Opinión

Francisco del Busto de Prado

La casa de todos y para todos

El gran presente del HUCA a nivel asistencial e investigador como base para continuar hacia un futuro mucho mejor

En el décimo aniversario del nuevo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) se me solicita un testimonio escrito sobre la gestación y sus diez años de andadura. Es un placer escribir sobre este hospital donde estudié la carrera de Medicina, aquel en el que me formé y especialicé posteriormente en Medicina Intensiva; lo hice como médico y en gran medida como persona.

En suma, ese hospital ha formado una parte muy importante de mi vida personal y profesional desde la primera vez que entré en lo que era la antigua Residencia Nuestra Señora de Covadonga, a mediados de los años 60 del siglo pasado, acompañando a mi padre farmacéutico, que junto con el resto de farmacias de Oviedo dispensaban medicamentos necesarios para el tratamiento de algún paciente hospitalizado.

Desde el año 1973 acudí primero como estudiante voluntario de 4.º de Medicina en el Servicio de Neumología, donde comencé a saber lo que era un paciente fuera de los libros, donde aprendí a conocer el sufrimiento humano, con médicos como Luis Suárez, Santi Ramos o Chus Otero, que me recibieron con los brazos abiertos. Desde entonces hasta mi jubilación he formado parte de la historia del Hospital Covadonga, hoy Hospital Universitario Central de Asturias, como MIR, adjunto de intensivos, jefe de servicio de Urgencias y ahora ya jubilado, como paciente.

Se pueden escribir estas líneas desde la añoranza del pasado o desde el convencimiento de un gran presente y un mejor futuro. Los que me conocen saben lo que opino sobre el particular. La añoranza es buena para impulsarnos hacia adelante, pero exclusivamente para eso. Siempre debemos avanzar, poco o mucho según nuestras capacidades, con el fin de dejar un mejor mundo y una sanidad mejor a los siguientes. Esa ha sido siempre mi forma de entender la vida y pensar en el pasado es una buena forma para coger impulso hacia el futuro.

El viejo HUCA se mantuvo en pie aportando diagnósticos y cuidados durante más de 50 años desde que abrió sus puertas en 1961 hasta su traslado al nuevo HUCA en el año 2014. Años llenos de aciertos y también de sinsabores, pero en suma ha sido valorado muy positivamente por los ciudadanos. La falta de la tremenda ayuda para el diagnóstico que significa la tecnología actual (scanner, resonancias, cateterismos, aceleradores lineales y un largo etc.), de los primeros y no tan primeros años, se suplió con un análisis preciso de la historia clínica y la exploración y con una asistencia sanitaria muy cercana al paciente y a sus familiares.

Recuerdo a algún adjunto haciéndonos a los residentes repetir las historias clínicas y las exploraciones generales por no estar suficientemente completas. Seguro que te acuerdas de ello Rafa Marín, cuanto nos dolía la crítica y cuanto te lo agradecimos después de esos primeros momentos. Hay un dato que explica bien cuál era la tecnología que manejábamos y que algunos recordaremos. Se produjo una reunión del personal en el Hospital Covadonga promovida por y con la presencia del Director Provincial del INSALUD para valorar "la necesidad" de montar e iniciar el funcionamiento de un segundo escáner que permanecía sin montar en los sótanos del hospital.

Los años 80 fueron claves al iniciarse la planificación de un nuevo centro o bien la remodelación del actual en el mismo lugar: se produjo la fusión del Hospital Covadonga, del Hospital General y del Instituto Nacional de Silicosis en lo que fue el Hospital Central de Asturias, que pasó a denominarse en 1990 como Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) mediante acuerdo con la Universidad de Oviedo.

Por desgracia, el tiempo se congeló entonces, no volvieron a tomarse decisiones trascendentales durante demasiados años. Hospital nuevo u hospital remodelado, discusiones más políticas que técnicas, hasta que se decide definitivamente la ubicación en La Cadellada en una finca de casi 370.000 metros cuadrados y la colocación de la primera piedra el 1 de abril de 2005 por parte del presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, siendo consejero de Sanidad Rafael Sariego García.

Fue un momento trascendental que viví con enorme ilusión en primera persona porque era en esos momentos Director de Atención Sanitaria del Servicio de Salud (SESPA). Por fin se veía el camino a seguir y una luz al final del túnel. Se iniciaban las obras tras un estudio de necesidades y de espacios y se abrían grupos de trabajo para el diseño pormenorizado de cada servicio hospitalario.

El año 2014 fue el momento decidido para poner en funcionamiento todos los servicios del nuevo HUCA, empezando por el servicio de Oncología radioterápica con el montaje de los nuevos equipos y la formación del personal.

Es importante reconocer el momento en que todos los hospitales y la Atención Primaria trabajamos formando una autentica red. Se asumió por el resto de hospitales del Principado a pacientes del HUCA hospitalizados y fundamentalmente de ingresos que procedían directamente de urgencias para hacer lo más seguro y liviano posible el traslado más complicado y definitivo, que era el de los pacientes desde el viejo al nuevo HUCA y, de forma muy especial, el traslado de los pacientes de las Unidades de Medicina Intensiva.

Fue un traslado modélico, un compromiso enorme por parte de todos los profesionales, que servirá de modelo a los gestores sanitarios para futuros traslados de hospitales.

Pero, como casi todo en la vida, la realidad tiene dos caras. El personal y los directivos se encontraron con un reto enorme para una parte del personal. Se encontraron con unas instalaciones nuevas y espacios desconocidos en gran medida, nuevos equipos, nuevas formas de trabajo, tecnología muy superior a la anterior, un sistema informático que para la inmensa mayoría de los profesionales del HUCA era la primera vez que se enfrentaban a programas de gestión de pacientes, lo que se entiende como historia única y hospital sin papeles, del que sí disponía la Atención Primaria desde hacía muchos años y el resto de los hospitales de la red asturiana.

Ello creó un estado de ansiedad y angustia durante las horas de trabajo que llevó a un clima enrarecido y de crispación, que hizo encender los rescoldos que quedaban aún existentes de la huelga de 2012 que duró hasta entrado 2013.

Este estado de crispación del HUCA se trasladó incrementado a la Junta del Principado. Se vivía un estado de crispación casi permanente y ese fue el panorama que me encontré al llegar como Consejero de Sanidad en 2015. Me recuerda en ocasiones, y así se lo he comentado a alguno de mis compañeros y colaboradores de aquella época (2015-2019), el momento que vive la política española actualmente, un enfrentamiento permanente y un ataque frontal contra la Consejería, el SESPA, los directivos, GISPASA, el Instituto Nacional de Silicosis y directamente con nombres y apellidos contra algunos jefes de servicio con denuncias a la fiscalía sobre mala praxis, cuando no de prevaricación. De todo ello hay bibliografía y hemeroteca abundante para consultar.

Todo valía con tal de colocar al nuevo HUCA y de paso a la sanidad como el origen de todos los males.

No fue fácil revertir esa situación y nuestro objetivo fue durante toda la legislatura empoderar, potenciar y colocar al HUCA en la esfera de los mejores hospitales del país, por la simple razón de que se lo merecía, por el nivel científico y profesional de sus trabajadores e investigadores, por el nivel de las instalaciones y por el nivel y calidad de los equipos técnicos y humanos. Trabajo sin descanso de muchos profesionales con la gerencia, la junta de personal y los servicios para pasar a una fase de sosegamiento y trabajo en equipo y desarrollar y potenciar el sentido de pertenencia de todos y cada uno de los profesionales a su institución, a su empresa y centro de trabajo.

Visto desde el plano que da la tranquilidad de la jubilación y por ende los 43 años dedicados a la sanidad y a mi hospital, nuestro HUCA es mucho mejor del que dejamos atrás, técnica y profesionalmente hablando. Sin menospreciar ni un ápice el ingente trabajo de abrir brecha con pocos medios y un enorme esfuerzo de estudio y trabajo que hicieron los anteriores, se consiguen mejores resultados diagnósticos, de tratamiento y cuidados y se mejora la vida de los ciudadanos.

El nivel investigador es infinitamente superior al de hace años con el apoyo del ISPA y más desde la acreditación por parte del Instituto Carlos III, que llegó más tarde de lo esperado –hizo entre otras causas que fuéramos rechazados en 2018 para centro CAR T– por la concatenación de múltiples y cada vez más y nuevos requerimientos administrativos por parte de dicha institución, a pesar de la coincidencia en el tiempo de la presencia de asturianos en el Gobierno de España a nivel del Ministerio de Sanidad.

Hoy sin lugar a dudas es una realidad indiscutible de apoyo a los investigadores a él adscritos y un motor para la investigación de un centro en continuo crecimiento.

La tecnología mejora los diagnósticos y muchos tratamientos, pero no olviden los jóvenes profesionales sanitarios y los no tan jóvenes que el cariño con respeto, la proximidad, la empatía y "perder", yo diría "ganar", minutos a la cabecera de la cama del paciente y la información veraz tanto con el paciente como con los familiares cura en ocasiones, probablemente no muchas, pero mejora siempre. Mejora el dolor incluso el somático, pero sobretodo el psíquico, disminuye la angustia que produce la enfermedad, la pérdida de autonomía, al permanecer en un espacio hostil como es el hospital para el que sufre.

Creo que se pusieron los mimbres y algunos granos de arena para revertir la situación previa dejando un hospital mejor al encontrado y que los siguientes profesionales continúen en la línea de mejora. Se lo exigimos por el derecho que nos da el haber querido a este hospital como nuestra casa y el lugar que nos dio la autonomía suficiente para vivir una vida plena. Un saludo a todos los profesionales antiguos, actuales y a los que llegaran al HUCA.

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