Así trabajan los voluntarios de hospital: cuatro experiencias muy diversas de apoyo a pacientes del HUCA

"La humanización es pensar en la persona que está ahí, con su vulnerabilidad", destaca la enfermera Marta Láiz

El pediatra Santiago Jiménez (Spiderman), de visita en el HUCA, acaba de ser visto por Nora Estévez Ventoso, que aguarda una consulta

VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Mario Canteli

–La humanización no es otra cosa que pensar en el paciente, pensar en la persona que está ahí, darnos cuenta de que, en definitiva, somos personas que cuidamos de personas.

Marta Eva Láiz Rodríguez es enfermera supervisora del área de la Infancia y la Adolescencia del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y del conjunto del área sanitaria IV. A su vez, preside la comisión de humanización, responsabilidad desde la que prioriza algunos conceptos que considera esenciales:

–El objetivo es prestar atención a todas las necesidades del paciente, a nivel emocional, físico y social, respetando siempre sus valores y sus creencias, cuidando de manera personalizada.

No es una cuestión que se restrinja a los niños hospitalizados, subraya Marta Eva Láiz:

–Todos lo necesitamos. Todas las personas, y especialmente, cuando estamos en una situación de vulnerabilidad, necesitamos que nos traten con respeto. Los profesionales tenemos que escuchar lo que nos transmite el paciente para intentar dar la respuesta que necesita. Hay gente que está sola, que necesita compañía, que necesita que se atienda su espiritualidad, sus inquietudes culturales... Es escuchar más al paciente para saber lo que necesita.

En este cometido, los voluntarios y las asociaciones llevan a cabo una labor encomiable, pues regalan su tiempo y dan todo lo que tienen. Sin embargo, la supervisora del área pediátrica puntualiza:

–Somos los profesionales, los que estamos de manera permanente en cualquiera de los ámbitos sanitarios, quienes tenemos que establecer cada día una relación empática y respetuosa con los pacientes y con nuestros compañeros. No podemos dejar la humanización sólo en manos de personas voluntarias.

Voluntarios de hospital: escucha, fantasía y evasión

El pediatra Santiago Jiménez (Spiderman), de visita en elMarta Láiz, enfermera responsable de humanización, con los voluntarios Aleida Fernández, Hugo Requejo, Soledad Iglesias, Santiago Jiménez y María Manzaneque. / Mario Canteli

Las instalaciones del área infantil del HUCA han sido objeto de diversos proyectos de humanización sufragados por las fundaciones Aladina y Alimerka. En uno de esos vestíbulos primorosamente decorados, LA NUEVA ESPAÑA ha reunido a varias personas que desarrollan actividades de humanización muy diversas y que han querido compartir sus experiencias con los lectores de este periódico.

Santiago Jiménez Treviño ejerce como pediatra en el HUCA, pero en sus ratos libres...

"En mis ratos libres me transformo en Spiderman, el súper héroe favorito de todos. La idea surgió al ver la reacción que tenían los niños en las visitas de la Legión 501, que son un grupo de voluntarios que se caracterizan de Star Wars. De repente, los niños se transportan a un mundo de fantasía. Entonces me dije: ‘Yo tengo que hacer esto, pero con Spiderman’. Y entonces me compré un traje y empecé a trabajar. Spiderman es Spiderman y, según lo ven, la mayoría se emociona, alucina, en plan ¡guau! Les encanta. Los niños con los que más trabajo son los oncológicos. Les gusta ser amigos de Spiderman. Me hago una foto con ellos y se quedan con ese recuerdo bueno de su estancia en el hospital, en vez de recordar lo malo. Hay niños que vuelven al hospital y preguntan: ‘¿Vendrá hoy Spiderman?’ A mí eso me hace muy feliz".

Aleida Fernández Noval tiene 21 años. Es de Cornellana (concejo de Salas) y voluntaria de Galbán, asociación que agrupa a familias de la región con niños afectados de cáncer. Se presenta con una tarjeta de visita insuperable: "Soy superviviente":

"Desde que superé mi enfermedad, siempre quise devolver lo que los voluntarios me habían transmitido a mí cuando estaba hospitalizada. Una vez que me dejaron hacerlo, empecé a subir a jugar con los niños, y la verdad es que me llena de gratitud y de alegría devolver lo que en un momento me dieron a mí. Cada momento, cada sonrisa... Nos divertimos un montón. Les ayuda un poco a evadirse del miedo y de su situación. Hay padres y madres que están continuamente aquí, con sus hijos, y a lo mejor vamos nosotros una hora y media a jugar con ellos y así ayudamos a toda la familia. Los padres también tienen un respiro. Si necesitan llorar, lloran y no les ven sus hijos. Mi madre me decía que, cuando decía que iba a tomar un café, salía a llorar para que yo no la viese".

Aleida Fernández: "Desde que superé mi enfermedad, siempre quise devolver lo que los voluntarios me habían transmitido a mí cuando estaba hospitalizada"

La ovetense María Manzaneque es delegada en Asturias y vicepresidenta estatal de la Asociación Nacional de Amputados de España (Andade). Entre otras actividades, acude a la llamada del HUCA cuando un paciente ha sufrido una amputación para aportarle información, experiencia y ánimos, a él y a su familia. Ella misma pasó por esta situación en 2009, tras ser arrollada por un coche en la autopista del Huerna cuando trataba de auxiliar a otro accidentado. Ha atendido a más de un centenar de enfermos:

"En estos años hemos formado un grupo de unos 50 compañeros y compañeras asociados. No doy terapia psicológica, porque no estoy capacitada, pero sí doy apoyo psicológico. Suelo decir que vengo a desdramatizar la situación. Si hay una segunda visita, intento que me acompañe otro amputado que sea un poco el espejo del paciente, que tenga una situación similar. Cuando el mundo se te desploma después de una amputación, a menudo no tienes otra salida que mirar internet, que es peligrosísimo. Es fundamental que se conozca el proceso desde otra persona que ha pasado por lo mismo. Ves las redes sociales y parece que te ponen una prótesis y ya echas a correr y a saltar, y ya eres paralímpico. Pero la realidad es otra. La efectividad de estas conversaciones es del cien por cien. Es lo que implica hablar el mismo lenguaje, porque los miedos, las inseguridades y las angustias son idénticas en todas las personas. Lo que yo pasé es lo que están pasando todos. Unos pueden tener más apoyo familiar y otros menos, que también es clave. Pero lo que se pasa por la cabeza es muy parecido en todos. En el antiguo HUCA teníamos un pequeño local para trabajar; en el nuevo, no".

Soledad Iglesias Vega es voluntaria de Asicas (Asociación Ictus de Asturias y otras lesiones cerebrales adquiridas), un pequeño colectivo surgido en Piloña.

"Aterrizamos en el HUCA con un programa de voluntariado dirigido principalmente a personas que han sufrido un ictus, aunque en la práctica tenemos otro tipo de pacientes. Venimos los jueves. En la planta, las supervisoras preguntan por la mañana a los pacientes si quieren participar en la actividad. Nosotras, y digo nosotras porque somos mujeres casi todas, salvo un hombre que fue paciente, venimos a las cinco y media, después de las meriendas. Tenemos un listado y nos repartimos a los pacientes. Empezamos siendo tres, pero desde que se abrió a voluntariado no universitario somos un volumen bastante grande de personas. La actividad consiste simplemente en leer a la gente que está hospitalizada. Nos basamos en el poder que la lectura tiene en sí misma. Lo que pretendemos es que sean para los pacientes momentos de evasión, un elemento disruptivo que entra en la habitación. No te conocen de nada, rompes el hielo, preguntas qué tal están y les planteas si les apetece que les leas un poco. Elegimos las lecturas en función de la persona que tenemos delante. Hay días en los que no les apetece, aunque por la mañana dijeron que sí. No pasa nada, se respeta el ritmo. Alguna vez nos ha ocurrido de entrar en la habitación, ver a una persona alterada y decidir la familia que mejor no leerle. Pero el otro compañero de habitación sí quiere que le leas, lo haces y el otro, el que no quería pero está escuchando, va atendiendo, se va relajando y se queda más sosegado. El objetivo es eso, que sea una actividad relajante. A veces no leo y hablo. O más bien escucho porque, como en todos los pacientes, hay miedo y ganas de compartir lo que les pasa".

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