Los diez años de la pequeña Carla, la última niña traslada desde la UCI del viejo HUCA: "A otros niños les diría que aquí se está bien"

La canguesa es hoy una niña luchadora que se ha sobrepuesto a una difícil llegada al mundo

La historia de superación de Carla, la última niña traslada desde la UCI del viejo HUCA: "A otros niños les diría que aquí se está bien"

A. Domínguez

"Mis amigos me animan mucho, hacemos videollamadas y me dicen que me mejore", cuenta con una amplia sonrisa y una voz dulce la canguesa Carla González Fernández. Su tono no se quiebra a pesar de que lleva horas postrada en una cama del HUCA. La pequeña nació hace diez años en las antiguas instalaciones del viejo hospital y fue el último bebé en trasladarse desde la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de Neonatología hasta la nueva construcción emplazada en los terrenos de la Cadellada. "La llevaron en la incubadora, en la ambulancia, y les costó bastante, porque además llevaba muchas bombas que le suministraban alimentos y medicación", cuenta su madre, Silvia Fernández Rodríguez. Fue un viaje muy complicado. La pequeña llegó al mundo tras solo siete meses de gestación y con un vólvulo intestinal que le detectaron en una de las ecografías y le obstruía el aparato digesivo. "Al día siguiente de nacer tuvieron que operarla y solo le dejaron 19 centímetros de intestino delgado", explica su madre.

La mudanza de hospital fue "muy compleja y los médicos y enfermeras no sabían si sobreviviría". Lo hizo y sigue mejorando. "Siempre nos han tratado de maravilla, y eso que al principio el cambio no fue fácil para los profesionales, pero hacían lo posible para que estuviésemos estupendamente", rememora Fernández Rodríguez. "Carla pasó dos meses en la UCI de neonatos y después cuatro más en la de Pediatría, además de dos operaciones y sucesivos ingresos hospitalarios en planta, pero gracias a eso ahora está mucho mejor", detalla su madre.

Pasar algunas temporadas en el hospital es parte de la vida de la pequeña Carla, contenta de no haber tenido que volver a la UCI. Como es lógico, prefiere estar en Cangas del Narcea con su familia, pero en el HUCA "estoy bien", cuenta. "Por la mañana me levanto, desayuno, juego, pinto; luego me traen la comida y juego y pinto otro poquito más; lo peor es no poder salir", explica desde una vistosa habitación en la séptima planta.

Unos coloridos estores y varios dibujos en las paredes hacen más acogedor el espacio que la pequeña comparte con su madre durante el ingreso. "Las instalaciones están muy bien, cuando estuvimos con ella en La Paz se notaba el contraste, porque aquí todo era nuevo", detalla Silvia Fernández. "La única pega es que a las familias nos vendría bien una pequeña cama para llevar mejor las estancias de nuestros hijos, en Madrid sí las hay", añade.

La niña sigue atentamente las explicaciones de su madre. Su progreso es lento pero seguro, y hay que celebrar cada pequeño pasito. "Ya es autónoma; antes estuvo con nutrición parenteral en casa, pero ahora está muy bien. Ya come por la boca; lo que pasa es que, como le falta parte del intestino que absorbe ciertas vitaminas liposolubles, hay que suministrárselas".

Carla cumple años como el HUCA. Diez años de lucha con la ilusión de volver siempre a casa.

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