Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

La innovación en salud requiere tiempo protegido

Mientras la investigación siga siendo "tiempo residual o añadido", se perderá talento y oportunidades: toca blindar tiempo, carrera y reglas de juego claras

La investigación sanitaria no puede ser un tiempo residual del sistema. Es una de las palancas para contribuir a mejorar resultados en salud, calidad y eficiencia, siempre que se integre de forma efectiva en la práctica clínica. Sin embargo, la paradoja es que, mayoritariamente en los centros, se sigue manteniendo con una arquitectura frágil: profesionales asistenciales que investigan "cuando pueden", casi siempre fuera de jornada, con reconocimiento insuficiente e irregular y un coste personal que termina pasando factura.

Y así no hay traslación real, ni retención de talento, ni competitividad sostenida. Porque la ciencia traslacional no se improvisa. Como todo sistema complejo, se organiza estructuralmente.

El elefante en la habitación.

La actividad investigadora hospitalaria se apoya en unos pocos clínicos con vocación y capacidad científica. Pero si el sistema no reconoce tiempo protegido, ni estructura una carrera definida, esa vocación se convierte en una actividad residual, encubierta: tardes, fines de semana y, al final, fatiga acumulada y abandono. El resultado es doblemente lesivo: se pierde mucho talento, se ralentiza la generación de conocimiento y su incorporación a la práctica clínica. El problema no se puede identificar como "falta de ganas". Es diseño funcional. Y esa falta de diseño empuja a la investigación a un modelo marginal. Sin embargo, la normativa existente marca rumbo: carrera investigadora, estabilidad y reglas del juego que evalúen por resultados. Por otro lado, organismos tan reconocidos como la OMS y el Consejo Internacional de Armonización (siglas en inglés ICH) recomiendan la integración de la investigación en la jornada laboral con protocolos claros y recursos dedicados. La reforma de la Ley de la Ciencia (Ley 17/2022) y el proceso de acreditación de los Institutos de Investigación Sanitaria (IIS), conforme al RD 279/2016, refuerzan esa idea de desplegar un ecosistema investigador más profesionalizado, con carreras más ordenadas y atractivas, precisamente para garantizar trayectorias coherentes y comparables con las existentes en la universidad y en organismos como el CSIC, evitando que el sistema dependa de precariedad o trayectorias erráticas.

La innovación en salud requiere tiempo protegido

La innovación en salud requiere tiempo protegido / LNE

Claves de la excelencia.

El modelo de acreditación de los Institutos de Investigación Sanitaria (IIS) por el Instituto de Salud Carlos III deja claro que la excelencia no es solo publicar: es consolidar gobernanza, estructura, soporte y estrategia orientada a impacto (incluida la investigación traslacional). El Real Decreto 279/2016 regula requisitos, seguimiento y renovación de acreditaciones, y define a los IIS como asociaciones alrededor de hospitales del Sistema Nacional de Salud con universidades y otros centros asociados, público o privados, para constituir institutos multidisciplinares. Se podría concluir que tanto la norma como los instrumentos apuntan a lo mismo. Lo que falta es convertirlo en práctica cotidiana y creíble dentro del Sistema, que debe culminar en posiciones estructurales, comparables en derechos, reconocimiento y retribución a las existentes en otros subsistemas públicos de investigación.

Una referencia interesante.

Me parece oportuno hacer referencia al modelo que orienta, el "Campus Clínic-IDIBAPS", siempre interesante. Referencia que no necesariamente se debe copiar, pero de la que sí se puede aprender, para evitar errores. El plan estratégico del IDIBAPS (entorno Hospital Clínic de Barcelona) identifica como ventaja competitiva la complementariedad institucional en el "Campus Clínic" (asistencia, educación, investigación e innovación y colaboración institucional) y remarca la necesidad de atraer y retener talento en alianza con todo el ecosistema. Y, muy importante, su propio planteamiento pone el foco en un riesgo que conecta directamente con este debate: si no se ordena bien su encaje organizativo, aparecerá la falta de viabilidad a medio/largo plazo de la figura histórica del "researcher-clinician", un horizonte profesional claro que, bien diseñado, puede derivar contribuir a prestigiar los IIS y a mejorar la capacidad para atraer talento, retener conocimiento y reforzar la capacidad innovadora del sistema sanitario.

De las referencias al marco común: convertir lo que es excepción en norma.

España dispone de programas y herramientas que han ayudado a alcanzar un buen nivel de investigación clínica, pero el cuello de botella para avanzar sigue siendo la reseñada como estructural: la masa crítica es limitada y la cobertura insuficiente para transformar el sistema a un modelo identificable globalmente. Por eso, más allá de iniciativas parciales, hace falta un marco común que convierta el tiempo protegido y la carrera clínica-investigadora en norma, no en excepcionalidad. En esa dirección apuntan propuestas recientes, como la del grupo de expertos impulsado por la Fundación AstraZeneca, bajo la dirección de los ilustres Ángel Carracedo y Carmen Vela, orientado a un modelo común de carrera investigadora en biomedicina más estable, reconocible y homogéneo en el ámbito sanitario. Pero que existan espacios de consenso no sustituye a la responsabilidad pública: en todo caso, la refuerza. El objetivo debería estar claro: que el acceso, el desarrollo y la consolidación de perfiles clínico-investigadores no dependan del "código postal" ni del sacrificio personal.

Posibles caminos.

¿Qué se podría cambiar si queremos ciencia traslacional real? La receta no es heroísmo. Es estructura: 1) Tiempo protegido formal y trazable, ligado a objetivos asistenciales y científicos del servicio o área de gestión, con sustitución planificada cuando corresponda. 2) Figuras profesionales claras para perfiles mixtos (asistencia-investigación) con itinerarios definidos (entrada–consolidación–liderazgo). 3) Carrera visible dentro del sistema sanitario, con reconocimiento real en cuanto a promoción y evaluación del desempeño. 4) Evaluación transparente y centrada en impacto, no solo por producción científica: impacto clínico, organizativo, transferencia e innovación y promover equidad en el acceso a intervenciones innovadoras. Y 5) Soportes profesionalizados y con instrumentos gestión "ad hoc" y ágiles (espacios, metodología, ensayos, biobancos, contratos, transferencia y gestión "ad hoc") para que el clínico no confronte contra burocracia. Esto exige una condición no negociable: no puede ser a costa de mermar la plantilla estrictamente asistencial. Integrar investigación no es "quitar manos" a la clínica; es planificar mejor, motivar, medir impacto y evitar el coste oculto provocado por el desgaste y la fuga de talento. En este punto, la clave no solo reside en crear nuevas figuras o programas, sino en articular pasarelas reales entre sistemas que hoy continúan funcionando de manera fragmentada. La movilidad, el reconocimiento de méritos y la equivalencia de categorías entre hospitales, IIS, universidades y organismos públicos de investigación (OPI) se configuran como condiciones necesarias para que la carrera investigadora deje de ser un itinerario incierto y se convierta en un verdadero eje de atracción y consolidación de talento.

A modo de conclusión.

La investigación o cabe en la jornada o vivirá en los márgenes. La investigación sanitaria seguirá existiendo, salvo que matemos la vocación. La pregunta es si queremos que exista como motor del sistema o como subproducto del mismo. He hecho referencia al marco normativo, estándares de acreditación IIS, modelos integrados y de colaboración como FINBA/ISPA y otros ejemplos de integración en un ecosistema. El siguiente paso a dar será el más complejo y el más urgente, cómo pasar de ser un parche en el sistema a un modelo integrado y reconocible. Insistiría en tiempo protegido, carrera clínica-investigadora-docente y condiciones con reglas del juego claras. Sin eso, la ciencia traslacional será un eslogan. Con eso, y alguna cosa más (financiación estable y dinámica), puede ser política pública útil y propiciar una práctica clínica mejor.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents