de fumar, los daños en la inmunidad adaptativa persisten y la cantidad de citocinas liberadas en una infección o cualquier otro problema de salud sigue modificada hasta 10 o 15 años después de que una persona haya abandonado el tabaco. Asimismo, observaron una correlación entre los años que una persona ha estado fumando y la cantidad de cigarrillos fumados con la persistencia del daño en la inmunidad adaptativa.

Tras factores ya conocidos como la edad, el sexo, la genética, el índice de masa corporal o la infección por citomegalovirus (un tipo de herpes), "ahora demostramos que el tabaquismo es otro gran modificador del sistema inmune", enfatizó Saint-André.

A juicio de Carlos López Larrea, catedrático de Inmunología de la Universidad de Oviedo y coordinador del grupo de Inmunología Traslacional del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado (ISPA), es muy relevante haber esclarecido que "el tabaco modifica la expresión de genes del sistema inmune adaptativo de forma irreversible a través de mecanismos epigenéticos como la metilación". Y también haber mostrado que el daño "perdura con el tiempo después de dejar de fumar". "Es como una firma epigenética de los fumadores; y, a más tabaco, más alteraciones", señala el investigador asturiano.

"Esta huella epigenética permanece en el tiempo y altera el comportamiento de los linfocitos T y B", puntualiza el profesor Larrea, quien observa que, durante la pandemia de covid-19, "ya vimos que el tabaco es uno de los factores de riesgo más importante de morbilidad, al afectar a la respuesta inmune frente al virus".

"Si una persona deja de fumar, recupera bien la parte de la inmunidad innata, pero no así de la inmunidad adaptativa. Esto indica que el sistema inmunitario posee memoria de haber fumado de forma persistente, lo que tiene una importante implicación para las personas fumadoras", señala África González-Fernández, catedrática de Inmunología de la Universidad de Vigo, en una reacción recogida por la plataforma Science Media Centre (SMC).

Este estudio "ayuda a explicar posibles alteraciones en la respuesta inmunitaria que vemos frecuentemente en los fumadores que llegan al entorno de los 60 años con sospecha de inmunodeficiencia secundaria en el contexto de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y donde se ve una baja concentración de anticuerpos", asevera Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología.

Las alteraciones que fumar provoca en las defensas pueden manifestarse a largo plazo en un aumento de riesgo de contraer enfermedades autoinmunes, alergias o cáncer, apuntó otro de los autores, Darragh Duffy. "Nuestras conclusiones implican en el corto plazo, que una persona que fume sufrirá un empeoramiento de cualquier enfermedad que implique inflamación respecto a una que no fume ni haya fumado, los síntomas serán más persistentes y habrá más posibilidad de complicaciones y cronificación de la dolencia", agregó.

En conclusión, el consumo de tabaco no sólo es el mayor inductor de cáncer de pulmón a través de mutaciones que afectan al DNA, sino que también modifica de forma irreversible la respuesta inmune adaptativa, activando y silenciando genes.

Los autores reconocieron que un aspecto limitante del trabajo es la falta de diversidad genética de los individuos estudiados, que será ampliada en estudios futuros.

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