Un mapa sanitario para una Asturias distinta: todas las claves de la reorganización
La simplificación de la estructura regional de salud reúne requisitos de eficacia, pero ha de ir acompañada de liderazgo y buena gestión

Los retos del nuevo mapa sanitario asturiano / LNE
Asturias inicia una nueva etapa en la organización de su sistema sanitario con la cobertura de los puestos directivos definidos en la estructura del Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa). Es el momento de preguntarnos qué futuro dibuja el nuevo mapa sanitario y cerrar el debate puramente administrativo, muchas veces envuelto en una visión endogámica y melancólica. El nuevo mapa de salud ha pasado en su tramitación por suficientes manos como para suponer que la norma aprobada cuenta con el consenso suficiente y reúne los mínimos que cada participante ha considerado imprescindibles.
Durante más de cuatro décadas, el sistema sanitario asturiano ha estado enmarcado en una realidad demográfica y territorial que ya no existe. Hoy conviven dos realidades bien diferentes: una Asturias vaciada, dispersa y envejecida; y la Asturias del centro, concentrada en los grandes núcleos urbanos. En este nuevo escenario, la planificación sanitaria dibujada en los años ochenta resulta una antigualla ineficiente, rígida, incapaz de dar respuesta a las necesidades en materia de salud de la nueva realidad asturiana.
El nuevo mapa sanitario trata de adaptarse a esa nueva realidad introduciendo cambios estructurales muy relevantes (además de la reducción de la estructura gerencial, concentrando las ocho gerencias actuales para reducirlas a tres, articuladas sobre los tres principales hospitales de la comunidad autónoma). El primero de esos cambios es, en mi opinión, la recuperación de una dirección de Atención Primaria en cada una de las áreas, asumiendo las limitaciones organizativas y, sobre todo, de peso cualitativo, que representaba la estructura ya derogada.
Un segundo cambio relevante es la integración efectiva de la salud pública, tanto en el ámbito de los servicios centrales como en cada una de las tres áreas sanitarias. De esta manera, se acortará la distancia entre la definición estratégica, asignada a la estructura de la Consejería de Salud, y la acción operativa, correspondiente a la estructura periférica del Sespa, fundamentalmente a la red de Atención Primaria. Solo con la estructura no se resolverá el problema, pero sí se establece una senda por la que directivos y técnicos podrán avanzar junto a los equipos dedicados directamente a la asistencia a la población. La pandemia de covid-19 permanece en la memoria reciente: sería inexplicable no prepararnos para la hipótesis de una nueva crisis sanitaria.
Otro eje para el cambio se sitúa en el nivel de las estructuras de soporte, hasta ahora descentralizadas en ocho centros de decisión, las ocho gerencias de área. Son numerosos los procesos vinculados a la gestión de profesionales, por un lado, y a la gestión de los suministros y logística, por otro. La reducción a tres en el número de centros de decisión permite planificar y redefinir los procesos de manera más eficiente. La creación de una central de compras es una propuesta necesaria que permitirá especializar a los profesionales para desarrollar funciones superiores en mercados complejos como son los que afectan a los suministros sanitarios.
El núcleo asistencial, sin embargo, evolucionará de forma más gradual para evitar sobresaltos en el acceso a las prestaciones por parte de la población, los hospitales seguirán donde están y la red de centros de Atención Primaria también. En los últimos años, se ha avanzado en el trabajo hospitalario en red y en la coordinación de determinados procesos entre los profesionales de los equipos de Atención Primaria y los del ámbito hospitalario.
Sobre esas bases se puede avanzar de forma gradual, garantizando el acceso a las prestaciones sanitarias en todo el territorio de la comunidad autónoma. En ningún momento del largo proceso de definición y tramitación del nuevo mapa sanitario se planteó reducir la oferta de servicios en ningún punto del territorio regional. Al contrario, la nueva articulación de la red de hospitales permitirá acercar determinadas prestaciones a los ciudadanos de los núcleos más alejados, profundizando en la coordinación entre centros.
La tecnología será una verdadera palanca de cambio. La inteligencia artificial (IA) ya está mostrando resultados prometedores en ámbitos como radiodiagnóstico o anatomía patológica. La telemedicina, reforzada por herramientas predictivas y análisis inteligente de datos, transformará el seguimiento de muchos procesos, como las enfermedades crónicas, las enfermedades raras o los procesos tumorales. Implantar las herramientas digitales requiere un enfoque estratégico y una visión amplia de la organización. Para ello, la reducción de los centros de decisión es imprescindible, al igual que lo es acompañar el proceso de despliegue digital de un plan de gestión del cambio que alcance a toda la organización.
Hay muchos elementos que hacen pensar en un salto cualitativo importante en la gestión de los servicios de salud. La redistribución poblacional, la Asturias vaciada frente a la Asturias concentrada, es un factor de riesgo de exclusión que debe tenerse en cuenta para evitar que la concentración demográfica en una parte del territorio secuestre un volumen de recursos tal que deje escaso margen para llevar los servicios a la población de la Asturias vaciada, en la que se concentra, además, población con edades más avanzadas y mayores dificultades en materia de movilidad. La organización sanitaria y las instituciones locales han de adaptarse a esta realidad, impulsando las infraestructuras necesarias para garantizar la conectividad, tanto en los hogares como en las residencias de mayores, centros de día y locales públicos comunes. Solo así la telemedicina será útil para asegurar el acceso a la atención sanitaria desde cualquier lugar donde haya un paciente.
La simplificación de la estructura sanitaria del Principado de Asturias lleva sobre la mesa casi dos décadas. La propuesta finalmente aprobada reúne los elementos fundamentales para pensar que habrá de ser una propuesta útil a la sociedad asturiana. Se ha construido con la habilidad necesaria para evitar riesgos de confrontación y se ha garantizado que no supondrá una merma en la oferta de servicios.
Sin embargo, un documento normativo no transforma por sí solo. Lo hacen las decisiones, la gestión, los liderazgos para el cambio y la capacidad de la sociedad de asumir que el contexto ha cambiado. Aferrarse al pasado puede ofrecer una seguridad aparente, pero no resuelve los desafíos de una sanidad que debe ser más ágil, más eficiente y fortalecer la equidad.
Asturias ya no es la misma. Su sistema sanitario tampoco puede seguir siéndolo.
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