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Genómica, diversidad y el camino hacia la medicina personalizada: una ruta para nuestro sistema de salud

La clave estriba en crear biobancos de calidad, implicar a la población y a los sistemas de salud e invertir no solo en generar datos, sino también en capacidad de análisis

Genómica, diversidad y el camino hacia la medicina personalizada

Genómica, diversidad y el camino hacia la medicina personalizada / LNE

Adolfo Álvarez Ferrando

Adolfo Álvarez Ferrando

Adolfo Álvarez Ferrando es director del área de Terapéutica Genética en Oncología del Regeneron Genetics Center (Nueva York)

Recojo mi despacho deshaciéndome del universo de artículos científicos que han ido amontonándose en mi escritorio a lo largo del año. Un sinsentido de pilas de papeles apilados en un orden aparentemente caótico que no sigue otra lógica que la de las ideas hilvanadas en los últimos doce meses siguiendo señales genéticas extraídas de tres millones de genomas. De pie, reviso al vuelo cada estudio al tiempo que repaso mis notas en los márgenes, descartando uno tras otro, artículos que no he de volver a leer. Los que rescato de la quema son un barullo, y si se salvan no es tanto porque quiera repasarlos, sino para retenerlos como apuntes de un tema que no quiero dejar atrás, una señal en el camino para seguir indagando en busca del siguiente "quizás". Llevo tres horas y no voy por la mitad.

En esto tomo el siguiente artículo y, en trance, me detengo, agotado mi demiúrgico afán ordenador. En mis manos, el trabajo que el pasado 15 de mayo describía en "Science" los resultados del análisis de 2.723 genomas de la población brasileña, descubriendo más de ocho millones de nuevas variantes nunca descritas antes en el genoma humano y, entre estas, 36.367 mutaciones potencialmente implicadas en enfermedad. Apenas tres mil genomas, ocho millones de señales. Y, con todo su impacto, ocho millones de variantes apenas son un esbozo de la diversidad genética de un país con 220 millones de habitantes, en el que se juntan poblaciones indígenas, africanas y europeas como en ningún otro lugar del mundo. Bueno, casi. También está Nueva York.

De las muchas revelaciones derivadas de la secuenciación del genoma humano, la lectura completa del libro de instrucciones que controla cada una de las actividades bioquímicas que, entrelazadas, organizan los sistemas celulares, la arquitectura de los tejidos, la función de los órganos y las interacciones de nuestro organismo con el entorno –la luz, la oscuridad, el frío, el calor, el vecino del quinto o las noticias de las diez–, quizá ninguna suponga un hito tan importante y trascendental como el establecimiento objetivo de la identidad de la especie humana como tal y la afirmación de la singularidad de cada individuo. Seres humanos somos todos; el genoma nos hace uno, y cada uno somos único.

Así como la partitura de una sinfonía mil veces copiada y de nuevo corregida, nuestro genoma acumula el legado de las variaciones que en cada generación han ido apareciendo y se han ido seleccionando a lo largo de los últimos trescientos mil años, el tiempo que llevamos como especie en el planeta. Cada uno somos, pues, genéticamente únicos, y como tales cada uno representamos una versión diferente de la humanidad. En nuestra partitura de tres mil millones de notas, cada uno tenemos miles de variantes que se combinan de manera única para marcar sobre la melodía central un color, un tiempo, un aire diferente, y son estas mínimas las que definen rasgos tan obvios como la estatura, el color del pelo o el tono de piel. También marcan, en buena parte, nuestro perfil de salud y enfermedad: nuestro perfil metabólico y nuestra propensión a engordar, la actividad de nuestro sistema inmune para responder a las infecciones y el grado de protección que nos han de conferir las vacunas, o el riesgo de desarrollar hipertensión o una enfermedad cardiovascular. Esta es la tercera revelación: las enfermedades genéticas son las enfermedades de todos los días.

Este concepto –el de que las enfermedades comunes están influidas por el perfil genético de cada individuo–, unido al desarrollo de técnicas de secuenciación genética a gran escala, abre la oportunidad única para el descubrimiento de los factores que, entre todos, contribuyen a protegernos o a ponernos en riesgo de enfermar. Así, el análisis cruzado de datos clínicos y bases genéticas de cientos de miles primero, y ya de millones de individuos, nos permite de forma acelerada identificar variantes, genes y mecanismos directamente implicados en la enfermedad humana, abriendo el camino al desarrollo de nuevas terapias dirigidas y, sobre todo, al de la medicina de precisión, en la que la prevención y el tratamiento están informados por el perfil genético y clínico de cada paciente.

Sin embargo, el conocimiento y la tecnología han de superar no pocos obstáculos para llegar ahí. La primera barrera es conceptual: el aceptar la diversidad individual como un elemento de oportunidad y no como un obstáculo diagnóstico y terapéutico. La medicina basada en la evidencia, fundamentada en información objetiva recogida en ensayos clínicos controlados, ha revolucionado la práctica de la medicina aportando guías diagnósticas y terapéuticas de valor incuestionable, pero deja un espacio limitado para la consideración de las características únicas e individuales de cada paciente. La medicina de precisión requiere no solo considerar, sino también incorporar activamente el perfil personalizado de cada individuo en el diagnóstico y tratamiento.

El segundo obstáculo es la necesidad de incluir la genética específica de cada grupo poblacional a escala global en los estudios. Actualmente, la mayoría de los datos genéticos provienen de poblaciones europeas, con escasa representación de otros grupos. Incluso dentro de Europa, la representación de los distintos grupos étnicos europeos es altamente desigual y está dominada por poblaciones anglosajonas y escandinavas. Aun más, tan solo una parte minúscula de los datos genómicos hoy procede de poblaciones africanas, a pesar de que la mayor riqueza genética de nuestra especie está en África, un continente que cuenta con más de tres mil grupos étnicos. No en vano, de los trescientos mil años de nuestra existencia, doscientos cincuenta mil los hemos pasado en África.

La necesidad de inclusión y diversidad a escala global en los estudios genéticos es un imperativo inapelable. El genoma es de todos y la medicina personalizada ha de ser de todos, más aún en un mundo globalizado donde los flujos migratorios han transformado y han de transformar aún mas las poblaciones del planeta, también la nuestra, enriqueciéndolas en diversidad. Solo analizando variantes genéticas de todos los grupos poblacionales podremos entender las bases de la enfermedad y desarrollar herramientas de medicina de precisión aplicables globalmente.

El camino pasa por crear biobancos de calidad, implicar a la población y a los sistemas de salud e invertir no solo en generar datos, sino también en capacidad de análisis, y en la implementación de estos avances en la práctica clínica. La oportunidad y el reto global de secuenciar el genoma a escala poblacional, de secuenciarnos todos y de secuenciarnos en profundidad, es para todos, para Asturias también.

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