El HUCA cumple diez años: recorremos sus entrañas para conocer a los "Manolinos" y otros secretos del gigante sanitario

El interior del gigante sanitario regional esconde un complejo sistema de suministros donde los robots autónomos son una pieza clave

Así trabajan los "Manolinos" del HUCA: la flota de 14 robots autónomos es una pieza clave del gigante sanitario

VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Fernando Rodríguez

Van de aquí para allá. Los que se cruzan con ellos no saben adónde, menos para el ojo entrenado,‒ pero ellos tienen su destino marcado a cal y canto. Llegan a las dársenas, aparcan debajo de los carros y los cargan sobre sí, para perderse por infinitos y laberínticos pasillos que parecen de una gran instalación industrial. Desde esta planta subterránea, estos vehículos autoguiados (AGV) recorrerán los ascensores y la mayoría de las plantas del centro sanitario. Estamos en la planta N -2, en su zona este, del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). ¿El lugar? Las dársenas desde donde comienza los trabajos de reparto de todo tipo de avituallamiento la plantilla de robots autoguiados, conocidos cariñosamente como "manolinos".

Es una labor que los AGV llevan realizando diez años, desde la fundación del centro sanitario, y que sigue llamando la atención. "Al principio fueron el enemigo a batir por los trabajadores y ahora son un compañero más; el hospital no sabría vivir sin los robots", explica Alfonso Álvarez, jefe de sección de Logística e Infraestructuras del HUCA . El trabajo del "manolín" cibernético se ha interiorizado como el que le da al interruptor y enciende la luz. Hay más piezas singulares en el corazón que hace latir al gigante de la salud. Cuenta por ejemplo con unos un "transfer" de muestras que rivalizan los de los hospitales más grandes del país, unos generadores de emergencia de 9 megavatios o depósitos de agua de 500 metros cúbicos, entre otras maravillas de la ingeniería.

"Manolín" y otros secretos del corazón del HUCA

Juan Ignacio Pardo, con las pantallas de control de la climatización. / Fernando Rodríguez

En el Centro de Control se lleva la logística, la distribución de gases medicinales, la climatización, el consumo energético y otros servicios esenciales para el funcionamiento del hospital. También se gestiona a los "manolinos". La flota es de 14 unidades. Originalmente eran 12, pero se adquirieron dos más en los últimos años. Alfonso Álvarez, junto a Josu Jiménez, jefe de Servicio de Ingeniería y Mantenimiento del centro, muestra los equipos responsables de este control. En unas pantallas se controlan los ascensores por los que se mueven los robots y en otras el estado de los propios aparatos. "Se sabe las órdenes que tienen pendientes, donde están situados, adónde van, el estado de carga... Se sabe todo lo que están haciendo". Explica. Es el "Gran Hermano" de los robots. Una cosa es el AGV y otra los que "van detrás" de él para que funcionen óptimamente.

"Manolín" y otros secretos del corazón del HUCA

Un trabajador programa en un terminal los carros para que los robots hagan el reparto de farmacia. / Fernando Rodríguez

La labor de "Manolín" es el transporte. El de las comidas –desayunos, almuerzos, meriendas y cenas–, la lencería, los consumibles del almacén, sueros, los productos de la farmacia... Básicamente, todo lo transportable en una instalación que acoge al día a 15.000 personas entre trabajadores y consultas. "Se equipara a una población como Pola de Siero", puntualiza Jiménez. Los "manolinos" viajan por esta pequeña ciudad de punta a punta y todos los días realizan un recorrido de 20 kilómetros. Desde que se abrió el HUCA, hace ahora diez años, han hecho unos 800.000 kilómetros, lo que se traduce en veinte vueltas al mundo.

Ver a estos autómatas de fabricación austriaca fuera de centros de logística es raro. Los hay en otros hospitales, en Valladolid, en Canarias o en Galicia, pero no en instalaciones tan grandes como el hospital asturiano. De hecho, el centro sanitario ovetense se construyó pensando en el uso de estos aparatos, aunque no por ello ha quedado exento de nuevos cálculos y reformas para su optimización.

"Manolín" y otros secretos del corazón del HUCA

Dos "manolinos" en los ascensores, iniciando el servicio de comidas. / Fernando Rodríguez

Una de esas reformas es la dársena de la planta N -2. Fue construida hace cuatro años. Antes había muchos carros y dársenas pequeñas, ahora hay de todo. En esta zona tienen 130 reversibles, de entrada y salida, una cifra que sumando las distribuidas por el hospital se duplica. Y casi toda la actividad que procesa está automatizada. "El camión viene de la lavandería, del Cristo, y el camionero mete los carros en la dársena. Saldrán automáticamente por la noche gracias a los robots. Igualmente volverán solos. En la otra zona, el proceso es el mismo, pero con el almacén, que está en el Espíritu Santo", detalla Álvarez, con decenas de carros a sus espaldas. La magia de los "manolinos" no se hace sola, sino gracias a esos carros, que son los que vienen programados con su destino. "Los robots son como taxistas y el carro, como el cliente que le dice adónde va", bromea el jefe de Logística. Los carros también se pueden programar de forma manual in situ mediante terminales instalados en el área. De hecho, en ese momento, dos trabajadores lo hacen con un contenedor lleno de medicamentos que va a la novena planta.

"Manolín" y otros secretos del corazón del HUCA

Un robot autoguiado abierto para realizar la puesta a punto con el técnico dando indicaciones. / Fernando Rodríguez

Caminando por los pasillos de la zona de logística llaman la atención las trazadas de los robots, que se asemejan a las que dejan los coches en un circuito de carreras. Pasan unas sobre otras, como un clavo. Ciertamente, un clavo en el suelo en forma de imán es la clave. Les sirve de guía para hacer maniobras perfectas en las que llegan a alcanzar los 5,5 kilómetros por hora y que desgastan el suelo como una cuchilla: en las baldosas del atrio del HUCA se nota levemente si se toca el suelo.

Siguiendo estos rastros se llega al puerto de carga. Hay 14 puntos eléctricos, uno por terminal, al que los robos acuden automáticamente cuanto sus baterías están bajas o si están en un periodo de paro o baja demanda de servicio. Salen también automáticamente según entran las órdenes. Es decir, funcionan en ese sentido como un robot aspirador doméstico. La autonomía de sus baterías es de 16 horas, dos turnos de trabajo, que suelen desarrollar entre las siete de la mañana y la una de la madrugada.

"Manolín" y otros secretos del corazón del HUCA

Antolín Llamas y los estudiantes de Mecánica, haciendo el mantenimiento a un AGV. / Fernando Rodríguez

Son las doce y cuarto de la mañana y varios "manolinos" se colocan delante de un par de ascensores en cuyas puertas se lee "uso exclusivo de robots". Eso significa que comienza el turno de comidas. Se servirán en torno a la una de la tarde, pero hay que repartirlas por el gigantesco complejo. Se distribuyen en 45 minutos: 1.100 menús, todos distintos según prescripción médica y en ubicaciones dispares y alejadas entre sí. Al otro lado de los elevadores, el servicio de cocina entregará los carros a los vehículos autoguiados para efectuar el reparto. "El sistema le acaba de decir al robot qué ascensor tiene que coger y hasta qué planta", desarrolla Alfonso Álvarez. El sistema funciona por puntos de control y cuando detecta que el "manolín" está en el ascensor le mandará a la planta correspondiente y soportará una carga de más de 700 kilogramos: 300 de cada unidad de transporte, casi 400 del peso de los carros y unos 10 de comida. Cada robot puede soportar sobre sí unos 500 kilogramos.

"Manolín" y otros secretos del corazón del HUCA

Alfonso Álvarez sostiene un cartucho para el envío de muestras biológicas en el intercambiador del "transfer neumático". / Fernando Rodríguez

Esta eficiencia se basa en ganar segundos optimizando los recorridos, como en la Fórmula Uno, segundo a segundo. Especialmente en las aperturas y cierres de los ascensores. "El primer año fue de dudas y de ajustes, buscando dónde podíamos ganar esos segundos", recuerda Álvarez, ya que, aunque parezca mentira, un gesto en el que se ahorren 5 segundos acaba en un acumulado muy grande al trabajar por repetición. "Solo ajustando los ascensores conseguimos ganar 15 segundos de rapidez, que al cabo de día y del año es mucho tiempo", especifica Álvarez. Esa eficiencia les ha permitido realizar con 14 AGV el trabajo que se realizaría con 17.

"Manolín" y otros secretos del corazón del HUCA

El agua manando en uno de los depósitos del centro sanitario. / Fernando Rodríguez

Y hablando de eficiencia, la económica. ¿Por cuánto sale un "manolín"? Cada unidad cuesta unos 60.000 euros, a los que habría que sumar las labores de optimización y el mantenimiento al que se someten, efectivamente, todos los meses. Todos los días le toca a uno, que introducen en el llamado "féretro". "Hacemos revisión de las soldaduras, cableado, tornillería, sensores…", explica Antolín Llamas, técnico responsable de estas intervenciones frente a un robot abierto en canal. Junto a él, tres estudiantes de Formación Profesional hacen sus prácticas ayudándole y aprendiendo qué atenciones precisan las unidades. En lo que respecta a su vida útil, "ni el fabricante lo tiene claro". "No hay experiencia en España de ningún AGV con tantos kilómetros encima y tanta carga de trabajo, y los datos del ámbito internacional no nos llegarán", desgrana el jefe de sección de Logística. El primer "manolín" jubilado todavía tendrá que esperar.

"Manolín" y otros secretos del corazón del HUCA

Vista de dos de los cinco generadores de emergencia del HUCA. / Fernando Rodríguez

El de los robots autoguiados no es el único caso de tecnología singular que funciona en el corazón del HUCA. Los 18 megavatios de potencia eléctrica que precisa y los 19 millones de litros que consume al mes no se alimentan solos. Además, el centro sanitario cuenta con un "transfer neumático" de los más potentes de España. Permite mandar una muestra biológica desde cualquier planta a otro sitio en cuestión de 3 minutos. Se envían más de 2.000 tubos al día, lo que pone al hospital asturiano al nivel de los centros más potentes del país, como el Hospital de La Paz, en Madrid. "Es como el Metro: coges una línea y cambias en otra", expone Álvarez en la central de intercambio de estos pequeños paquetes, que permiten realizar envíos hasta 400 gramos de peso. Las tuberías, en la que los paquetes se impulsan gracias a una decena de turbinas de aire, desembocan en una caja en la que un brazo mecánico hace el cambio de línea. "Cuando empezamos había una media de 900 envíos por día, mientras que en antiguo HUCA solo eran 300". El salto es notable.

El hospital dispone de cinco generadores de emergencia. Se prueban todos los jueves por si acaso, aunque, por suerte, nunca han sido necesario arrancarlos por un fallo en el sistema. "Al encenderlos, la presión del aire y el sonido impresionan", asegura Álvarez. Tienen una potencia de 9 megavatios (1,6 cada uno) para poder atender a las áreas críticas del hospital ininterrumpidamente en situaciones de emergencia, en las que se "deslastra" y se desactivan servicios que no son imprescindibles, para economizar.

"Manolín" y otros secretos del corazón del HUCA

Josu Jiménez explica el proceso de arrancado de los generadores de emergencia. / Fernando Rodríguez

Cerca de los generadores está la central térmica, de donde partes diez grandes tuberías: seis de agua fría y cuatro de caliente, para la climatización. Un líquido elemento que llega a las plantas del hospital gracias a tres equipos de bombeo. Los dos ligeros hacen llegar el agua hasta la quinta planta y el más potente alcanza hasta la novena. Esta maquinaria se encuentra a los pies de los dos enormes depósitos de agua de 500 metros cúbicos de capacidad y aspecto de cataratas colosales. "Controlar la calidad del agua es fundamental", asevera Josu Jiménez. Da fe de ello que uno de los tanques está vacío porque se estaba sometiendo en esos instantes a un proceso para enviar contaminación por legionela.

"Manolín" y otros secretos del corazón del HUCA

Tuberías de la central térmica. / Fernando Rodríguez

La visita de LA NUEVA ESPAÑA finaliza en el helipuerto, desde el que se accede directamente a la UCI y que es el único de Asturias que cumple al completo con la normativa de Ente Público Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA). "Cuando me dice alguien que tiene un helipuerto en sus instalaciones le digo: ‘No, lo que tienes es una H’", bromea Jiménez. Dos cañones de agua contraincendios y un juego de luces para acotar la pista aérea de aterrizaje coronan el helipuerto, desde donde se aprecia una vista impresionante del medio kilómetro que ocupa, de extremo a extremo, el gigante sanitario de Asturias.

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