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Los psicólogos coinciden: "Si llegas a casa con la tensión del trabajo, avisa a la familia de que necesitas 10 minutos para soltar el día y dejar el rol de empleado en el perchero"

Se trata de crear un "ritual de aterrizaje", con el objetivo de no acabar pagando el enfado con las personas que más quieres

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"Tus hijos no recordarán cuánto dinero ganabas o qué puesto tenías, sino la cara que ponías cuando te miraban". Lo dice Nela Osorio, psicóloga sanitaria asturiana con clínica en Oviedo. La profesional se refiere así a los padres trabajadores que llegan a casa y no son capaces de conectar con sus hijos, porque siguen dándole vueltas a asuntos del trabajo.

Eso pasa y es hasta normal. El problema está cuando esa desconexión familiar se repite día tras día, semana tras semana. "Vemos a diario este perfil: personas que se dejan la piel trabajando para sacar a su familia adelante, pero que sienten que, precisamente por ese esfuerzo, se están perdiendo lo mejor de sus vidas. La desconexión vincular no nace de la falta de amor, nace del agotamiento. Es el modo ahorro de energía de nuestro cerebro", empiezan diciendo Nela Osorio en su blog.

Los micromomentos

"A veces creemos que por compartir el mismo sofá ya estamos conectando", advierte la psicóloga de Oviedo. "Pero si tus hijos te están enseñando un dibujo y tú estás mirando de reojo las notificaciones del móvil, ellos lo notan. No te juzgan por trabajar mucho, te echan de menos porque, cuando estás, no te sienten ahí", añade. Para reconocer con ellos no hace falta organizar un gran plan, aseguran los expertos.

"La conexión real ocurre en los micro-momentos: ese abrazo de 20 segundos al llegar, sentarte en el suelo con ellos aunque sea 10 minutos antes de cenar, o simplemente preguntarles '¿qué ha sido lo más divertido que te ha pasado hoy?' en lugar de un frío '¿qué tal el cole?'", señala.

Uno de los mayores errores, según Nela Osorio, es "pasar del estrés de la calle al caos de la casa sin un filtro". "Si entras con la tensión por las nubes, cualquier grito o plato roto será la chispa que te haga saltar. Es lo que llamamos irritabilidad por desplazamiento: pagas con los que más quieres el enfado que traes del trabajo".

El "ritual de aterrizaje"

¿Qué debemos hacer en estos casos? Osorio invita a crear "un ritual de aterrizaje". Avisa en casa: "Necesito 10 minutos para ducharme o cambiarme de ropa y soltar el día, y luego estoy con vosotros al 100%". "Esos minutos de silencio te permiten dejar el rol de empleado en el perchero y ponerte el de padre, madre o pareja con la mente un poco más limpia", remata.

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