El HUCA cumple diez años: los que lo hicieron, los que lo obstaculizaron

El HUCA es, arquitectónicamente, en estructura y medios, un hospital de altísimo nivel; en el plano organizativo, está aún bastante por debajo de lo que podría ofrecer por dotación

Ramón Quirós, a la izquierda, con el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, y el arquitecto Jesús Menéndez

Ramón Quirós, a la izquierda, con el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, y el arquitecto Jesús Menéndez / Mara Villamuza

J. Ramón Quirós

J. Ramón Quirós fue director General de Salud Pública (1999-2003) y Consejero de Salud y Servicios Sanitarios (2007-2011)

De manera insospechada, la vida me ofreció ser testigo de un proceso singular e irrepetible como fue la construcción del nuevo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Contar este proceso en detalle daría para una serie donde no faltarían héroes, villanos, intrigas, suspense, aciertos y decepciones.

Digámoslo sin rodeos: si el HUCA existe es por la confluencia, en una ventana de tiempo reducida, de la determinación y capacidad de gestión del presidente Tini Areces y del conocimiento, liderazgo técnico y capacidad de trabajo del consejero de Salud y Servicios Sanitarios Paco Sevilla (probablemente el consejero de Salud más capaz que ha tenido Asturias).

En la primera legislatura de Tini Areces (1999-2003), el gran reto sanitario era el traspaso del Insalud al Principado de Asturias y el gran escollo la construcción del nuevo hospital, ya que era notorio que los edificios hospitalarios de El Cristo no eran ni funcionales ni resistían más tiempo sin una fuerte inversión para mantener la seguridad.

La negociación fue muy dura y desleal con Asturias a la hora de computar el importe de la partida presupuestaria a transferir para hacerse cargo de la asistencia sanitaria de la Seguridad Social. A pesar del estado del complejo hospitalario del Cristo, el Gobierno de España, del PP, negó la inclusión de una partida económica para la construcción de un nuevo HUCA que solventara sus desajustes funcionales y estructurales, abogando por una reforma de las viejas instalaciones. Finalmente llegó el ultimátum del gobierno del PP: o Asturias aceptaba el traspaso del Insalud sin partida presupuestaria para un nuevo HUCA, ofreciendo migajas para una reforma, o quedaría fuera del sistema de financiación autonómica, perdiendo las ventajas que el nuevo modelo suponía respecto del anterior.

Asturias aguantó la negociación hasta el final, aceptando la transferencia de las funciones y servicios del Insalud en el tiempo de descuento (publicada en el BOE del 31 de diciembre de 2001, un día antes del inicio de las competencias sanitarias, el 1 de enero de 2002).

Si el HUCA existe es por la confluencia de Tini Areces y Paco Sevilla

En esa fase crítica del proyecto, el único apoyo nítido a la construcción de un nuevo hospital vino de la plataforma ciudadana que lideraron Tachi García Oviedo y Carlos Ponte. En sentido contrario, fueron muy relevantes la fuerte y permanente oposición de Paco Cascos, entonces ministro de España, a cualquier iniciativa del presidente Areces para construir el nuevo hospital, interfiriendo en el proceso transferencial y azuzando al PP regional y al alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, a criticar y poner trabas al proyecto. También la Universidad y la Facultad de Medicina, al igual que no pocos profesionales sanitarios, se oponían en ese momento al traslado. Destaca también el sonoro silencio y el bajo perfil que exhibieron el resto de los partidos políticos.

Una vez recibidas las competencias, la determinación del presidente Areces que quería un nuevo HUCA y la capacidad del consejero Sevilla, que tenía muy claros los pasos a seguir y las características que debía reunir el nuevo hospital (horizontal, volcado en pacientes críticos, con flexibilidad para adaptarse a emergencias, intensivo en tecnología para consultas de alta resolución, hospital de día y cirugía ambulatoria, hospital digitalizado sin papeles, volcado en la docencia y en la investigación, con capacidad de atracción de empresas y sobre todo un hospital más eficiente con menores estancias y por tanto con menos camas que el complejo de El Cristo), junto con el buen hacer de Manolo Valenzuela en la secretaría técnica de la Consejería, consiguieron sacar adelante en tiempo récord la licitación para la elaboración del proyecto y dirección de obra (marzo de 2002) y la adjudicación del proyecto de nuevo HUCA a la UTE de los arquitectos Navarro Baldeweg y Fernández Alba (setiembre 2002). En esa misma legislatura se licitó la demolición de los edificios del antiguo hospital psiquiátrico en la Cadellada. El proyecto iba en serio y rápido, y con ello el apoyo ciudadano al proyecto se disparó.

Consumadas las transferencias, la presencia de Juan Vázquez en el Rectorado permitió la creación de la Comisión Interinstitucional para la elaboración del plan funcional del nuevo HUCA. En esta desempeñó un papel decisivo Juan S. López-Arranz, que permitió cambiar la posición de la Facultad de Medicina y de no pocos profesionales sanitarios frente al proyecto. En esta comisión también participaron Tino Blanco y Paz Villaverde, que soportó la mayor parte del trabajo.

Sin duda, la decisión de trabajar con el BEI fue un gran acierto estratégico

Finalizada la legislatura, se produce la marcha del consejero Paco Sevilla, harto de las trabas para desarrollar proyectos de cambio. En esa segunda legislatura (2003-2007) se terminó de adecuar el proyecto a las necesidades asistenciales, donde resultó impagable la dedicación y las aportaciones del entonces gerente del HUCA Abelardo Román, quien revisó todos y cada uno de los espacios del proyecto.

El proyecto avanzaba, pero seguía siendo necesario conseguir la financiación. Con la llegada de Zapatero al Gobierno de España en 2004, Asturias pudo recibir una pequeña parte de lo que se le había escamoteado (72 millones de euros) con destino a financiar el Instituto de Silicosis que, si no solventaba el agravio, al menos lo aliviaba. Las limitaciones legales al endeudamiento de las administraciones públicas establecidas por parte de la Unión Europea por los criterios de Eurostat de 2004 complicaban el escenario. Frente al modelo de concesión administrativa a empresas privadas elegido por varias comunidades autónomas, Asturias optó por crear una empresa pública (Gispasa) para construir el hospital y ponerlo a disposición del Principado a través de un contrato de arrendamiento, a cuya finalización la propiedad del HUCA revertirá al Principado. El objetivo era conseguir que la inversión no computara como deuda del Principado, cuestión que finalmente no se consiguió.

El Banco Europeo de Inversiones (BEI), banco público europeo, fue el banco elegido por el presidente Tini Areces para financiar la operación, desechando otras opciones de bancos privados. El BEI concedió a Gispasa un crédito de 165 millones para la construcción del HUCA en unas condiciones financieras muy ventajosas para Asturias en un momento además de grave crisis. En esta fase, Chema G. Gancedo, secretario general técnico de la Consejería de Salud, y luego vicepresidente de Gispasa, ejerció un papel esencial en el diseño jurídico-administrativo de la operación y en las relaciones con el BEI. Igualmente debe reconocerse el apoyo del entonces vicepresidente del BEI, el portugués Carlos da Silva Costa, y de Jaime Barragán, alto cargo del BEI que asesoró y ayudó lo indecible en toda la tramitación.

La elección del BEI permitió no sólo financiar el HUCA, sino iniciar una colaboración que se extendió a la financiación del nuevo hospital de Mieres, de varios centros de salud y posteriormente de varias inversiones en saneamiento. Sin duda, la decisión de trabajar con el BEI fue un gran acierto estratégico.

Solventada la financiación, la adjudicación de las obras a la UTE compuesta por las constructoras Sacyr, Sánchez y Lago y San José permitió el inicio de las obras en junio de 2005, siendo consejero de Salud Rafa Sariego. Ya en la última legislatura del presidente Areces (2007-2011), una gran parte del trabajo se centró en el control de la obra, donde participaron activamente Chema G. Gancedo, Alfonso de Carlos y Beatriz Herrero de Gispasa y especialmente Jesús Menéndez, arquitecto de la Consejería de Salud, que vivía prácticamente en la obra.

El intento de adaptar el proyecto a los constantes avances tecnológicos en materia de instalaciones, comunicaciones y aparataje médico, además del cumplimiento de nuevos requisitos legales ocurridos durante la construcción del HUCA, unido a las, a veces, cambiantes demandas profesionales acerca de cómo ordenar sus espacios, ocasionaron tensiones continuas con la UTE, que ralentizaron el trabajo en varias ocasiones y que se tradujeron en modificados, muy criticados, pero que permitieron lograr que el hospital no naciera tecnológicamente obsoleto.

Ramón Quirós, a la izquierda, con el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, y el arquitecto Jesús Menéndez,  durante una visita a las obras del HUCA en mayo de 2009. | Mara Villamuza

Ramón Quirós, a la izquierda, con el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, y el arquitecto Jesús Menéndez, durante una visita a las obras del HUCA en mayo de 2009. / Mara Villamuza

En esa etapa se realizaron muchas otras tareas importantes: los trabajos para construir y financiar los accesos al HUCA, para determinar el equipamiento y mobiliario a trasladar y a desechar, la tecnología médica y el mobiliario a adquirir, la adopción de soluciones para los servicios básicos de apoyo (esterilización, lavandería, cocina...) y, sobre todo, para poner en marcha y financiar los sistemas de información que hicieron posible que HUCA y el resto del sistema sanitario asturiano se convirtieran en hospitales sin papeles en muy poco tiempo. Todo ello daría para otro serial.

A mi juicio, más importante que el nuevo edificio o el equipamiento era conseguir un modelo de funcionamiento hospitalario con menos esperas y menos estancias gracias un uso intensivo de la tecnología, con menos niveles organizativos y con mayor autonomía profesional. El decreto sobre áreas de gestión clínica y el plan de recursos humanos del Sespa, elaborado por Elena Arias y Manolo Cores, permitieron renovar gran parte de las jefaturas del viejo complejo hospitalario y facilitaron la fusión de servicios clínicos de varios hospitales (General, Covadonga, Silicosis y Maternidad) que no siempre tenían buena relación ni la misma cultura organizativa. Por ejemplo, había 14 laboratorios en El Cristo que debían pasar a ser un único Laboratorio de Medicina según había diseñado Paco Álvarez.

Mario González, gerente, y César Morís, director médico del HUCA, realizaron un esfuerzo increíble para organizar el hospital alrededor de un número relativamente reducido de áreas clínicas integradas que incorporaban distintos servicios médicos y quirúrgicos bajo una única jefatura. Este modelo permitió incorporar profesionales de primer nivel de fuera de Asturias, que aportaron conocimiento y frescura, aunque generó no pocas ampollas en el viejo HUCA.

La obra civil del HUCA finalizó en 2011, aunque se decidió no recepcionarla para revisar en profundidad todos los vicios ocultos que una obra de esas dimensiones pudiera ocultar en las instalaciones. La llegada del Gobierno de Foro, con Paco Cascos de presidente, condenó al HUCA a un estado casi fantasmal, con nulos avances, cuando no regresiones a etapas anteriores, fundamentalmente en la agrupación de áreas clínicas y en sus jefaturas de gobierno, volviendo a fragmentar algunas unidades. El cese de Mario González supuso, de facto, la muerte del concepto de nuevo hospital que se estaba desarrollando.

Tras la llegada del Gobierno de Javier Fernández a mediados de 2012, el Principado pudo recepcionar las obras en julio de 2013. El HUCA empezó a dar asistencia en su nuevo emplazamiento en junio de 2014, tras una acertada decisión del consejero de Salud, Tino Blanco, de no demorar más el traslado. En esa legislatura debe reconocerse el intenso trabajo de Manolo Matallanas, primero en la preparación del traslado y la realización de las obras de acondicionamiento para adaptarse al mobiliario a medida que había diseñado Verónica Durán, y luego en la puesta en funcionamiento del nuevo HUCA.

Además de un hospital necesario, el HUCA ha sido un instrumento de ordenación urbanística que ha cambiado Oviedo, pese a las trabas de su alcalde Gabino de Lorenzo. Ha revitalizado barrios que estuvieron bastante olvidados y a los que los enlaces del HUCA (financiados por el Principado con fondos FEDER) le abrieron nuevas perspectivas.

A lo largo de este tiempo, el HUCA ha demostrado su potencial, fundamentalmente en el curso de la pandemia de covid-19. Su capacidad para atender pacientes críticos, su flexibilidad para ampliaciones y sectorizar zonas de aislamiento o para expandir el laboratorio fueron ventajas notables que ayudaron a superar la crisis y facilitaron el intenso trabajo profesional que difícilmente hubiera podido realizarse en el viejo hospital.

Podemos resumir que, arquitectónicamente y en estructura y medios, el HUCA es todavía un hospital de altísimo nivel en Europa, obtenido a un precio final de 1.012€/m2 más IVA, aunque ya necesitaría una actualización tecnológica de los sistemas de información (más informáticos para el Sespa, por favor) y de apoyo experto al diagnóstico en áreas de patología y radiología.

Sin embargo, en el apartado organizativo y de funcionamiento está aún bastante por debajo de lo que podría ofrecer por dotación. La pérdida del modelo de gestión clínica, basado en grandes áreas de gestión con amplia autonomía, y la vuelta a una gestión más tradicional ha lastrado la capacidad de atracción profesional y la innovación y eficiencia organizativa con demoras y estancias elevadas. Tampoco se ha conseguido, hasta ahora, generar el campus de la salud puntero en I+D+i que sea capaz de atraer inversión y a los mejores profesionales que figuraba en el proyecto inicial. Y eso es algo en lo que los nuevos responsables seguro que están trabajando. La serie continúa, pero ahora los responsables son otros.

La placa que recordaba la finalización de la obra civil en 2011 fue arrancada posteriormente para eliminar cualquier rastro del presidente Areces. Sin embargo, Tini Fecit. Sería de justicia encontrar la manera de reconocer a quien, con su empeño y esfuerzo, y a pesar de los palos recibidos, consiguió que hoy todos podamos sentirnos orgullosos de nuestro HUCA.

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