Opinión

La generación HUCA

El equipo de profesionales de gran calidad y preparación que surgió en torno al nuevo centro hospitalario

Llegué a Asturias en mayo de 2009, después de diez años de alternar fines de semana entre el este y el norte de España. Durante otros diez años, tuve la ocasión de ser protagonista y testigo del mayor y mejor cambio hospitalario realizado en una ciudad española en mucho tiempo. El actual Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) es una de las más sobresalientes instalaciones dedicadas a la atención sanitaria en todo el país. Desde el año 2009 al 2014 pude observar, en primera línea, el profundo sentido de pertenencia e identificación del personal sanitario con cada una de las instituciones en funcionamiento, en aquellas fechas.

El denominado Hospital General era un complejo que irradiaba un aura especial, fruto de su personalísima forma de practicar la medicina. Gracias a la iniciativa del presidente de la Diputación de Oviedo, José Luis López-Muñiz González-Madroño (1916-2005), y a la dirección del Dr. Carles Soler Durall (1928-2021), el Hospital emanaba medicina en el sentido más amplio y universal de la palabra. Sus profesionales estaban orgullosos de su manera de ejercerla y de pertenecer a este centro, una aleación bien proporcionada de asturianidad, catalanidad e internacionalidad. Debo confesar que este sentimiento no me resultaba extraño en absoluto. Mi formación se había realizado en una institución, hija de padres anglosajones y materializada por el propio Soler Durall, quien después de experimentar en Oviedo se había trasladado a Barcelona, donde puso en marcha todo lo aprendido en el Principado. Su labor, junto a la de la enfermera Adela Simón, fueron las bases del Hospital de la Santa Creu i de Sant Pau, que junto a la Universidad Autónoma de Barcelona, representaron mis credenciales académicas y profesionales.

La Residencia Nuestra Señora de Covadonga inició su funcionamiento casi simultáneamente al anterior y estaba ubicada en un terreno colindante. Su personalidad, también muy enraizada, era diferente y la existencia de ciertas especialidades, le infundía un sello característico. La formación continuada de médicos residentes en este centro fue acercando lo común de la medicina, que compartían ambas instituciones. Debido a mi procedencia, la manera de actuar me resultaba similar a la forma típica de funcionamiento de las grandes residencias sanitarias de Barcelona (Valle de Hebrón, Bellvitge, Can Ruti), en nada parecidas al sistema del Sant Pau, como dije mucho más cercano al General.

La tercera institución, también físicamente muy próxima, era el Instituto Nacional de Silicosis (INS), que por aquel entonces ya había trasladado Neumología de todos los centros en un único edificio y que, con mi llegada, pasó a denominarse Área del Pulmón. De forma simultánea fui nombrado director del INS, a la vez que catedrático de Medicina (Neumología), en la Universidad de Oviedo. "Silicosis" también emanaba una apasionada personalidad propia, mezcla de un antiguo e intenso fervor minero, las consecuencias de la enfermedad que tanta desazón había dejado en Asturias y con un potente perfume, que se originaba en las dos instituciones previamente citadas. A dirigir este proyecto integrador y a englobar toda la patología médico-quirúrgica relacionada con el aparato respiratorio, dediqué los diez años de mi vida profesional que citaba al principio.

Este periodo que transcurrió hasta el año 2019 puede dividirse en dos quinquenios. El primero aconteció hasta el mes de junio de 2014, fecha en la que, de una forma modélica, nos trasladamos al nuevo HUCA, y el segundo, ya en el nuevo edificio, hasta mi jubilación. Puedo afirmar, sin equivocarme, que el primero me sirvió para conocer a fondo las diferentes idiosincrasias a las que me refería, a la vez que me impregnaba de un intento de modernización en la gestión hospitalaria. Cada uno de los profesionales se consideraba profundamente del Hospital General, de la Residencia o de Silicosis y ejercía intensamente esta característica. El sentido de pertenencia siempre ha sido uno de los valores que más positivamente he considerado, sin que por ello se pierda la orientación general y el destino común. La puesta en marcha del actual hospital, edificado además en un territorio alejado de los anteriores, representó el final de estas identidades, para pasar a establecerse en el nuevo centro y con una nueva personalidad. Lo que yo denomino la "generación HUCA".

Niels Bohr (1885-1962), el físico y Premio Nobel (1922) danés, afirmó que "en muchas ocasiones, para que una realidad prevalezca, es necesario que una generación desaparezca, y la siguiente encontrará el hecho como absolutamente normal e incluso se extrañará que haya sido diferente alguna vez". Algo similar ocurre con el HUCA. El hospital, al que ya no deberíamos denominar nuevo, funciona a pleno rendimiento y ha soportado con éxito el paso de un estrés considerable, con motivo de la pandemia. Los estudiantes y los residentes que se forman a diario en el centro conocen sus rincones y disfrutan de sus comodidades. Los pacientes se benefician de unas instalaciones modélicas y de un equipo humano de gran calidad y preparación. Oviedo y Asturias disponen de un "portaaviones" sanitario de gran impacto asistencial, docente e investigador.

Al cumplirse diez años de su inauguración, debemos recordar y felicitar a todos cuantos intervinieron en su construcción, que fueron muchos. Una mención especial para quienes tuvieron la visión de pasar el relevo de las viejas instituciones a un nuevo símbolo, que guarda en la memoria todo lo que heredó y que, en algún caso no desea perder. Un recuerdo fugaz que no debe entorpecer los proyectos que este HUCA debe desarrollar y que se fundamentan en la modernidad, para situarse a la vanguardia de la sanidad española e internacional. Ojalá todos los esfuerzos de integración que se realizaron no resultaran estériles y los pasos atrás (que también los hubo) sean pasajeros. El único lugar en el que "error" viene antes que "éxito" es en el diccionario. Hoy es un día de júbilo, por celebrar el primer decenio del traslado, ocasiones tendremos para comentar estos pasos y estos errores. Largos años de éxito para la generación HUCA.

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