El análisis del expresidente Rodríguez-Vigil sobre la creación del HUCA: "Un hospital como palanca de cambio"

La creación del gran hospital coronó una larga y compleja reforma que ordenó y modernizó la sanidad asturiana

Revolucionar la gestión, nuevo desafío para evitar la rutina y asegurar la excelencia

HUCA

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Juan Luis Rodríguez-Vigil

Juan Luis Rodríguez-Vigil

En tiempos como los actuales, de memoria extremadamente débil , es obligado poner de relieve que el HUCA en su actual configuración y en lo que significa para la población asturiana del año 2024, es consecuencia de un esfuerzo sostenido, orientado siempre en una misma dirección, de casi todos los gobiernos socialistas del Principado de Asturias.

En 1982 en Asturias actuaban descoordinadas, dándose mutuamente la espalda, distintas redes sanitarias públicas: 1.ª) La estatal, gestora de la beneficencia local a través de la Asistencia Pública Domiciliaria (APD) y el AISNA; 2.ª) La de la Seguridad Social, y 3.ª) La de la Diputación Provincial, gestora de la Beneficencia Provincial.

Cada una de ellas actuaba al margen de las otras. Era especialmente sangrante la presencia en Oviedo de dos grandes hospitales generales colindantes, incompletos y forzosamente limitados en sus medios técnicos y personales.

El Hospital General de Asturias (HGA), con 800 camas, perteneciente a la Diputación Provincial, estaba adscrito a la Beneficencia Pública Provincial y concertado con la Seguridad Social para la atención de asegurados. En él también se prestaba atención privada a la población asturiana más pudiente, lo que se traducía en una mayor reputación personal de sus médicos, con gran influencia local ante posibles pacientes privados.

Por su parte, la Ciudad Sanitaria "Nuestra Señora de Covadonga" de la Seguridad Social (1200 camas), de creación más reciente, buscaba la preeminencia asistencial y tecnológica, apoyada por la estructura y el poder económico de la Seguridad Social.

Ambos centros estaban separados únicamente por una valla y edificados en solares que habían sido segregados de una misma finca. Pese a ello, carecían de la menor coordinación asistencial y funcional. Al contrario, competían diariamente por conseguir medios personales, tecnológicos y pacientes, generándose continuas (y desabridas) polémicas en la prensa y en las instituciones entre los médicos y los responsables de tales centros, lo que constituía un lamentable ejemplo de disfunción sanitaria asturiana, con inmediato daño para los pacientes.

En definitiva, los asturianos tenían dos grandes centros hospitalarios de calidad claramente mejorable, pudiendo tener uno muy bueno, cosa que hasta entonces ni siquiera se había remotamente pensado.

A esos dos centros se sumaba el Instituto Nacional de Silicosis, creado a raíz de los grandes conflictos mineros de la década anterior y que consistía en un establecimiento hospitalario neumológico (con 250 camas) que tenía aneja una unidad de investigación sobre las neumoconiosis y su prevención.

Ilustración de Jonathan Montoya

Ilustración de Jonathan Montoya / LNE

Este centro era independiente funcionalmente de cualquier red sanitaria asturiana, incluida aquella de la que directamente dependía (la de la Seguridad Social).

A la situación de manifiesta descoordinación y de tensiones entre los distintos establecimientos sanitarios según su dependencia se añadía una significativa conflictividad laboral, en parte causada por la crítica situación económica del país y de las administraciones públicas, y en parte también por la multitud de problemas y tensiones existentes entre los distintos colectivos del personal sanitario, los cuales frecuentemente mantenían posturas muy enfrentadas entre sí.

Eso era especialmente evidente en el caso del Hospital General de Asturias, dada la percepción de honorarios privados por parte de buena parte de los médicos. Por su parte, el régimen de concierto entre la Seguridad Social y el Hospital General generaba de continuo enormes problemas, la mayor parte irresolubles, entre el Principado y la Seguridad Social.

Entre las políticas sanitarias esbozadas por el Gobierno de Rafael Fernández y las ejecutadas por los posteriores de Pedro Silva y Juan Luis Rodríguez-Vigil existió una clara conexión programática, así como una continuación, sin práctica interrupción, pues en todos ellos dirigió la sanidad autonómica la misma persona: el autor del presente texto.

Así pues, a lo largo de más de doce años se mantuvo en Asturias una misma dirección en la política sanitaria, definida por la unidad de criterio en materia de salud preventiva y de asistencia sanitaria públicas y concretada en un programa preciso y multiforme, encuadrado en el marco de la Ley General de Sanidad de 1986, que afectó a prácticamente todos los aspectos organizativos, de personal, financieros y de medios y establecimientos de la sanidad asistencial y de la salud pública, y por supuesto a la Coordinación Hospitalaria de Oviedo.

Esa política se llevó adelante contra viento y marea, sin variar el rumbo y sin alteraciones significativas ni bandazos, pese a la persistente acritud de los ataques en contra de la oposición derechista en la Junta General del Principado, y también pese a las resistencias burocrático-periféricas, corporativas y mediáticas que en cada momento hubo que superar, entendibles, sin duda, porque con la política desarrollada en este sector se atacaron los fundamentos del statu quo anterior.

La integración era la oportunidad de tener, por fin, un hospital de primer nivel en Asturias

La existencia de un programa bien definido, tanto en sus líneas generales como en sus pormenores legales, económicos e institucionales y que, además, estaba adecuadamente pautado en el tiempo, facilitó el despliegue coordinado de todos los servicios de salud y asistenciales existentes en Asturias, como piezas de un complejo rompecabezas que fueron poco a poco integrando el Servicio Regional de Salud del Principado de Asturias (SESPA), como parte del Sistema Nacional de Salud español, y dentro de él la fusión de los hospitales de Oviedo para dar lugar posteriormente al HUCA.

Ello fue posible mediante el trabajo en conjunto desarrollado por la Consejería de Sanidad del Principado y por los Servicios Provinciales del Insalud, dirigidos primero por el doctor Ortega y después por el doctor Matallana, entre los que se establecieron lazos singularmente estrechos para la coordinación de los distintos establecimientos, la homogenización de las condiciones del personal, la planificación de los servicios, la orientación política del sistema y de las inversiones a realizar por cada administración.

La fortaleza de tales acuerdos fue ejemplar. Ni siquiera fueron capaces de romperla algunos intentos burocráticos locales de entidad, que los hubo y a veces muy intensos y oscuros, los cuales varias veces pretendieron, sin lograrlo, la alteración de la concordia establecida.

Se visitaron los más modernos centros europeos y se contó con expertos de gran experiencia

Esos acuerdos son, cabalmente, los que han dado lugar a realidades permanentes, como el actual HUCA, alejadas de cualquier visión coyuntural y que en el año 2024 están presentes de forma protagonista en la vida cotidiana de los asturianos.

El objetivo político básico del programa era la creación del Servicio de Salud de Asturias (SESPA) de forma paulatina. A medida que fuesen llevándose a cabo nuevas transferencias en materia sanitaria se culminaría el proceso. Con ello se hizo desaparecer prontamente la histórica discriminación entre los ciudadanos de Asturias según fueran sus niveles de ingresos o de aseguramiento. Consecuentemente y antes que en otros territorios españoles, se puso fin radicalmente a la sanidad para pobres y la sanidad para asegurados y pudientes, de forma que todos los asturianos sin excepción pudieron disfrutar de una misma sanidad pública, que se procuró que fuese de la mayor calidad posible

El Real Decreto 137/84 sobre Estructuras Básicas de Salud supuso el inicio efectivo del proceso de reforma sanitaria en Asturias. Y poco después, mediante el Decreto 112/1984 P. A., vio la luz el Mapa Sanitario del Principado de Asturias, que fue el primero publicado de la España democrática.

Dicho decreto establecía la planificación y ordenación de los servicios sanitarios asturianos de toda índole y dependencia, incluyendo la cabecera hospitalaria regional, que se establecido a partir de los grandes hospitales asturianos de Oviedo, vecinos separados solo por una tapia como se ha dicho.

Así, se establecieron prontamente vínculos muy estrechos de coordinación del Hospital General con la Ciudad Sanitaria "Nuestra Señora de Covadonga" y el INS, promoviéndose acuerdos de largo alcance y notable complejidad con la Dirección General del Insalud para crear una comisión de enlace entre ambos centros, en la idea de, en su día, formar un solo conjunto hospitalario, que sería ya el Hospital Central de Asturias, el cual debía tener carácter Universitario, dado que en Asturias no había hospital clínico.

Para favorecer esa futura integración y romper el aislamiento de los dos hospitales se construyó una amplia pasarela interna que los unía y que permitía el tránsito normal y seguro del personal y de los pacientes. Igualmente, tras la firma del acuerdo de colaboración Principado-Insalud se produjeron traslados de servicios entre los dos hospitales que, por fin, fueron comunes a los dos centros, como el caso importantísimo y ejemplar de la cardiología, que se instaló en el edificio del HGA, o de toda la pediatría que, a su vez, se integró en el Centro Materno Infantil de la Ciudad Sanitaria.

Pese a la oposición de la derecha, a finales del siglo XX se procedió a la construcción

También tuvo ese carácter común la construcción del Centro Regional de Donación de Sangre y de Trasplantes (para la realización de trasplantes óseos, oftalmológicos etc.), el cual, bajo la dirección técnica de personal público, se encomendó a la Cruz Roja por su carácter social en la solicitud de donaciones de sangre.

También se estableció una dirección general común para ambos establecimientos, situada por encima y superior a las de cada centro, que asumió y gestionó el doctor Ignacio Riesgo.

Dada la antigüedad y manifiesta obsolescencia de los edificios de ambos hospitales, que hacía inviable y absurda una reparación integral de los mismos –que poco o nada arreglaría y que, además, con sus ruidos, polvo, tráficos de materiales de las obras, etc., etc., dificultaría al extremo la vida normal de los centros durante muchos, muchos años–, mediante acuerdo suscrito en el año 1990 entre el Principado y el Insalud, que entonces dirigía el doctor José Simón, y con el total apoyo del ministro de Sanidad, Julián García Vargas, se decidió la construcción de un nuevo gran hospital en Oviedo, que tendría ya carácter universitario y que se denominaría Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). En él quedarían integrados en un solo centro todos los servicios del HGA, de la Ciudad Sanitaria y del Instituto Nacional de Silicosis (INS), los cuales institucionalmente desaparecerían como consecuencia de dicha integración, salvo las tareas preventivas y de investigación del INS.

Hacía obligada el nuevo establecimiento la necesidad de completar con un gran nuevo hospital la armónica red asistencial asturiana por razones de autoestima regional, de justicia y de respeto a una población a la que había que dar la mejor asistencia sanitaria posible.

Efectivamente, un hospital de tercer nivel, además de su alto nivel asistencial, es siempre un centro tecnológico y de innovación cultural, técnica y científica cuya influencia se extiende por toda la sociedad a la que sirve, y que, amén de cooperar eficazmente a la mejora de la salud de la población, puede ser banco de pruebas de alto nivel para muchas acciones de modernidad, de las que tan necesitada estaba la apesadumbrada Asturias de la reconversión industrial y minera.

La integración era la oportunidad de tener, por fin, un hospital de gran nivel en Asturias, comparable con los mejores de Europa, que tuviera servicios médicos, quirúrgicos y diagnósticos de vanguardia, y que pudiera ser dotado de la más moderna organización. Para ello se visitaron los más modernos y recientes centros hospitalarios de Europa, encargándose el estudio de la ordenación interna del nuevo hospital a expertos con amplia experiencia en el desarrollo de centros hospitalarios de primera categoría.

El HUCA debería servir de palanca de cambio de un nuevo modelo de atención acorde con el siglo XXI

Aunque se barajaron diversas ubicaciones, se decidió acometer las obras del nuevo hospital en los terrenos del antiguo Hospital Psiquiátrico de la Cadellada, el cual, como consecuencia de la reforma de la Salud Mental emprendida, apenas tenía ya pacientes y permitía disponer de un solar de más de 35 hectáreas. Único en la región y a coste cero, porque ya era propiedad del Principado de Asturias y bien comunicado con Oviedo y con el resto de las áreas sanitarias asturianas.

En principio, la inversión estimada era de 250 millones de euros (de entonces) a financiar entre el Insalud y el Principado, algo perfectamente asumible por las arcas regionales.

A punto de iniciarse la tramitación definitiva del proyecto del HUCA, en el año 1993, se produjo mi dimisión como presidente del Principado, y ese proyecto, por razones desconocidas, pero seguramente por creer más o menos ingenuamente que era un producto faraónico y excesivo, fue abandonado, amén de que, por razones ignoradas, se opuso al mismo el entonces delegado del Gobierno, coincidiendo en ello con la cerrada oposición al centro que venía desarrollando desde hacía años el líder de la derecha asturiana, Francisco Álvarez-Cascos.

Pese a todo ello, y porque las razones lógicas y serias siempre se imponen, a finales del siglo XX se procedió a la construcción y entrada en servicio del HUCA.

En 1999, siendo presidente del Principado Vicente Álvarez Areces se retomaría el proyecto del HUCA, pese a la oposición del Gobierno de la nación presidido por Aznar. Las obras se realizaron conforme al proyecto redactada por los arquitectos Ángel Fernández Alba y Juan Navarro Balweg , retocado en sus aspectos funcionales por una comisión integrada, entre otros, por los doctores Faustino Blanco y Paz Villaverde, y finalizaron en el año 2013.

En el año 2014, bajo la presidencia de Javier Fernández y siendo consejero de Sanidad Faustino Blanco, se trasladó, por fin, al nuevo edificio todo el personal, servicios y medios de los antiguos HGA, Covadonga y Silicosis, los cuales desaparecieron para dejar paso al actual HUCA , que hoy es, y merecidamente, motivo de orgullo para toda la región asturiana.

El HUCA puede influir decisivamente, y para bien, en el futuro de Asturias. Efectivamente las infraestructuras sanitarias no dejan de ser "factorías de inteligencia", imprescindibles hoy en el desarrollo de modelos de colaboración público-privada con la industria más avanzada, y para el aumento de un conocimiento que impulse la búsqueda de soluciones operativas.

La sanidad es, y cada vez más, un pilar de la economía por su capacidad generadora de actividad e imbricación en áreas de conocimiento tan importantes como la biotecnología, la ingeniería médica, la bioinformática o la biomedicina y las tecnologías relacionadas.

Como ejemplo de esa realidad conviene valorar que España sitúa su infraestructura sanitaria entre las 10 mejores del mundo en datos globales, mientras que la economía española solo alcanza el puesto 31.º en una clasificación de 63 países en el Ranking Mundial del Talento.

Ese dato debería ser especialmente importante para los dirigentes autonómicos asturianos, tanto del Gobierno como de la oposición, porque su función, creo yo, debe de ser la de buscar y atraer talento sanitario del exterior y retener el local.

Pienso que la calidad de vida y la seguridad personal en Asturias pueden actuar como imanes en este caso para atraer profesionales del máximo prestigio al HUCA. Pero para ello es obligado afrontar cambios muy significativos y profundos en la gestión y concepción de la sanidad asturiana

El nuevo HUCA debería servir de palanca de cambio de un nuevo modelo de gestión y de atención, acorde ya con el siglo XXI. Es un centro al que es preciso dotar de dinámicas profesionales de alto nivel, de procedimientos y organización interna en consonancia con su arquitectura, con su funcionalidad y con el valor añadido que puede aportar.

Esto es algo que aún no se ha objetivado con claridad en estos 10 primeros años, pero que resulta vital para su funcionamiento correcto.

La reivindicación del mayor y mejor profesionalismo sanitario es fundamental para responder a las nuevas necesidades de la sociedad. Los criterios generales de organización del trabajo del personal estatutario del Sistema Nacional de Salud vienen determinados en la Ley 55/2003, de 16 de diciembre, del Estatuto Marco del personal estatutario. Desde entonces, han cambiado mucho las cosas, y la organización de los servicios, unidades y equipos exigen un nuevo marco general para facilitar la mejor organización. Eso es algo que hay que afrontar con bastante urgencia.

En ese contexto se tendrá que reconocer y dar especial valor a los mejores (si se quiere atraer talento), garantizando siempre la atención más segura y de mayor calidad en las mejores condiciones posibles.

Es cierto que esa idea va en sentido inverso al actual modelo, donde no se reconoce, a modo de ejemplo, la carrera investigadora dentro del SESPA, y donde se prima la antigüedad por encima del talento. Eso es algo que hay que cambiar con urgencia, aunque moleste a las organizaciones sindicales, partidarias del café para todos y de valorar principalmente la antigüedad y su clientela local, y con ello el amiguismo.

El dilema que esa situación plantea se concreta en la posibilidad de contar con un hospital cada vez más mediano y adocenado o con un hospital puntero en España por la calidad de sus profesionales.

Para eso es vital no errar en la selección de los jefes clínicos y quirúrgicos. Cualquier tentación de localismo en la elección debería ser obviada, sustituida por la búsqueda del mejor en cada caso, sea de donde fuere. Y si hay que ir a buscarlo lejos, hacerlo. Y ofrecer la posibilidad de una mejor carrera, incluso universitaria. Pero si los buenos están aquí, como hay casos sobrados , apoyarlos e incentivarlos.

El mayor profesionalismo y el necesario empuje de la Universidad deben facilitar un nuevo recorrido sanitario que tiene ir en conjunto con las empresas más avanzadas en Asturias, lo que sin duda será beneficioso para el sistema sanitario, para su entorno biosanitario y para la sociedad entera.

La convergencia de tecnologías digitales y biológicas introducirá una modificación claramente disruptiva en la atención sanitaria, por lo que cobra gran importancia la integración y la gestión de los datos en todo el ecosistema biosanitario. Por otro lado, la incorporación de la innovación científico-técnica al SESPA deberá realizarse de forma planificada, segura y a coste-efectivo.

Las especiales circunstancias económicas actuales, agravadas por el paulatino descenso de la actividad económica general y, por tanto, de los ingresos públicos, obligan a introducir cambios muy importantes en la organización de los servicios sanitarios para ganar en eficiencia, manteniendo los niveles de calidad necesarios para asegurar la sostenibilidad del propio sistema sanitario y mejorar las posibilidades de mantenimiento del empleo.

Pienso que existe una necesidad imperiosa de acometer reformas en profundidad en la gestión del HUCA para evitar que se caiga en la rutina y en incrementos de gastos que no se justifican por sus resultados.

Hoy, la sanidad asturiana dispone del mayor arsenal terapéutico y tecnológico que haya imaginado nunca, pero a la par esta ante el dilema de tener mucho cuidado al seleccionar de esa tecnología la que realmente aporte valor para procurar contribuir a una política de eficiencia, que es la que hay que mantener para hacer sostenible el sistema. Y todo ello en el contexto de una crisis que puede tener efectos muy negativos sobre el desarrollo del conocimiento, y sobre las finanzas de las administraciones públicas.

El cumplimiento del deber con rigor y responsabilidad por parte de los profesionales sanitarios asturianos es algo que ha demostrado sobradamente la pandemia del covid-19, también el mantenimiento de las competencias profesionales, el uso responsable de la capacidad de autorregulación, la transparencia en la toma de decisiones, el compromiso claro a la hora de definir los estándares de rendimiento y de calidad que se quiere, y una práctica de la medicina basada en la evidencia y también en valores morales.

Teniendo en cuenta esos datos, la organización del HUCA deberá profundizar en las reformas necesarias para reconocer y optimizar el trabajo de los profesionales. Y, sin duda, se deberán promover incentivos más allá de los meramente económicos, que también son imprescindibles, para seguir progresando en una medicina de calidad al servicio de los pacientes.

Esos incentivos deben ser una herramienta eficaz superar el igualitarismo que favorece el sistema estatutario, reformándolo para tratar a todos por igual, sí, pero con transparencia, y también de manera diferenciada, para que se reconozca a los mejores, a los que añaden valor garantizando que se ofrece siempre la atención más segura y de más calidad en las mejores condiciones posibles, promoviendo siempre en la profesión la actualización del conocimiento.

Si perdemos esta oportunidad, puede ser la última.

Por eso, es obligado acometer reformas profundas sobre un sistema que en sus líneas generales data de 1984, siendo así que desde entonces han cambiado muchas cosas en Asturias,

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