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María Eugenia de la Viuda, psicóloga: "Emociones como la tristeza, el estrés o la frustración forman parte de la vida y, en muchos casos, pueden abordarse desde recursos personales, sin necesidad de intervención clínica"

"Elegir adecuadamente el tipo de profesional mejora la calidad de la atención y contribuye a un uso más eficiente de los recursos", afirma la presidenta de la Sociedad de Psicología Clínica Asturiana

Una joven con signos
de tristeza.

Una joven con signos de tristeza.

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María Eugenia de la Viuda Suárez

Desde la Sociedad de Psicología Clínica Asturiana (SOPCA) queremos clarificar qué papel desempeña el psicólogo clínico en los procesos de salud y qué diferencias existen entre esta especialidad y otras ramas de la psicología.

Para obtener el título de especialista en Psicología Clínica es necesario superar un proceso altamente exigente regulado por el Ministerio de Sanidad: el examen de acceso a la formación sanitaria especializada como Psicólogo Interno Residente (PIR). Este examen se celebra junto a otros más conocidos, como el MIR, y constituye un filtro muy competitivo: solo un 8 por ciento de las personas que se presentan logra acceder a la formación.

Tras superar este proceso, comienza un periodo de especialización de cuatro años (más de 6.500 horas) en centros sanitarios públicos –hospitales, centros de salud mental y otros dispositivos asistenciales– en los que el residente adquiere experiencia práctica con pacientes reales y asume progresivamente mayor responsabilidad asistencial. Durante este periodo, se entrenan competencias en evaluación, diagnóstico, tratamiento y prevención de los problemas de salud mental, investigación y docencia, siempre bajo supervisión y siguiendo criterios científicos y éticos. Solo al finalizar este proceso se obtiene el título de especialista en Psicología Clínica, que habilita para trabajar en el Sistema Nacional de Salud.

¿En qué se diferencia de otros psicólogos?

La psicología es una disciplina amplia y diversa. Existen profesionales especializados en ámbitos como la educación, los recursos humanos, el deporte o la intervención social. Todos ellos cumplen funciones valiosas, pero no todos están orientados ni capacitados para abordar problemas de salud mental desde una perspectiva sanitaria. El psicólogo clínico es un profesional sanitario específicamente formado para trabajar con trastornos mentales y problemas psicológicos que afectan a la salud, mediante evaluación diagnóstica rigurosa y tratamientos basados en la evidencia científica.

Psicólogo clínico y psicólogo general sanitario

Dentro del ámbito sanitario conviven dos figuras que a menudo se confunden: el psicólogo clínico y el psicólogo general sanitario. Ambos pueden trabajar con el malestar psicológico, pero su formación y ámbito de actuación no son equivalentes. El psicólogo clínico se forma durante cuatro años en el Sistema Nacional de Salud (programa PIR) con experiencia en una amplia variedad de trastornos, incluidos los más graves y complejos. Puede trabajar tanto en la red pública de salud mental como en el ámbito privado. El psicólogo general sanitario accede a la práctica sanitaria mediante un máster habilitante, con menos horas de supervisión y práctica (en torno a 750 horas). Su labor se desarrolla en el ámbito privado y está orientada a la promoción y mejora del estado general de salud, siempre que no requiera atención sanitaria especializada.

Elegir bien: una decisión importante

En un momento en el que la salud mental ocupa cada vez más espacio en la conversación pública, resulta fundamental saber a qué profesional acudir según la necesidad. No todas las demandas requieren una intervención sanitaria: situaciones como dificultades escolares, orientación vocacional o desarrollo personal pueden beneficiarse de otros perfiles de la psicología. Elegir adecuadamente el tipo de profesional –según la naturaleza e intensidad del problema– mejora la calidad de la atención y contribuye a un uso más eficiente de los recursos disponibles.

Ni banalizar ni medicalizar todo el malestar

También es importante el evitar convertir cualquier malestar cotidiano en un problema sanitario. Emociones como la tristeza, el estrés o la frustración forman parte de la vida y, en muchos casos, pueden abordarse desde recursos personales, sociales o educativos sin necesidad de intervención clínica. Confundir el malestar normal con un trastorno mental puede llevar a intervenciones que no siempre son las más adecuadas y llegar a cronificar el malestar inicial.

En resumen...

Tanto el psicólogo clínico como el psicólogo general sanitario desempeñan funciones importantes dentro del cuidado de la salud psicológica, aunque con distintos niveles de especialización y ámbitos de actuación. El psicólogo clínico está capacitado para la evaluación, diagnóstico y tratamiento de trastornos mentales comunes y graves, incluyendo problemáticas psicológicas complejas dentro del ámbito sanitario especializado. El psicólogo general sanitario trabaja en el ámbito privado, orientado a la promoción de la salud y la prevención de dificultades emocionales y psicológicas de menor complejidad (como reacciones a cambios vitales). Conocer estas diferencias permite a la ciudadanía tomar decisiones más informadas y acceder al recurso más adecuado y eficaz para cada situación.

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