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Consultas colapsadas, falta de personal, burocracia...: los motivos del megaestrés que sufren los médicos y cómo los pacientes pueden ayudarle

La proliferación de escenarios en los que no hay tiempo para hacer una buena medicina, ni siquiera para mirar al paciente a los ojos

Ayudemos a controlar el estrés del médico

Ayudemos a controlar el estrés del médico

José Antonio Flórez Lozano es catedrático jubilado de Universidad

La vocación se resiente; algunos médicos/as se plantean y abandonan la profesión. En el pensamiento de muchos médicos se agolpan palabras que alimentan pensamientos negativos y el estrés profesional: saturación, cansancio, colapso, cansancio, hartazgo, desmotivación, muerte, frustración, caos... La sobrecarga laboral continua es asfixiante y no perciben que este problema se solucione. Las listas de espera y la suspensión de intervenciones quirúrgicas programadas son frecuentes. Las protestas empiezan a ser masivas y el estrés es imparable. La escasez de personal es otra fuente de megaestrés y, además, consultas totalmente colapsadas y agendas que sobrepasan con mucho las recomendaciones de las sociedades científicas.

En este escenario, no hay tiempo para hacer una buena medicina, ni siquiera para escuchar o mirar a los ojos del paciente. Una médica dice: "La consulta me da la vida y la gerencia me la quita". Y en esta praxis clínica, la ansiedad es una de las reacciones más comunes; aunque en un principio se presenta de forma aguda, ésta puede sobrepasar la función adaptativa y constituir un factor que ocasiona un malestar subjetivo en el médico: médicos cansados.

Por eso, una gran conclusión es: ¡hay que cuidarlos para cuidarnos! La solución no es fácil, pero es posible encontrar el fármaco milagroso: en el amor, la amistad, las interacciones sociales y, especialmente, en la familia. Nuestros médicos necesitan una gestión ágil (eliminación de barreras burocráticas), eficaz y de vanguardia (centros saludables) que puedan incluir instrumentos de recuperación y motivación (año sabático). El cansancio es terrible y las reservas energéticas se agotan. Y con ello, surge un sueño no reparador que deja al médico cansado, agotado y desmotivado.

Además, la conciencia de nihilidad que se va fraguando como consecuencia de ese grave estrés (falta de sentido de la vida), dibuja un horizonte de soledad, incapacidad, desesperanza y angustia patológica. En fin, emociones negativas que afectan al hipocampo, con fuerte liberación crónica de cortisol y glutamato que producen daño neuronal y vascular.

Recordemos lo que manifestó el médico y Premio Nobel de la Paz (1952) Albert Schweitzer: "Soy un ser vivo y deseo vivir, en medio de seres vivos que quieren vivir". En medio de esta ciénaga de estrés y claudicación, nos queda la esperanza. ¡Sin esperanza no hay vida! Además, el médico tiene que aprender a liberarse de una mente disfuncional (¡ansiosa!, ¡disociada!), pararse, sentarse, contemplar, meditar, agradecer y respirar.

Algunos clínicos atrapados en la estación emocional del cansancio dicen: "No puedo más, no quiero seguir". Una expresión que denota, sin duda, la existencia de un humor depresivo que se evidencia por apatía, desgana, "pasotismo", aburrimiento, irritabilidad y anhedonia. El galeno, después de tantos años de esfuerzo y sacrificio, ha vaciado toda su energía psíquica, es como una batería que se ha agotado. ¡Necesita ayuda! De hecho, algunas personas, se refugian en sí mismas, se produce un drástico aislamiento social (síndrome de la cabaña) y sensorial y subsisten como autómatas.

Algunas estrategias sencillas

Es importante, una respiración consciente en la que los movimientos de inhalar y exhalar se convierten en conscientes. El médico, cuando conozca la calma querrá vivir en ella y volver a ella, siempre que sea necesario. El "calmasín" (calma) es el auténtico fármaco para recuperar cualquier disfunción mental asociada al estrés crónico. No hay mejor fármaco para prevenir el aturdimiento que estamos sufriendo que un chute de vida (¡Actitud positiva!). El sentido del humor nos aleja de los conflictos personales, de la rutina, del tedio, de la frustración y del desengaño. Además, genera un gran número de emociones positivas.

Debemos procurar que la risa, sea nuestra tarjeta de presentación ante la vida. Por ejemplo, la Dra. Valentina es optimista y tiene una energía psíquica inagotable. Como dice W. Churchill: "Soy optimista, no parece muy útil ser otra cosa". Y recuerda, más que nunca, el principio de Buda: "Si cuidas de ti mismo, cuidas de los demás". Tu bienestar físico y emocional está en tu actitud y en tu corazón. Por ello, ¡vive con pasión cada momento de tu vida! Le gusta sonreír al despertarse para exprimir el día hasta la última gota y disfrutar al mirar y al contemplar siempre experiencias agradables, sensaciones muy placenteras como esas diminutas gotas que contempla en el alba, en la flor blanca y olorosa de una gardenia. Así podemos estimular niveles adecuados de serotonina en el cerebro que contribuyen a que nos sintamos positivos, felices, tranquilos y seguros.

Por ello, frente al cansancio emocional del médico, el mejor tratamiento es generar, mantener y potenciar una actitud positiva. Algo interesante que comenta la Dra. Isabel: "He decidido hacer todo lo posible para aumentar la cantidad de instantes (el presente) en que me siento feliz y disminuir la cantidad de instantes en que deba sufrir". El reforzamiento del pensamiento positivo es el antídoto más eficaz para superar el grado de zozobra y vulnerabilidad que arrastramos después de tantos años de esfuerzo clínico.

La Dra. Isabel combate la soledad con sus bromas que amenizan la conversación cada rato, tiene anécdotas muy divertidas y una risa contagiosa en cualquier momento. Sonríe sosegada, al horizonte, a esa maravillosa panorámica, sonríe a sus sueños, al aire intangible, a sus divertimentos, a esas montañas de siempre cuyas crestas tocan las nubes, sonríe a lo más eterno, sonríe a Dios. Sonríe porque, como dice el gran poeta alemán H. Fallerleben (1798-1874), "los árboles florecen por todas partes, las flores se abren de nuevo y el ruiseñor vuelve a cantar su vieja canción. Oh, feliz quien todavía canta y ríe, porque cree en la primavera". Un poderoso fármaco muy necesario. Además, es gratis y no tiene efectos secundarios. También lo hace con sus paseos en plena naturaleza, disfrutando de la soledad del bosque, enfrentada tan solo a la suave brisa que siente en las ramas de los árboles y escuchando el coro del canto de los pájaros. Como dice ella: convierto cada momento del día en un brindis por la existencia y en una experiencia única.

Si empezamos a sentir, valorar, disfrutar y fijarnos en los pequeños detalles, al final de un día, podremos comprobar cómo nuestro estado anímico mejora. Esa conciencia del momento (escuchar música, relajarse en el mar, una buena lectura, contemplar un pájaro o percibir un paisaje otoñal), sin importar el tipo de actividad, es esencial para generar ese estado de felicidad. Frente a este "virus", es necesario desplegar todos los mecanismos psicológicos que impulsan la alegría, la euforia y, en última instancia, la felicidad. ¡Saber disfrutar es saber vivir!

En la práctica terapéutica personal, lo ideal es utilizar el mayor número de imágenes y sensaciones posibles. Se trata, por lo tanto, de alcanzar el mayor grado de imaginación/visualización y así conseguir un gran efecto terapéutico relajante. Imagínate paseando por una pradería de alta montaña. Contempla las montañas a tu alrededor altas y nevadas acariciando el cielo de color muy intenso. En las montañas nos olvidamos de contar los días. El cuerpo vaga por las montañas y el espíritu se libera (Hsu Hsia, poeta chino del siglo XVII). Ahí, en plena naturaleza, vamos a recibir con humildad su generosidad terapéutica, grandiosidad y altruismo. El sol ilumina la pradera verde y las flores. Y ahí me encuentro fuera de la algarabía y la zozobra de ese "megaestrés" clínico que ha estado a punto de acabar con mi salud, con mi trabajo y con mi familia.

El sol se pone, pero tengo la seguridad que volverá a salir y así, es mi vida. Aquí sentada, sin prisa, desarrollo mi imaginación visual. Convierto las emociones negativas en positivas. En la "imaginación visual", siempre es conveniente empezar realizando ejercicios de respiración profunda para lograr un estado previo de relajación y tranquilidad. El arroyo me impregna de vida, olor, energía y vitalidad. Escucho su murmullo y sus formas; las aguas limpias saltan, chocan, corren, formando pequeñas cascadas. Concéntrate muy bien hasta que escuches el susurro del agua. ¡Lo has conseguido! Esa agua revitaliza todo tu organismo y te hace sentirte llena de energía, entusiasmo, salud y bienestar: ¡Hay vida!

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